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miércoles, 21 de junio de 2017

Gastronauta 123: Roque


No es hora de poesía, Roque
de eso no se vive
se malvive
Con eso no se hacen las revoluciones
los cañones te apuntarán
a ti, el pendejo
Y el círculo
la cabeza de la bala
te descabezará
En la noche
en la espesura del hombre
esa bala tendrá más poesía
que gobierno
No trates de conseguirte en una mariposa
la madre de la rabia
es la vida
no la muerte
Y qué es la poesía
por qué merece una bala en la cabeza
es la poesía esa bala
Escribirán de ti los libros
y lloraré sobre el mar
hasta engrosar
El poema del vigilante 357
que te guarda en un bolsillo
su pedazo de muerte
No hay Salvador
toda Latinoamérica toda
es un paisito
cuando te mata
cuando te mata
cuando te mata
quien te mata
para volver a empezar
la burocracia
las oficinas de la cólera
a las palabras se les teme como se le teme a la bala
El poeta no duerme Roque
porque en el sueño recoge la memoria
y enerva las mareas
Los científicos de hoy comprueban que las plantas
huelen
escuchan
ven
se comunican
y las matan
Pero hay quien las cultiva
y los árboles viven cientos de años
y nos hinchan los pulmones
para que la circunferencia de una bala
nos desinfle los ojos
y la noche sea eterna
la noche que
huele
escucha
ve
un insecto con vocación de rezo
borroso
con urgencia
sin uñas
Comunista
Anarquista
Indisciplinado
Pequeñobú
Troskista
Agente de la CIA
Agente cubano
Jugador juguete
Fue un error matarte
y hubiese sido un error dejarte mirarlos
cómo se puede vivir con tus ojos
la malapalabra
los nombres de las prostitutas, Roque
quién los quiere
los nombres de guerra
Me dicen que no es hora de poesía
porque están los que creen en la poesía del embeleso
y los fiscales de lo correcto
el homeópata que no lee lo que no rime
mi padre cuenta dinero y no lee menudencias
habrá una bala para mí
en mi insignificancia
y nadie me habrá leído, hombre
seguiremos siendo pobres
y así lo preferimos
no habrá premios
y no los queremos
tampoco alabanzas
una bala sí
A este texto nadie lo querrá
será huérfano
y así tiene que ser
porque yo no quiero enamorar a nadie
y no es mi turno para ofender
la oscuridad donde el mar es la sombra
hasta en el día
Que nos salven los terremotos
los pies del pueblo contra los poderosos
Dios que los mueve
la suerte que termina siendo Dios
la sonrisa que nos salva
de los odiosos mamaguevos
que nos piden poesía a cambio de un país
primavera donde siempre la hubo
los policías que corren a salvarnos
y terminan por arrojarnos desde la ventana
contra la flores
el arrecife de los peces en la tierra
A los que dicen que no podemos escribir
porque a nuestra facción se le ahogaron las palabras
me gustaría enumerarle algunas
casa
madre
aire agua
altar
vientre
cielo
risa
súcubo
fuego
país
mierda
propiedad
privada
manos
maíz
hambre
bala
No me acuse de matarle
a usted
nudo
rabia
tristeza
cada uno es responsable de su muerte
y de la muerte de todos es responsable el poder
y yo no tengo más poder que usted
ni más palabras que usted
ni siquiera una piel sobre la piel
tampoco el fuego hipnótico
estoy tan despojada del hoy como todos
un tomate
la mitad de una cebolla
un poco de arroz
y lo que realmente falta muere
el espíritu
la fuerza
la belleza
No me confunda con los verdugos
y déjame dormir
que a la bala la parí pronto
no hay delito en correr
hacia al final
más rápido
que el miedo
Y no es el enemigo el signo
la caja
son los compañeros
la condena
el círculo que se apaga
Vengan pues
amigos y enemigos
a la casa
a incendiar la palabra
disciplinados
vengan jueces
gallos a cantar en la noche
a la luz
a picotear mi cuerpo
insecto
No olviden cerrar la puerta.



