domingo, 28 de mayo de 2017

PON 73



SOMARÍ HACIA EL FINAL DE LA NOCHE
Por Gustavo Pereira (Venezuela)

Se hace tarde para aquellos que nada compartieron
Ni el vino ni la sal
Ni el agua ni la sed
Se está siendo tarde para quienes por dicha
celebraron la astucia
Tarde para los insuflados y cínicos
Tarde para los despiadados y los lúgubres
Se está haciendo tarde y la noche es inmensa
Se hace tarde para la infatuada pequeñez.


DEL PAN Y LA CANCIÓN
Por Hugo Fernández Oviol (Venezuela)

Sucede que de una gota de agua y un rayito de sol
se puede fabricar un arcoiris
y quien posee un arcoiris
puede inventar a Miguel Ángel, a Rubens, a Van Gogh, a Goya y a Picasso
y entonces se está en la capacidad de hacer, deshacer y rehacer el mundo!
Todo lo cual no niega, sin embargo, que la función primigenia del agua
es fecundar la tierra y la tarea fundamental del sol es madurar la espiga,
porque la tierra es sólo habitable en la medida que “el pan tenga la dimensión del hambre”
y la cobija la exacta dimensión del frío.
De allí que no me explico el absurdo de que haya artistas
que se crean superiores al panadero, y sobre todo,
que éste los tolere por ignorar que hacer la canción es un trabajo.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Crónicas guarimberas 3: Karina



Su nombre es Karina. Tiene 23 años. Está recién parida. Hace poco más de 20 días parió a Cibeles Amarú, una niña con enormes ojos azabache. Viven en Barinas. Esta madre hace parte de un proyecto de comuna y es militante de izquierda, activa y reconocida. Coordina la juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela en la Unidad de Batalla Bolívar Chávez, en su comunidad.
A Karina le gusta sembrar, tanto como leer. Tiene en el cabello la enredadera de Venus y en los ojos la miel de Arica. La piel tostada y acanelada por el sol de los llanos. En enero se gradúa en Estudios Políticos en la Bolivariana. Hizo 6 semestres de Comunicación Social y 5 de Sociología en la Universidad Ezequiel Zamora (Unellez).
Escribía poesía. Después de ser promotora de lectura y trabajar en la Misión Cultura Corazón Adentro, cogió una escardilla y sembró mil matas de plátano junto a su esposo que, cada ocho meses, le garantizan un ingreso. Se fue a vivir a una parcelita.

Desde hace un mes, el lleva y trae le advierte de amenazas en su contra. Pero hace una semana los ataques recrudecieron. En Barinas, donde nació y creció Hugo Chávez, al menos 5 muchachos fueron muertos el lunes de esta semana, durante las manifestaciones contra el gobierno nacional. Una ola de saqueos y violencia mantiene en estado de sitio la ciudad, y el asedio no se ha hecho esperar.
A Karina incluso amenazaron con matarla.
Desde entonces no ha podido salir de casa. La niña tuvo (hasta ayer noche) 5 días con diarrea, y en la cuarta noche, convulsionó. Hasta entonces, Karina no la llevó hasta el hospital porque no podía atravesar la barricada incendiada en la entrada de su urbanismo, y estando bajo amenaza, teme por la vida de ambas. Estuvo secuestrada en su casa. Además, esta madre tiene un impedimento físico que hace que no pueda dar teta a su pequeña. Se quedó sin pañales. Y para más colmo dañaron el sistema de agua y ahora mismo no puede ni lavar los pañalitos de tela con los que cubre a Cibeles.
La policía de la Gobernación la sacó a la media noche de anoche y permaneció durante toda la madrugada en el hospital con la niña, que ya mostraba signos de deshidratación. Pero en el hospital no tenían lo necesario para hidratarla, tampoco neonatólogo, o gastroenterólogo.
En vista de que no tenía ni siquiera fórmula, una madre en el sitio amamantó a la niña.
¿Qué pasa cuando se logra sortear la violencia fascista, pero la otra violencia -la de un hospital sin recursos- también te recibe?

