martes, 21 de junio de 2016

Gastronauta 89: FINAL



Escribir r e v o l u c i ó n, y que rodara la cabeza del monstruo. Escribir s e m i l l a, y que las ramas nos atravesaran los muslos. Escribir E s t a d o, y morir sin haber sonreído. Escribir c o m i d a, y plantar mi boca a la orilla de la historia, en la fila donde a las migajas no se les llame alas. Escribir g o b i e r n o, y mirarme en el espejo. Escribir b a r r i o, y volver corriendo a calentar la paila, a llenar la barriga. Escribir f u e g o, y que llueva. Escribir s a c u d ó n, y que lloren los de siempre. Escribir p a í s, y que te obliguen a abrir la boca a la eyaculación. Escribir p u t a, y se conforme un país. Escribir o r g í a, y que los propietarios bailen sobre tus huesos. Escribir m á q u i n a, y vomitar las palabras. Escribir p a l a b r a, y masticarla porque a medianoche me da hambre, no cené y muy posiblemente tampoco me despierte mi madre que sabe que a veces me mato de hambre. Escribir l u z, y que un apagón reviente el termostato de la nevera. Escribir a l b a h a c a, y el olor impregne la casa. Escribir c a s a, y adornar el vacío ... volver al espejo y escribir e n e m i g o. Escribir s o l e d a d, y que el espejo se desbarate encima. Deletrear e s p e j o, en la humedad de un pedazo roto, con la tinta sangre del dedo índice. Escribir m i e r d a, y el olor impregne la casa. Escribir e s c r i b i r, y la nada sea eso, negro sobre blanco. Escribir a n g u s t i a, y acentuarla mal, ahí donde una se desnuda sobre el hielo. Escribir m i s e r i a, y sea un niño muerto un poema. Escribir v e n t a n a, y saltar. Escribir s u i c i d i o, y leer v i d a. Escribir m a d r e, y no poder dormir. Escribir a l m a, y observarla tendida, ser horizonte. Escribir m a r, y hundir los pies en la arena. Escribir s a l a r i o, y salar. Escribir a m o r, y pronunciarlo bajito, susurrar, para no despertar la inquina que tiene el sueño de vidrio y a la que por no dormir se le hace más rabia la rabia. Escribir d o l o r, y hacerse docto en historia universal. Escribir p a d r e, y no descansar. Escribir d i n e r o, y cuando termine de hacer la ere ya no haya. Escribir o l i v a, para guardar unas gotas de su aceite aunque sea escrito. Escribir D i o s, en mayúscula caballo de Troya. Escribir m a n o s, y que vuelen las mariposas. Escribir a m a n t e, y dedicarse al exilio. Escribir v i e n t r e, y parir tu nombre. Escribir c u e r v o s, y taparte los ojos. Escribir s e ñ o r a, y comprender que a los títulos no les sale la mugre. Escribir r e m o j o, y ni así. Escribir f l o r, sin arrancarla. Arrancarla y no escribirla más. Dejarse levantar en el aullido del viento, y probar la levedad esa de olvidar el bocado, los hijos, el ejemplo, escribir. Torcerá el día y tendré que elegir entre huir de la bestia y trazar la palabra; moriré en la boca de una cueva para escribir v i d. Y será la raíz la línea que suba, se enrosque, arqueé el verbo, y de origen del mundo. La palabra es la madre de todas las cosas, una madre que mata a sus hijos, Medea. Escribir p a l a b r a, y saborear la sangre de un carnero. Escribir p a l a b r a, en el humo de las ramas. Escribir p a l a b r a, y encantar la serpiente. Escribir a r g o n a u t a, y viajar del litoral del escritorio a la cocina. Escribir en la tierra que esta noche no hubo calle ciega y que tu saliva te volvió un hombre de f e, que tu camino es del grosor de un hilo y que es escribirte en mí es una forma de salir de a d e n t r o. Escribir a n i m a l, y hendirte las uñas. Abrir la A y sostenerla, hasta que tiemble y a m a n e z c a. Escribir s o l, s u d o r, o l v i d o. Escribir f i n a l.

martes, 14 de junio de 2016

Gastronauta 88: Pavita



La muerte viene de adentro de un pájaro.
Se le atasca en la garganta
y sólo es muerte cuando
el pájaro la vomita.
Y una cree que está es cantando.