miércoles, 14 de junio de 2017

Gastronauta 122: Luisa

La cosa va más o menos así. La cúpula de la oposición al gobierno dice defender el legado de Chávez: la constitución chavista, a la vez que deposita su poder en manos de la Fiscal General de la República Luisa Ortega Díaz al adherirse a sus actuaciones. La fiscal “chavista” se revela contra el gobierno chavista y es la principal vocera contra la solución planteada por Maduro, la Asamblea Nacional Constituyente. Este panorama nos viene a decir que cualquier camino que resuelvan se dirime dentro del chavismo ¿o, no?
¿Qué es el chavismo, sino la historia que nace del descontento? ¿Qué es, sino el hacerse responsable de torcer los caminos del capitalismo? ¿Qué es el chavismo, sino reconocer los errores y usarlos para impulsar la lucha, cambiar la historia de los pueblos? Lo otro no es chavismo, es reformismo, es la mierda perfumada con palabras lindas: ecominería (minería a cielo abierto), operaciones Liberación Humanistas del Pueblo (redadas en barrios pobres), la entrega de títulos para la producción (la restitución de tierras del Estado al latifundio), la protección de la naturaleza (mediante el desalojo masivo de campesinos). Eso no debería llamarse chavismo. Tampoco la pugna por permanecer, por arribar, por desgarrar el poder, haciendo uso de estandartes ajenos para también perfumar las cloacas.
Pero en este momento, ni el gobierno, ni la oposición cargan con la novedad, cosa de la que se hizo Luisa Ortega, que parece salir flor del barro, como si no tuviese que ver con nada, ni con nadie. Cuando tiene que ver con todo, con todos.

miércoles, 7 de junio de 2017

Gastronauta 121: FUEGO


Después de toda destrucción, el fuego, como la masa, debe extinguirse”.


Decía Elías Canetti que las masas de acoso son una criatura en donde todos golpean y si no pueden golpear, por los menos “quiere ver cómo golpean los demás” (https://cursosluispatinoffyl.files.wordpress.com/2014/01/canetti-elias-masa-y-poder.pdf). Oliverio Girondo lo explica en una metáfora. “Cuántas veces me he dicho: ¿Seré yo esa piedra?” El poder de dar muerte está siempre latente, pero disfrazado. Nadie quiere ser el quemado. Nadie quiere estar en su piel. Es un instinto que lo mantiene al espectador (arte y parte del linchamiento) a salvo, en la masa, mientras las llamas hacen “lo suyo”: a la vez castigar y purificar. La escena se riega como polvo y convierte al lector en cómplice, porque después de todo, los medios de comunicación no son sino la selección, la fragmentación, de las imágenes de la guerra. Caparrós lo dice así (y yo lo fragmento a gusto) “hace 50 años los crímenes eran tan escasos que salían en los diarios; ahora son tantos que salen en los diarios”. Las fotografías de la guerra pueden convertir a la misma masa que las sustenta. Susan Sontag, que analiza Tres guineas de Virginia Woolf en su ensayo Ante el dolor de los demás lo interpreta (http://blog.fotoespacio.cl/wp-content/uploads/2013/08/Sontag_Ante_el_dolor_de_los_demas.pdf). “Las fotografías de las víctimas de la guerra son en sí mismas una suerte de retórica. Reiteran. Simplifican. Agitan. Crean la ilusión de consenso. Cuando invoca esta hipotética vivencia compartida («vemos con usted los mismos cuerpos muertos, las mismas casas derruidas»), Woolf profesa la creencia de que la conmoción creada por semejantes fotos no puede sino unir a la gente de buena voluntad”. Porque la fotografía dota de realidad a los ojos de la periferia. Pero a la vez la convierte, a la periferia, en masa. Y, qué pasa con los que no se conduelen, con los que justifican el linchamiento. Agarrar (de garras) a un ladrón es “librarse” de sus robos como si la propia masa no pariera a sus engendros, para luego desgarrarlos. Y se hace masa en cuanto se parecen, incluso cuando se diferencian, en el objetivo: la masa que acosa, que mata. Como las masas para hacer pan, cuando se les deja actuar, levan. Y se acaban, también como el pan. Con la misma rapidez, de piernas abiertas. Si la conmoción une a la gente de buena voluntad, qué pasa con los que excusan la hoguera ¿los desune? Clímax y muerte de lo que Woolf llama un monstruo moral. “Para los militantes la identidad lo es todo. Y todas las fotografías esperan su explicación o falsificación según el pie”, explica Sontag. Así, después de ser muertos por la bestia, lo que más importa es por qué no son parte de la masa y a qué identidad se adscriben. Si lo asesina la masa opositora a un gobierno, la periferia ha de otorgarle el carnet de “oficialista”, y la insignia le es suficiente para excusar el crimen, tanto como para victimizarse. Cuando los medios al servicio de la masa se hacen eco de las justificaciones, entonces se legitima la carnicería. Las excepciones, aquellas que no pueden soportar la barbarie, entonces la niegan. “La respuesta habitual a la corroboración fotográfica de las atrocidades cometidas por el bando propio es que las fotos son un embuste, que semejante atrocidad no sucedió jamás (…) o que en efecto sucedió, pero el otro bando cometió aquello contra sí mismo”. Por eso, el violinista (intérprete de Despacito en las inmediaciones de Miraflores) se para frente a las ballenas de la Guardia Nacional y lo rodean fotógrafos de distintas agencias, y llora por su instrumento destruido, llora contra la dictadura que es capaz de silenciarlo todo. La violencia del Estado lo (re)convirtió en héroe, cuando antes el mismo Estado lo había hecho violinista. Una misma fotografía, la del hombre quemado en Altamira, puede producir en diferentes estamentos de la sociedad diversas reacciones, pero el objetivo que se ejecutó durante aquel momento (cuando lo quemaron) fue uno: acabar con el que era considerado diferente. Una podría pensar que aquella fotografía, que el video de cuando lo incendian había de ser suficiente para que no se repitiera jamás, pero no. Nada. La fragilidad de la vida le es lo que el cristal a la bestia, tan fácil de tirar contra el piso. Y una permanece ahí, mirándolos, ni mejor ni peor, siendo parte de su fin y el nuestro, jinetes de la muerte. Sin hacer nada, o mejor dicho haciéndonos nada. Canetti nos esperanza: “Después de toda destrucción, el fuego, como la masa, debe extinguirse”. Que la boca de la historia nos trague y nos devuelva al conducto donde habrán de hacernos mierda.

