martes, 11 de agosto de 2015

La regla


A mí no me gustaba sangrar,
pero siempre he sido necia
y como a los demás asqueaba,
me enamoré de mi regla.
Le hice un nido en el balcón de mis piernas
y nítida canta todos los meses.
Ahora que falta porque llevo varios años empollando
vuelve como susurro y se hace ola rápidamente.
Mi cuerpo que no conoce primero de mayo,
tiñe las flores
alimenta el orégano
desgasta sus huesos
desempolva la muerte, que también pone sus larvas en juego.
Cada vez que sangro me detengo en la cama a mirar el cielo sin gobierno
y los dolores lejanos me quito como a los vestidos
los cuelgo, desaguo, y apilo bala tras bala.
Un dedo que apunta a la boca de una pistola.
Mi lengua rota que gotea de placer.
Es un poema no nacido.
Un tambor de carne.
Mi sangre no ha firmado la lista de asistencia,
burbujea la miel
un caballo que se sostiene en las dos patas traseras
y me hace masticar la verdad.
La regla.

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