Un día antes de que Karina y Cibeles entraran en crisis, dos Centro de Diagnóstico Integral (CDI) en el Estado Miranda estuvieron bajo asedio y amenazas de incendio por grupos de choque, justo cuando la misma oposición política a Nicolás Maduro marchaba por la salud en Venezuela. No supe de ningún médico se pronunciara en contra del ataque, tampoco contra los linchamientos, ni a favor de la infancia por el uso de los niños durante los hechos de violencia.
Al comienzo de las protestas, hace casi dos meses ya, una señora de 86 años, de nombre Ricarda de Lourdes González, murió en su casa a causa un accidente cerebro vascular, por no poder salir a un centro médico asistencial, debido a las guarimbas ¿Esa vida importa menos que la de los niños muertos en las protestas? ¿Puede pensarse en reconciliación entre los propios vecinos cuando incluso hay muertes de por medio? ¿De qué se trata una “transición”? ¿En una “transición”, Karina debe ser eliminada y con ella su hija? ¿Cuántas madres nos hemos muerto con nuestros hijos?

¿Quién puede sostener en su palabra la tierra que pisa, sin ser el dolor de alguien?
A Karina le gusta sembrar ¡que no se muera la flor!

martes, 23 de mayo de 2017

Gastronauta 120: El juego




El hijo, no. El hijo nunca se pone en duda.
Marguerite Duras

En estos días, nos despertaron los gritos de unos niños en el parque, otra vez. No habían ido a la escuela (quién sabe por cuánto tiempo ya), y como de costumbre estaban solos. No entendía del todo lo que decían, pero le gritaban a las niñas que viven más arriba, en la montaña. El más pequeño le llegó a proferir a sus “enemigas” un “goooorda” que no le cabía en la boca. “Gooooooorda, como tu mamá”. Las niñas se callaron ipso facto (porque en la Venezuela de las mises, ese puede ser el peor de los insultos). Dos de los más grandes balbuceaban en otro idioma. Después de aguzar el oído, nos dimos cuenta de que trataban de hablar en inglés. Tenían en las manos un par de pistolas de plástico. Me contuve el comentario, y en cambio los observé: jugaban a la guarimba.
Nos dimos cuenta porque en su espanglish se identificaban como la Guardia Nacional y el otro grupo como los guarimberos. Las pistolas a las que llaman Nerf descargan dardos de plástico, insuficientes para los niños, que después de disparar se lanzan unos contra otros con todas sus fuerzas. Los que no tenían armas juntaban sus manos y con el índice y el pulgar imporvisaban una: “¡Pan-pan!”.
Hay una niña. La niña que siempre está con las patotas. Generalmente la bambolea un perrito mal amarrado al que pasea todo el día. Se viste con la indumentaria de los marchistas de la oposición venezolana, camisas blancas, pantalones leggins, gorras de Venezuela sin el escudo, zapatos deportivos. Nos mira a todos con incertidumbre, esperando el saludo, también la despedida. Contesta entre dientes. Es delgada, de cabello largo y negro con flequillo pronunciado. Los dientes frontales le sobresalen, lo que me parece la hace tímida. El resto -los varones a quienes acompaña en la “guerra”- la trata como el perro a la niña, la serpentean.

Después de aquella escena, tuvimos que salir a por medicamentos. En la entrada de la casa un grupo de vecinos se manifestaba a favor del paro nacional, por lo que trancaban el paso. Entre la gente estaban la niña y algunos niños de aquella guerra matutina. A la niña la jamaqueaba el perro mal amarrado. Cuando nosotros nos hicimos paso, amagaron con venirse detrás, el perro y la niña. Uno de los niños juntó las manos y nos apuntó, sin ninguna discreción: “¡Pan-pan!”.
Y ahí, bajo pleno sol sobre las estelas de los pinos, la jauría nos mostró los dientes. La niña soltó al perro y los vecinos la lengua. Nos dijeron palabras gordas, de las que no le caben en la boca, palabras de guerra que no les caben en el cuerpo, y retrocedieron. La niña dejó la piedra en el piso. Ninguno supo por qué nos atacaba. Comprendimos entonces que para ellos esa y otras mañanas son un juego.
No hemos vuelto a saludarnos. Pero yo se que todo lo que quería la niña era escucharnos decir adiós.
De camino a la farmacia nos preguntamos ¿qué remedio podíamos traerle a estos niños? ¿Hay algún remedio? ¿Dónde pongo lo hallado?