martes, 23 de mayo de 2017

Gastronauta 120: El juego




El hijo, no. El hijo nunca se pone en duda.
Marguerite Duras

En estos días, nos despertaron los gritos de unos niños en el parque, otra vez. No habían ido a la escuela (quién sabe por cuánto tiempo ya), y como de costumbre estaban solos. No entendía del todo lo que decían, pero le gritaban a las niñas que viven más arriba, en la montaña. El más pequeño le llegó a proferir a sus “enemigas” un “goooorda” que no le cabía en la boca. “Gooooooorda, como tu mamá”. Las niñas se callaron ipso facto (porque en la Venezuela de las mises, ese puede ser el peor de los insultos). Dos de los más grandes balbuceaban en otro idioma. Después de aguzar el oído, nos dimos cuenta de que trataban de hablar en inglés. Tenían en las manos un par de pistolas de plástico. Me contuve el comentario, y en cambio los observé: jugaban a la guarimba.
Nos dimos cuenta porque en su espanglish se identificaban como la Guardia Nacional y el otro grupo como los guarimberos. Las pistolas a las que llaman Nerf descargan dardos de plástico, insuficientes para los niños, que después de disparar se lanzan unos contra otros con todas sus fuerzas. Los que no tenían armas juntaban sus manos y con el índice y el pulgar imporvisaban una: “¡Pan-pan!”.
Hay una niña. La niña que siempre está con las patotas. Generalmente la bambolea un perrito mal amarrado al que pasea todo el día. Se viste con la indumentaria de los marchistas de la oposición venezolana, camisas blancas, pantalones leggins, gorras de Venezuela sin el escudo, zapatos deportivos. Nos mira a todos con incertidumbre, esperando el saludo, también la despedida. Contesta entre dientes. Es delgada, de cabello largo y negro con flequillo pronunciado. Los dientes frontales le sobresalen, lo que me parece la hace tímida. El resto -los varones a quienes acompaña en la “guerra”- la trata como el perro a la niña, la serpentean.

Después de aquella escena, tuvimos que salir a por medicamentos. En la entrada de la casa un grupo de vecinos se manifestaba a favor del paro nacional, por lo que trancaban el paso. Entre la gente estaban la niña y algunos niños de aquella guerra matutina. A la niña la jamaqueaba el perro mal amarrado. Cuando nosotros nos hicimos paso, amagaron con venirse detrás, el perro y la niña. Uno de los niños juntó las manos y nos apuntó, sin ninguna discreción: “¡Pan-pan!”.
Y ahí, bajo pleno sol sobre las estelas de los pinos, la jauría nos mostró los dientes. La niña soltó al perro y los vecinos la lengua. Nos dijeron palabras gordas, de las que no le caben en la boca, palabras de guerra que no les caben en el cuerpo, y retrocedieron. La niña dejó la piedra en el piso. Ninguno supo por qué nos atacaba. Comprendimos entonces que para ellos esa y otras mañanas son un juego.
No hemos vuelto a saludarnos. Pero yo se que todo lo que quería la niña era escucharnos decir adiós.
De camino a la farmacia nos preguntamos ¿qué remedio podíamos traerle a estos niños? ¿Hay algún remedio? ¿Dónde pongo lo hallado?

