martes, 2 de septiembre de 2014

Ser madre, una coartada

Ayer noche, nos disponíamos a cenar. Ernesto nos hizo una arepita (más bien arepota) con huevo revuelto, queso y jugo de guayaba. Además, siempre tengo un postrecito guardado, para la ocasión manjar de limón.

Veo la mesa y me digo que es mucho. Pero inmediatamente una vocecita repica: De mi plato comemos Pola, bebé y yo, es decir tres personas. Soy una madre en la que crece otro ser humano y de la que se alimenta -a través de la tetica- una niña en franco crecimiento.

Merecemos los mejores manjares.
Las madres somos como un árbol ancestral, capaces de vivir tantas vidas como anillos componen nuestro tronco.

Ser madre, una coartada ¡Buen apetito!


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