A mí nadie me preguntó si yo quería jugar.


domingo, 21 de mayo de 2017

Crónicas guarimberas 2: Valientes


Se nos hizo tarde para el almuerzo. Una tranca a propósito de las guarimbas nos impedía volver a casa a cocinar. Así pues nos detuvimos en una pollería en la mitad del camino, para que nuestras hijas compartieran una pieza de pollo. Al entrar, de uno en uno todos voltearon a verme. Me seguían con los ojos, cada paso. A los señores de la mesa de la esquina se les fruncía el entrecejo más y más. Uno tenía una camisa de los Marlins de Miami, el más fornido, también el más entrado en años. Tenía más canas que pelos en la cabeza. El acompañante portaba una chaqueta negra tan negra como su mirada. Las de al lado de la puerta, una abuela, su hija y dos nietas, que vestían como si volvían de la playa, se ponían todavía más rojas conforme cruzaba la estancia. Había otra familia de mujeres. Comían helado. Tan pronto como caminé entre las mesas, la matriarca dejó de lamer la barquilla de chocolate. En sus ojos, el encono. En una mesa en un rincón, un muchacho con retardo y en situación de calle, se comía las sobras de los comensales. Al llegar a la caja, E se llevó a M al baño a orinar. Delante de mí estaba un señor que terminaba su compra. Antes de irse, se volteó. Yo tenía a A en brazos. Miró a mi niña, le sonrió. Luego se dirigió a mí:
—Es usted valiente.
En eso llega E. Y no alcancé a preguntarle al hombre de la caja los por qué sería yo valiente.
El más canoso de todos, que ya caminaba para irse con su bandeja de huesos en mano, junto al de chaqueta, me pasó por el lado y me dijo entre dientes algo así como que “dale gracias a tus hijas”.
E, se me queda mirando, buscando alguna respuesta.
En ese momento, me tocaba llevar a mi otra nena al baño.
...
Cuando me miro al espejo, me descubro en el descuido. Se me ocurrió salir de casa (como casi siempre) sin reparar en mi indumentaria. Tenía puesta una camisa con una estrella roja: suficiente como para que se me mire con odio, para que se me pueda linchar, quemar, golpear, sacar de establecimientos varios. La suficiente como para declararme enemiga, la insuficiente como para que mis hijas me salven.
Cuando salgo del baño, el hombre de la caja, el de los “por qué” me esperaba en la puerta. Alcé la mirada por sobre su cabeza, pero no divisaba a E. Me dije, “ay coño”. Apreté fuerte a mi hija entre mis brazos y me desplacé al mismo lado que el hombre se movía. No me tocó más que enfrentarlo.
—¿Qué pasa pues? ¿Me vas a joder? Acas...
—Para nada, camarada. Sólo quería decirle que somos muchos. Y, no estamos solos.

...
¿Cuántos segundos transcurrieron para que apuñalearan y quemaran a un hombre al que acusaron de chavista, y no lo era (pero era negro), ayer en la guarimba mayor en Altamira? En el video en que se nos muestra la hoguera -como casi siempre- se formaba una rueda alrededor del quemado vivo, compuesta de hombres “puros” (de los que purifican con llamas) y “valientes”. Y a pesar del gentío, ese hombre negro (y por lo tanto ladrón, pobre y chavista) estaba solo.

...
Me pregunto si la estrella roja fue insuficiente, y si lo del hombre en la puerta del baño, una prueba.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Crónicas guarimberas 1: ¡Esa gente!