A mí nadie me preguntó si yo quería jugar.


martes, 16 de mayo de 2017

Gastronauta 119 Mi amigo el asesino


“Mi amigo, el chavista, dice que...” ¿No va siendo hora de que se aleje de ese amigo al que cree asesino y al cual usted muy “valientemente” podría linchar? ¿No va siendo hora de que no le llame amigo? Pudiera replantearse los conceptos de amigo, hermano, asesino. Usted dirá que “no, él no es asesino”, pero ¿no y que apoya a los que usted llama “asesinos en el gobierno”? Y, como uno más uno, casi siempre son dos: son asesinos los que apoyan los asesinatos ¿o, no? ¿No va siendo hora de que se replantee clasificar a su amigo en esta o aquella casilla, por su forma de pensar? Es hora de que deje de repetir fórmulas ajenas, lugares comunes, que empiece a pensar en cabeza propia, es hora de que deje de justificar el asedio, es hora -y siempre la será- de hacer país, y el país empieza en su pecho y se le sale por la boca. Matar en nombre de su país es matar en nombre propio y eso no lo hace héroe, lo convierte en lo que señala, lo pone de frente al espejo, de donde no puede escapar.

Rodolfo Walsh retrató a la oligarquía dominante como una clase “temperamentalmente inclinada al asesinato” y esa “connotación importante”, en palabras del periodista y escritor argentino, “deberá tenerse en cuenta cada vez que se luche contra ella. No para duplicar sus hazañas, sino para no dejarse conmover por las sagradas ideas, los sagrados principios y, en general, las bellas almas de los verdugos”.
Dígame ¿usted, es un verdugo, o un hablador?
¿Si se encontrara de frente, a su amigo el asesino, lo confrontaría, o para ello necesita regodearse entre otros, que como usted, tienen “la tarea” de limpiar al mundo de los miserables, a los que, según los líderes de la opinión pública, una vez caiga el gobierno “no hay que perdonar a ninguno”?
¿Qué nos harán a los millones (y millonas) de chavistas?
Dígame usted ¿de qué nos quiere limpiar?
Con Patricia Ariza les digo, por si se les ocurre lavarme, “no me vayas a quitar el barro/ del que estoy hecha”.

martes, 9 de mayo de 2017

Gastronauta 118 Los hijos rojos


A “Rita” la cogieron con tres meses de embarazo. Tenía 23 años y su nombre real era Laura. Estudiaba historia en la Universidad de La Plata. Los pasearon a ella y a su compañero de la Esma a La Cacha, donde torturaron y asesinaron al papá de su criatura, Walmir, frente a ella. Laura y su marido habían cometido el error de ser de izquierdas, militantes peronistas. Antes de embarazarse, vivieron dos pérdidas. Aun así, se aferró a la vida que le crecía adentro mientras la vida se le moría afuera. Parió seis meses después, esposada a una cama y encapuchada. Se dice que le susurró al bebé su nombre: “Guido, como tu abuelo”. La durmieron porque se resistía a entregarlo. Dos meses después la mataron de un disparo en la cara y se la entregaron a sus padres para que la reconocieran y la enterraran.
36 años pasaron para que el hijo de Laura decidiera dejar su muestra de sangre en la organización que rescata a los niños apropiados por la última dictadura argentina: Abuelas de Plaza de Mayo, que preside la madre de su madre Estela. Se convirtió en el nieto 114 encontrado de por lo menos 500 que buscan sus abuelas. “Mi mamá no se va a olvidar de lo que me hicieron y los va a perseguir”, le dijo Laura a una compañera sobreviviente.
Bajo la dictadura de Videla en Argentina, según las cuentas oficiales (que son siempre muy conservadoras), 30 mil almas fueron desaparecidas. A las mujeres guerrilleras, militantes de izquierda, además de torturarlas, las violaban. Los soldados se convirtieron en las comadronas de las embarazadas, que después de parir pasaban por la pólvora de sus captores, quienes después se quedaban con sus hijos con sus hijos, o lo repartían, como barajas.

martes, 2 de mayo de 2017

Gastronauta 117: Juan Pablo


Antes de que Juan Pablo cayera ya lo había matado Ramos Allup. Freddy Guevara había dibujado su sombra en el piso. María Corina “sabía” que un Guardia Nacional le pegaría una bomba lacrimógena en la cabeza. Ramón Muchacho había mandado a limpiar la escena del crimen. La verdad no importaría, porque como el agua, después de derramada ¿quién podría recogerla?
Todos los días hay pañitos que absorben de a poco las gotas, pero eso a quién le cambiará de ideas. Que si jugó basket, que era becado por la Universidad Metropolitana, que tenía veinte años, que no fue una bomba lacrimógena, que el arma que le rompió una costilla era de perno cautiva, que pudo ser un chopo de fabricación casera, que los mismos que lo cargaron y dejaron a la entrada del centro de salud pudieron ser sus agresores.

