viernes, 27 de febrero de 2015

Gastronauta 23: Sabino es una herida que todavía no Sierra



Fue y es una postal de por estos días mirar a una madre de rasgos indígenas, vestida con trapos criollos, de la mano de dos o tres tripones, uno pegado a la teta, y con la otra mano estirada suplicando ayuda.

En algún momento fueron traídos de sus comunidades a las principales capitales de Venezuela con el propósito político de alterar el paisaje urbano. Si, porque como la basura y los pobres si no la vemos no es problema.
Generalmente son mujeres, porque la madre arrastra consigo la prole y la lástima, además en algunas comunidades el hombre ha sido sicariado por encabezar la lucha ancestral por la tierra.

Los indígenas que ocupan los bordes de nuestro mapa además de lidiar con la minería y sus adictos, tienen que cabalgar el subibaja del hambre, o de la introducción de alimentos ajenos a su historia. El principal problema no se centra en los recursos que destina o no el Estado a las más de setenta comunidades indígenas que sobreviven la maldición de la excavación en Venezuela, sino y más dramáticamente al robo de sus tierras, sus semillas, su cultura, la contaminación de sus aguas, la deforestación y la propagación de enfermedades mortales.

¿Por qué algunos padecen de desnutrición, y otros por el contrario rezuman de grasa? Amazonas, uno de los estados con mayor población originaria, encabeza el ranking de sobrepeso y obesidad en el país, con casi el sesenta por ciento de sus habitantes con malnutrición por exceso. Pero, a su vez esconde tras la selva a pueblos enteros que padecen la austeridad alimentaria y niños que mueren por los efectos de la desnutrición.
Antes de que se establecieran los estados-nación, las comunidades indígenas -sobre todo las nómadas- caminaron el paisaje aprovechando de la tierra y sus ciclos el alimento, el agua, el cobijo. Ahora a algunos los arrastra la transculturación, una forma más efectiva de acabar con el conuco inmemorial y así un principio para la evolución, la propia alimentación. A otros, los borra el robo de sus tierras y así sus formas de producción.

Desde la Guajira venezolana a la otra punta, al delta warao, los hermanos ancestrales han sido sumergidos en el alcohol y la Coca-Cola, los pemones sufren endemias y el mediocamino de una revolución que les reemplazó la choza por el bloque, en el que todavía no saben mediovivir.

Los yukpas, divididos entre quienes guerrean la Sierra de Perijá, y los que la venden de a tajo, mueren bajo la bala de la Guardia Nacional Bolivariana, de la policía municipal, escoltas de los ganaderos que pretenden controlar la fecundidad de la tierra zuliana.

Se cumplirán -en poco- dos años del asesinato de Sabino Romero Izarra, cacique que plantó su cara y a la totalidad de su familia, contra el robo de sus territorios. Heredero de los Caribe, no bajó su alma, y su combate llegó incluso a agendarse como tema para el entonces presidente Hugo Chávez, quien no dudó en ponerse del lado de los “indios” (1).

No obstante, ésa como otras declaraciones quedaron en el fotograma. Antes de y después de, La Sierra de Perijá ha sido incluida en los planes de extracción minera de transnacionales y bajo su objetivo los dos embalses que surten el Zulia: Tulé y Manuelote.

Quinientos años después, Colón se disfraza de nacionalista, y Plan de la Patria mediante, programa “duplicar las reservas minerales”, entre ellos el carbón, “de los yacimientos ubicados en el Escudo de Guayana, Cordillera de los Andes, Sistema Montañoso del Caribe y la Sierra de Perijá”, según los objetivos específicos 3.1.15.2. y 3.1.15.3. La trampa reposa en una frase: “la utilización de nuevas tecnologías de bajo impacto ambiental” (2).
Es decir, contaminarán el territorio de interés (trans)nacional, y en la práctica protegerán a los que roban el suelo originario. Por eso no se concreta la demarcación de tierras que exige el linaje caribe de Chaktapa.

Las últimas fronteras
Después de asesinado Sabino, algunas muecas se hicieron para comprar las tierras a la comunidad yukpa. Después de asesinado, a Sabino se le ha hecho estampa, consigna. Después de asesinado incluso una película. Pero sabemos que el metraje que necesitan los yukpas es de tierra y no de filme.

Para que Lucía Martínez, viuda de Sabino, vaya y venga de Machiques de Perijá al juicio contra los asesinos del cacique en Caracas, debe literalmente estirar la mano, como la madre descrita al principio de este texto.
Según lo expresado por el realizador Carlos Azpúrua, la totalidad de lo recogido después de la transmisión del documental será donado a la familia Romero Martínez, para paliar estos gastos.

Lucía no sólo debe suplicar dinero, sino justicia. A los asesinos materiales de su compañero, quienes le hirieron a ella también, sólo les condenaron a siete años tras las rejas, después de una muerte anunciada, y de ideólogos no tan velados. La sangre yukpa se traduce en tierras, y esta a su vez en el alquiler para que el capital alimente sus entrañas y se mueva a sus anchas, sin fronteras.

Después de que la misma Venezolana de Televisión -VTV- ayer corriera una cortina roja que tapara las protestas a favor de la lucha yukpa delante de sus cámaras; hoy Sabino abarca sus pantallas en una pugna contra Cinex, cadena comercial de cines en manos de la familia del excandidato opositor Henrique Capriles, porque se negaban a exhibir el documental.

Cuando le fue, y le es útil, Sabino vuelve. La que no retorna es su tierra. Y nuestros megáfonos, al servicio del poder, trabajan más en encubrir errores, que en descubrir verdades.
¿De qué vale que se recuerde al cacique, mientras se legitima en el Plan de la patria la expoliación de la Sierra de Perijá? Entonces, ¿de qué nos sirve tener conciencia de todo y control de nada?

Sabino es un capítulo que todavía no Sierra.

----
El 02/02 continúa el Juicio. Esta vez Lucía vuelve a Caracas a una Audiencia en el Palacio de Justicia.
El 06/02 se estrena la película en todo el país.


Amplíe:

No hay comentarios:

Publicar un comentario