Por Indira Carpio Olivo

Yo he visto a personas escarbar en la basura para conseguir algo de comida. Bienaventurados los que no asisten a estas escenas. Bienaventurados los que se hacen la vista gorda. Bienaventurados los que la niegan, de ellos será el reino del desconsuelo.
Vivo en una zona en la que las bolsas amanecen desmenuzadas por los perros. Esta mañana me despertó una pesadilla: la imagen de un hombre peleándose con un perro un pedazo de cuero de pollo, con los dientes.

martes, 16 de mayo de 2017

Gastronauta 119 Mi amigo el asesino


“Mi amigo, el chavista, dice que...” ¿No va siendo hora de que se aleje de ese amigo al que cree asesino y al cual usted muy “valientemente” podría linchar? ¿No va siendo hora de que no le llame amigo? Pudiera replantearse los conceptos de amigo, hermano, asesino. Usted dirá que “no, él no es asesino”, pero ¿no y que apoya a los que usted llama “asesinos en el gobierno”? Y, como uno más uno, casi siempre son dos: son asesinos los que apoyan los asesinatos ¿o, no? ¿No va siendo hora de que se replantee clasificar a su amigo en esta o aquella casilla, por su forma de pensar? Es hora de que deje de repetir fórmulas ajenas, lugares comunes, que empiece a pensar en cabeza propia, es hora de que deje de justificar el asedio, es hora -y siempre la será- de hacer país, y el país empieza en su pecho y se le sale por la boca. Matar en nombre de su país es matar en nombre propio y eso no lo hace héroe, lo convierte en lo que señala, lo pone de frente al espejo, de donde no puede escapar.

Rodolfo Walsh retrató a la oligarquía dominante como una clase “temperamentalmente inclinada al asesinato” y esa “connotación importante”, en palabras del periodista y escritor argentino, “deberá tenerse en cuenta cada vez que se luche contra ella. No para duplicar sus hazañas, sino para no dejarse conmover por las sagradas ideas, los sagrados principios y, en general, las bellas almas de los verdugos”.
Dígame ¿usted, es un verdugo, o un hablador?
¿Si se encontrara de frente, a su amigo el asesino, lo confrontaría, o para ello necesita regodearse entre otros, que como usted, tienen “la tarea” de limpiar al mundo de los miserables, a los que, según los líderes de la opinión pública, una vez caiga el gobierno “no hay que perdonar a ninguno”?
¿Qué nos harán a los millones (y millonas) de chavistas?
Dígame usted ¿de qué nos quiere limpiar?
Con Patricia Ariza les digo, por si se les ocurre lavarme, “no me vayas a quitar el barro/ del que estoy hecha”.

domingo, 14 de mayo de 2017

PON 71



La frase:
“Deben hablar afgano en el infierno”
Mahoma

Landays

Forma poética breve de la tradición afgana, generalmente expresada en voces femeninas de la cultura Pastún, que se solían cantar “un dolor común, su virtudes, la precisión y la agudeza”.
Landsay se traduce como «serpiente venenosa de cortas dimensiones».
El canto de los poemas es un tabú y conlleva represalias contra sus cantoras.

Yo llamo. Tu eres piedra
un día cuando me busques, descubrirás que me he marchado”.

“Me vendiste a un hombre viejo, padre,
que Dios destruya tu casa, yo era tu hija”.

“Hacer el amor con un hombre viejo
es como cogerse un arrugado tallo de maíz ennegrecido por el moho”.

“Cuando hermanas se sientan juntas, siempre alaban a sus hermanos.
Cuando hermanos se sientan juntos, venden a sus hermanas a otros”.

“Desafortunado tú que no me visitaste anoche,
Confundí el duro poste de madera de la cama con un hombre”.

“Quién serás sino un bravo guerrero,
tu que has bebido la leche de una mujer Pastún”.

“¿Qué me has hecho, Dios?
Otras han florecido. Yo permanezco apretada como un capullo”.