Era 26 de abril, pasado el mediodía. La Torre Británica en Altamira le hacía sombra a los ya acostumbrados destrozos de una facción de la oposición política al gobierno de Nicolás Maduro. En Altamira, buena parte de los vecinos continúan afectados por el humo de los escombros quemados por los manifestantes, lo mismo que por las lacrimógenas de las fuerzas públicas. Vivir se les ha convertido en saber sortear el terrorismo.
A las 3:00 de la tarde, el Centro Asistencial Salud Chacao recibía a Juan Pablo Pernal
ete Llovera, a quien después de aplicar las maniobras correspondientes, declararon muerto.
De inmediato, algunos líderes de la oposición dieron por hecho la responsabilidad de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) de la muerte del muchacho e hicieron pública su propia versión de lo ocurrido. Para la mayoría, un muerto más es un trofeo más, otra razón para clamar por intervención extranjera, justo cuando Venezuela decide separarse de la Organización de Estados Americanos.

martes, 18 de abril de 2017

Gastronauta 115 La invasión desde Apure



La llanura es bella y terrible a la vez;
en ella caben holgadamente, hermosa vida y muerte atroz;
ésta acecha por todas partes, pero allí nadie le teme”.
Rómulo Gallegos, en Doña Bárbara

Hace un año y dos meses, cuatro pescadores apureños fueron muertos después de ser secuestrados y torturados por los administradores y los matones del Hato La Pregunta, en Apure. En ese mismo lugar, según denunciaba el diputado Braulio Álvarez, 15 personas más habían sido ajusticiadas (http://www.panorama.com.ve/sucesos/Denuncian-masacre-a-cuatro-pescadores-en-Apure-por-presuntos-paramilitares-20150226-0075.html) ¿Qué pasó con las declaraciones de uno de los responsables que permitieron encontrar los cuerpos en la ribera del río? ¿Se hizo justicia, o la justicia tiene precio y la vida de unos pescadores no merece ni un titular?
A los pescadores le cambiaron la ropa, con el objetivo de hacerlos parecer invasores, guerrilleros colombianos, denunció el hijo de una de las víctimas. Lo mismo que ocurrió en 1988, en el mismo Apure. El Amparo fue el escenario para que Lusinchi y sus fuerzas de seguridad asesinaran a 14 pescadores y los vistieran de subversivos, para justificar la masacre. Henry López Sisco y Ramón Rodríguez Chacín entonces compartían más que opiniones, daban órdenes, las mismas órdenes y El Amparo los inmortalizaría como torturadores, cuando menos. La defensa de la incursión comunista fue el pretexto para la matanza.
Pero ¿por qué ahora no resuenan las masacres de hoy?

lunes, 17 de abril de 2017

Gastronauta 114 ¿Por qué Jairo?


La cama de Junior estaba destendida.
Junior le dice su padre a Jairo Johan Ortiz Bustamante a quien Carolina, su madre, lo llamó igual que a su esposo. Era como los niños que se crían con los abuelos, de alma vieja, pero a los que se les consiente dejar las sábanas desordenadas. Doce años tenía cuando Jairo se interesó por la poesía, y recurrió entonces a la voluptuosidad de la guitarra. El niño iría con su abuelo Melvi a recibir clases. Vivían en el piso uno de la torre cuatro, en el último de los verdes de Montaña Alta, Carrizal. Cuando se fueron de casa de los abuelos a hacer familia, a tan sólo doce kilómetros, Carolina y Jairo se divorciaron. Junior tenía nueve años, aproximadamente. Entonces sufría de sobrepeso y se molestaba porque le llamaban gordo. Era de personalidad introvertida.
La cama de Junior estaba destendida.
El 7 de abril de 2017, Carolina volvió de Aruba, donde vive hace unos años. Estiró el esquinero, dobló la sábana y se sentó en la mitad del colchón a oler a su hijo. A descansar donde mismo él había descansado horas antes. Jairo no quiso irse con ella, ni con su padre a Barinas, “¿quién cuidaría de los abuelos?”; sin embargo tampoco se fue con Digna y Melvi cuando se mudaron a Guarenas. Viviría con su tía, aunque Carina estuviese más en casa de sus padres, ahora en el otro extremo de Miranda. Jairo, de 19 años, cursaba tercer semestre de Ingeniería de Sistemas en la Universidad Nacional Experimental Politécnica, en la Yaguara. Aun así pensaba irse a Colombia, con su novia Oriana, a probar suerte.

martes, 4 de abril de 2017

Gastronauta 113: Yaracuy a medias



¿Dónde está el espeso bosque? Desapareció.
¿Dónde está el águila? Desapareció.
Así termina la vida y comienza la supervivencia (*)