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Muerte 1
La corrupción podría definirse con los colores de nuestra bandera, podría constar de ocho puntas, o de tantas como habitantes hay en esta tierra de gracia.
“En Venezuela no hay razones para no robar”, decía por allá en la otra república Gonzalo Barrios, reputado adeco. Y robaron, y no se han ido y siguen robando, desde el poder.
Ése tipo de corrupción se ha normalizado. La del erario público para las arcas personales. Pero también la otra, la privada, de la que nadie parece decir pío.
En 2014, según el mismo presidente Maduro se “perdieron” más de 60 mil millones de dólares en divisas, en las “manos” de empresitas de maletín, su entonces ministra habló de 20 mil millones de Bolívares. Hasta la fecha no se ha publicado siquiera el nombre de los ladrones, o la cifra exacta del desfalco.
La corrupción hace referencia, casi siempre, a un mal del espíritu que lleva al autor a dejar sin bienes materiales a otro, haciendo de su propiedad lo colectivo. La propiedad es el robo, diría Proudhon.
Pero qué pasa cuando nos roban la idea. De esa corrupción no se vuelve.
Tendremos que volver a empezar.
Volver a nacer.

domingo, 12 de junio de 2016

PON 32

Ensayo:

EL FLAUTISTA EN EL POZO (frg.)
Por Charles Simic (Serbia)

En realidad, mi tema es la poesía en tiempos de locura. Allá afuera hay gente que tiene los medios para asesinarnos a mí y a todos los que amo sin previa advertencia. Todos estamos en la fila de ejecución. Cada día, cuando leo los periódicos y miro la televisión me angustia la posibilidad de que no llegue nuestro indulto, que nuestra situación sea terriblemente incierta, ambigua y poco envidiable. No digo “seria”, porque también hay algo de risible en nuestro predicamento. Se debe a lo listos que somos, a lo listos que son todos esos niños genio que tanto admiramos. Quiero que la poesía refleje toda esta variedad de contradicciones. Por lo tanto me asombra ver que en la mayor parte de la poesía contemporánea la historia no existe. Uno puede leer literalmente cientos de páginas de poesía contemporánea sin encontrar un aspecto significativo de nuestra vida en este siglo. Los poetas escriben acerca de la naturaleza y acerca de ellos mismos de la manera más solipsista, pero no escriben acerca de sus verdugos.

martes, 7 de junio de 2016

Gastronauta 87: Fea



Me dije, “un coño voy a escribir sobre esta vaina”.
Así que lo que sigue es un coño.

¿Quiénes fueron las esposas de los más temibles dictadores? ¿Las recuerdan? ¿Cuáles consejos de moda y estética pudieron ofrecer a las torturadas, a las desaparecidas, por miles en el cono sur, por miles en África, millones en el mundo?
¿Carmen Polo se descorrió el velo para sonreír cuando cayó García Lorca, o se ajustó los collares para sostener su cuello frente a Franco? ¿Magda Goebbels aprobaba las rayas de los uniformes judíos que iban a los campos? ¿Quién le paga los viajes, la publicidad, quién le hace la imagen de sufrida -pero “bella”- a Lilian Tintori?
¿La mujer mutilada se sentirá fea cuando su verdugo acaba en ella la tala de su cuerpo? ¿La mujer campesina, la que hace posible que usted coma, estará atenta a las últimas tendencias en maquillaje, o en sus manos la tierra deja constancia de su paso por el mundo? ¿Se sentirá “sucia”? ¿Quién será feliz, la que se deja despeinar por la vida, o la que es esclava de artificios para lucir “bella”?
¿Qué es ser bella? ¿Se puede ser bella cuando el cuerpo refleja una cosa y la boca se abre como cañería? ¿O ser bella es sonreírle a la cámara y ser “la esposa de... el dueño” (del canal, del país, de la Asamblea)? ¿Cuántos pasos hay de ser bella, a ser bella y estar muerta? ¿Cuándo somos más feas, cuando nos creemos más bellas, o cuando lo decimos?
Aunque es normal que Dora D'Agostino opine respecto a las mujeres como opina, por su origen de clase, hay algo más que superficialidad en las declaraciones de la esposa de Ramos Allup y la respuesta de sus detractores “chavistas” (que me diga Cilia Flores cuánto cuesta una sesión de bótox), el no reconocimiento del resto, de esas que no encajamos en los moldes que plantea, que según Dora son dos, las mujeres “del gobierno”, “desarregladas (...) sucias (...) sin maquillaje”, y lo contrario-lo que ella representa, el sinónimo de su venezolanidad, la supuesta belleza que, por un simple silogismo, debe acompañar a una mujer opuesta al gobierno: arreglada, limpia y maquillada. ¿Cuán arreglada, limpia y maquillada anda Hillary Clinton ejecutando desmanes en el mundo? ¿Con cuánto gusto los ejecutaría aquí?
Incluso hay algo más vergonzoso, ubicar el debate político en la idea de que éste toldo cuenta con mujeres más hermosas que aquél, o al contrario. Un riña con la que las mujeres no ganamos nada. Mientras, las muertes por aborto siguen siendo números clandestinos y no por eso pocas, o debemos trabajar hasta tres veces más para conseguir el mismo sustento que el mes anterior, y sobre eso nadie legisla, ni somos entrevistadas.

