viernes, 23 de diciembre de 2011

En amor mayor


Por Indira Carpio Olivo

Murmuran, laten
y se cuecen
El viento verde los edifica
aunque caminan gachos
arrastran los pies
y la joroba los dobla
Se fotografían para recordarse
apelan en juicio contra la muerte
riegan los granos de sal
y se cruzan las manos antes de cerrar los ojos
La cuchara de madera no deja rastro de sus movimientos
la usan de bastón
también para saborear los sudores del peltre
Silban para nombrarse
y a veces, sólo la mirada los mienta
su llama es inextinguible aunque el amo sea un ventarrón
aunque sus uñas se encarnen en la tierra
tanto para comer como para cavar su propio hoyo
aunque sean la pala que sacie el hambre de la ciudad
Su respiración tiene dueño
uno que entra y sale sin permiso
al que se le mendigan unas gotas para llorar
para terminar de evaporarse
Acaso, ¿patrono viene de patria?
ambos asfixian, ninguno protege y aun así tienen que hacer la fila
¿Cómo puede la patria tener pronombre femenino si bajo las faldas del mando se asoma la migaja fálica?
Somos esclavos del lenguaje, del azar


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