¿Qué pensaría si yo le dijera que el gobierno del Estado Yaracuy promueve y aplica un decreto para salvaguardar las cuencas hidrográficas de su estado y garantizar la potabilidad y la reserva acuífera y para ello desaloja de los predios de las zonas protegidas a 3.230 familias y a su vez permite la minería de extracción no metálica, para sustraer de la tierra piedras, cemento, feldespato, cal y arena, de empresas privadas y del Estado, así como la tala y el procesamiento de cartón y papel y como consecuencia la contaminación de los ríos y embalses?
En la página web de la Gobernación se reconoce el impacto económico de la creciente actividad minera en el Estado. Según declaraciones del director estadal del Ministerio del Poder Popular para Ecosocialismo y Agua, Rafael Morales, “entre 2009 y 2016 en Yaracuy, se incremento en más de 2.000% la recaudación por concepto de minerales no metálicos, recursos que redundaron en la aprobación y financiamiento de al menos cuatro mil proyectos de impacto social para los yaracuyanos” (http://yaracuy.gob.ve/web/noticias/more/12442-Rafael-Morales-Comisin-de-Ambiente-convirti-inspeccin-en-show-meditico).
¿Qué contaminará más? ¿La agricultura a mediana escala, o la minería? ¿En plena crisis alimentaria, bajo qué lógica se prohíbe la actividad agrícola en el campo venezolano, una actividad que según sus propios campesinos no recurre ni siquiera a los agroquímicos?

martes, 28 de marzo de 2017

Gastronauta 112: Capitalismo-transformer



¿A quién se le ha criado para ser economista? Fuera de una familia de tradición, a nadie ¿Quién entiende sin mucha explicación qué carajo hacen con la economía “los que saben”? Todo tiene sentido cuando hacen una mierda y una queda como pajarito en grama.
Por ejemplo, no hay que ser Marx para saber que lo que hacen en Venezuela no se parece “pero ni tantito así” al socialismo. El socialismo es la fase previa al comunismo, en la que el Estado se hace de la fuerza política necesaria para colocar en manos del común los medios de producción y el fruto de su fuerza de trabajo.
Que alguien se siente a explicarme cómo se redefine el “socialismo” en la invitación que hace el presidente Nicolás Maduro, después de declarar la muerte del capitalismo, a la transnacional Exxon Mobil a trabajar “dentro de las leyes” en Venezuela (http://contrapunto.com/noticia/maduro-clausura-la-expo-venezuela-potencia-128496/). Misma convocatoria que extiende a otros empresarios extranjeros que quieran usufructuar la golpeada fuerza de trabajo venezolana.
Exxon Mobil es el protagonista de un litigio internacional contra nuestro país, en el que se había obligado a Venezuela a cancelar 1.400 millones de dólares como parte de la nacionalización (que hiciera Chávez en 2007) de los activos de la petrolera en dos grandes proyectos. Recientemente, el Tribunal arbitral del Banco Mundial revocó esa decisión.

martes, 21 de marzo de 2017

Gastronauta 111: La Minka



mira este pequeño poema mío
está muy lejos de los declamadores de la lengua
pero igual tienes que aprender a quererlo
es mi último poema mi poema mas nuevo
guarda en su interior olor a pan
recién sacado del horno no le falta levadura
tampoco sazón le falta hambre por eso tienes
que aprender a quererlo él muy pobre
y vos muy rico la relación entre ustedes
no debe ser una metáfora cruel
ni una broma de mal gusto
Jorge Money


Todas las tardes, ya casi noche, miro al señor este, desgarbado como una palmera, caminar negocio por negocio en el centro comercial, con una bolsa de pan para cada dueño. Lo mismo me pasó en otro municipio, esta vez en donde viven mis padres. Si era cliente de aquella panadería, me reservaban por lo menos dos canillas de 800 bolívares cada una. La entregaban por la puerta de atrás, pasada la hora pico. Así, comprar pan, un privilegio. Mientras, el gobierno anuncia el arribo de 30 mil toneladas de trigo panadero (http://www.eluniversal.com/noticias/venezuela/descargan-mil-toneladas-trigo-panadero-maiz-puerto-cabello_643688), que con matemáticas simples se deducen a un poco menos de un kilo de harina por habitante (2 kilos de pan), unas 11 canillas (de 180 gramos cada una), un pan por habitante/día, casi dos semanas de pan, del más simple y barato: una baguette.
He visto tras las puertas una pobre cocina, bajo la máquina de café un charco de moscas, entre el hojaldre bailar las cucarachas y en la entrada a decenas de vecinos hacer filas. El hombre palmera controla el expendio. “No tenemos harina”, o “está muy costosa”. El intermediario la compra a 15 bolívares por kilo, el intermediario que antes fue el privado ahora se supone en manos del Estado.
He fantaseado con los comensales, que siempre son más, que saltan la palmera y hacen de la panadería algo más democrático, que toman por asalto las moscas del café y joropean a las chiripas. Un día me levanté y no había ficción, en la Avenida Baralt del centro caraqueño, La Minka ocupaba una panadería similar a la del hombre palmera: la Maison Bakery, la habitaban las mismas ratoneras sin señuelo.