domingo, 5 de junio de 2016

PON 31




EL MITO DE SÍSIFO (frg.)
Por Albert Camus (Argelia)
Levantarse, coger el tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, la comida, el tranvía, cuatro horas de trabajo, la cena, el sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado con el mismo ritmo es una ruta que se sigue fácilmente durante la mayor parte del tiempo. Pero un día surge el “por qué” y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro"Comienza": esto es importante. La lasitud está al final de los actos de una vida maquinal, pero inicia al mismo tiempo el movimiento de la conciencia. La despierta y provoca la continuación. La continuación es la vuelta inconsciente a la cadena o el despertar definitivo. Al final del despertar viene, con el tiempo, la consecuencia: suicidio o restablecimiento.


EL DIARIO DEL RON (frg.)
Por Hunter Thompson (EE.UU.)
Por mucho que deseara con vehemencia todas aquellas cosas para las cuales se necesita dinero, había una especie de corriente diabólica que me empujaba en otra dirección…, hacia la anarquía y la pobreza y la locura. Hacia ese delirio enloquecedor que sostiene que un hombre puede llevar una vida decente sin alquilarse a sí mismo como un mercenario

martes, 31 de mayo de 2016

Gastronauta 86: Pan


El futuro es un lugar de paso. Era sábado en la mañana y la alacena abría sus alas como un pájaro hueco. Salimos sin comer, como si pudiéramos hacer la gracia ésa de intentarlo afuera.
Me sorprendí a mí misma comprando un campesino, que hace un par de meses me costaba cien Bolívares, en quinientos. En principio, lo compré sin chistar. No me alcanzó para rellenarlo con nada más y éramos cinco personas, así que el gusto duró menos que poco, pero el pan se vuelve arena sino se comparte.
Avanzamos en el camino y paramos en otra panadería, reunimos seiscientas puyas y las cambiamos por uno de guayaba. Ésta vez preguntamos por qué ya no hacían canillas (baguette), un pan largo y finito, el más económico, y nos respondieron que no tenían harina de trigo.
Entonces, miré cómo baleaban mi bandera blanca.
La contrapregunta era obvia ¿con qué hicieron los otros panes, el de queso, el de guayaba, el de coco, los bollos dulces, los de leche? Pero, nos miramos otro comensal y yo y nos cagamos de risa en la cara del dueño del pequeño comercio. El hombre tuvo las santas bolas de molestarse. La más honesta expresión debió ser que los otros panes no regulados le proporcionaban las ganancias que la canilla no.
Y menos mal que en Venezuela nos reímos, porque al ritmo caníbal de los precios hubiésemos acabado en una masacre.
Por ello, al caminar de regreso, pensé en voz alta: que, debido a los costos estratosféricos y la falta de pan, el pueblo aupó y celebró el filo de guillotinas, durante la explosión de la Revolución francesa. “¡Cuántas cabezas rodaron!”, volteé. El hombre despachaba. Ya ni me miraba.

domingo, 29 de mayo de 2016

PON 30

Poema:

MANUAL
Por Mundia Magdaleno (Venezuela)

Tengo cuarenta años
la edad justa para darme cuenta de que
no es importante Dios
la física lo es más
porque la gravedad
nos termina por sembrar,
que los hijos se van
mientras se contiene el bostezo
que perdiste la vida y se van,
que los mangos maduros atraen las moscas
y los verdes, manchan,
que no me doy cuenta todavía
por dónde se pone el sol
ni si mi piel crece cuando llueve
o si abro los ojos al oriente.
Tengo un poco más de la mitad de mi vida
y dicen que formo parte de la clase media
que estoy en medio
justo en el casi
y no llego a fin de mes
sardina por salmón
sonrisa a crédito.
Tengo
la rabia contenida en las manos
las manos hinchadas
sin decir que no quería esto
porque no lo quiero.
Que afuera la pira agrieta el cemento
que quién soy yo para que no tarde en atravesarme a mí
que qué es mi sangre, sino la mutación de la hiedra.
Tengo cuarenta años
y ningún manual para aprender a morir.