martes, 14 de marzo de 2017

Gastronauta 110 Cinco malas y un poema


Hay días en los que no nace nada, ni siquiera muerto, en las manos del mundo.
Días en los que una máscara cubre el rostro a una máquina de hierro.
En los que el fuego consume el cuerpo, la masa, de ochenta manos en un hospicio.
Horas en las que el Estado envenena los ríos de los que beben los campesinos, y les roba la guadaña, la semilla, el fruto, el día.
Hay días en que nos damos cuenta de que somos muchos y la inmensidad del mundo insuficiente, y dos almas, apretadas por otras trescientas mil, pierden el cuerpo mientras corean al Sol.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Gastronauta 109 #8M #YoParo


Yo paro, pero que alguien me aguante los pujos.

Cómo para la mujer con su hijo en un hospital ¿Son los hombres que la sostienen?
Cómo para la única entrada de dinero en casa ¿Cuántas madres son la única entrada de dinero?
Cómo para la prostituta para el proxeneta ¿Cuántas monedas cuesta una mamada?
Cómo para la campesina la aridez. Cómo para la niña de parir. Cómo para la que pare a los hombres que la matarán mañana. Cómo para la muerta los golpes.

Paran las mujeres, las niñas, las adolescentes, las transexuales, las lesbianas, las campesinas, las afrodescendientes, las indígenas las estudiantes, las obreras, las feministas, las que no se saben feministas. Parar, las que pueden por las que no. Las que quieren por las que no.
Parar para detenerse, levantarse, y también habitar.
Parar para no seguir engrasando y ensangrentando la Máquina, que hace uso de nuestra fuerza de trabajo (en el hogar, de cuidados a niños y ancianos) sin remuneración, y que a cambio nos mata.
Levantarse porque no podemos seguir muriendo sin que pase más que la propia muerte.
Parar para quedarse en la idea, para acompañarnos, para hacer casa en la voz de todas, por todas nuestras muertas. Por todas las que queremos la vida. Por el reconocimiento y la unidad de las mujeres en su actuación pública, la sororidad. “¿Qué sería de las mujeres sin el amor de las mujeres?” (1). Y, antes que reclamar la equidad con los hombres, debemos lograr la igualdad (reconociendo la diversidad) entre nosotras.

martes, 21 de febrero de 2017

Gastronauta 108: Necesaria ilegalidad



Yo no hago fila en ningún partido. Alguna vez, cuando estaba fuera del país, papá me inscribió en uno sin mi autorización, y no me he molestado en renunciar, pero tampoco en votarle.

No me interesan las organizaciones en las que la verticalidad es su estructura, en la que el nombre es sinónimo de muertos y desaparecidos, o el hecho de haber sido gobierno los convierte, a sus dirigentes en elites, oligarcas y corruptos (y perdonen la redundancia). Tampoco los parapetos copias de partidos europeos (caricaturas de niños bien jugando a ser políticos), fundados con las arcas del Estado, tipo Primero Justicia. Ni los que se fundamentan en cambiarlo todo para no cambiar nada, para continuar la danza del quítate tú pa' ponerme yo, y para ello maltratan conceptos como el del socialismo o se hacen llamar de centro izquierda (ya sabemos: un recurso propagandístico de partidos de derecha). Menos me gustan los tontos útiles que alguna vez fuimos y que debemos estar negados a ser, los pequeños, incluso alguna vez ilegalizados.
En nuestro país hubo un momento en que los partidos tradicionales casi desaparecieron y a una le parecía una especie en extinción los adecos y los copeyanos, por ejemplo. Pero, ¿a dónde se fueron sus “militantes”? ¿qué otro partido fueron a engrosar? ¿al cambiar de nombre, los adecos y los copeyanos se hicieron socialistas? ¿Cómo es posible que se haya formado una juventud socialdemócrata (que acá significa neoliberal) o socialcristiana (que acá significa neoliberal) en tiempos en que los jóvenes deberían patear de una vez y por todas las viejas estructuras? ¿Cómo ocurrió, cómo ocurre? Ningún partido es joven, su concepción es más bien un anquilosamiento de la política.

martes, 14 de febrero de 2017

Gastronauta 107: Escaleras al cielo


¿Cuánto cuesta una escalera al cielo?
Las hay de madera, de metal, de nubes. Escaleras en las que un Dios rubio, con las manos abiertas te recibe, diezmo mediante, el diez por ciento de tu sueldo, un poco más de la mitad de tu tiempo, la esclavitud de la escalera. Están también las disfrazadas de new age, en las que el Dios se le llama Gurú, Maestro, Coach y sus palabras como sus oídos tienen precio. Escaleras en las que una posición de puntas de pie en aguja, la respiración ovárica, un círculo de fracasos, te valen un ojo de la cara.
Después de las escaleras al cielo no hay más bazar, allí la promesa de no tener que comprarlo todo, la frustración de no tener que comprarlo todo. Las escaleras al cielo se soportan en el viento y no hay cosa que apague el fuego o arrase con las cosechas como el viento.
La autoayuda edifica batallones de seres individualistas, inflados por el aire, el humo de la religión del capitalismo, una fe que tiene que ver con la pérdida de la fe en la instituciones religiosas y que pone, contrariamente a su denominación, la ayuda a una misma en manos de los demás. Decía el visionario Aldous Houxley “no hay mayor negocio que vender a gente desesperada un producto que asegura eliminar la desesperación”.
Los gurú hablan en parábolas como Jesús, y pronostican que si te dan el fruto masticado no podrás crecer, pero tampoco te dejan madurarlo, y cosecharlo con tus propias manos, a cambio de unas monedas.

martes, 7 de febrero de 2017

Gastronauta 106 #FreeMelania




¿Cuántas mujeres te han querido “salvar”? ¿quien te quiere “salvar” está “salvada”? A Melanija Knavs la quieren salvar las feministas blancas anglosajonas liberales que no han querido-podido-sabido salvar a las mujeres afganas, sirias, iraquíes de sus bombas, o a las afrodescendientes, hispanas, musulmanas, del acoso de sus iguales en su propio territorio. La quieren salvar mujeres en sus jaulas.

A la inmigrante, ahora esposa del presidente de Estados Unidos, le han dado hasta con el tobo, que si fue ilegal, que si es una puta, que si el hijo es retrasado, que si está obligada, que el marido le pega. Digamos que Trump, un idiota máximo, el máximo de los idiotas, ha llegado a la presidencia en un momento en el que el sistema pone y depone a los más grandes titanes de los negocios en los tronos presidenciales (ver caso argentino, brasileño, la promoción de Lorenzo Mendoza en Venezuela). Digamos que Melania aplica como mujer florero. Digamos que sufre el síndrome de Estocolmo (pero ¿quién no en EE.UU?). Digamos que está en la Casa Blanca “obligada”, atentida por miles, “secuestrada” por los diseñadores, una modelo que “odia” que la atención se centre sobre ella. Digamos que no la enreja (como a tantas, paro no generalizar) el patriarcado.

Digamos que no hubiese ganado Trump, sino Hillary ¿saldrían las feministas a salvarla del marido-viejo-verde? ¿se levantarían las feministas cuando su candidata exclamó “Vini vidi vinci” al matar a otro presidente en Libia, llevándose por delante familias enteras?

Los feminismos a conveniencia hieden.

martes, 31 de enero de 2017

Gastronauta 105: Compromisos



Ezequiel nació cerquita mío. En Cúa. Pero para más señas, cerquita de donde las mujeres y los hombres no le temen llenarse las uñas de tierra. Zamora bautiza febrero y febrero se abre a Zamora como la semilla a un surco. Doscientos años han pasado desde su llegada al mundo y doscientos años sin que su grito haya abierto el suelo y dado frutos: tierra y hombres libres.
Empezando el año bicentenario del líder de campesinos y antiesclavistas, funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana, la Policía del Estado Yaracuy y del Instituto Nacional de Tierras, intentaron llevarse por el medio a integrantes de la Comuna Socialista Negro Miguel durante la toma de la Agropecuaria Tío Bravo.
Era un poco más de las cuatro de la tarde del doce de enero de 2017. Corría el día nueve de la toma, caían los crepúsculos en la Parroquia Buría (1) del Estado Lara. Unos 6.973 hombres, mujeres y niños se hicieron de la tierra ociosa (desde hace dos años) de la agropecuaria Tío Bravo, 37 hectáreas de terreno sin siembra, con cadáveres de maquinarias emontadas y los huesos del ganado como reliquias del capitalismo. De 500 reses obtenidas con dólares del Estado quedaban 30, enfermas, desnutridas y desasistidas.
Era jueves y llegaban las semillas de frijol. Cuando uno de los campesinos de la Comuna El Maizal bajaba el saco del camión para sembrarlas, fue golpeado y esposado por la GNB, lo mismo que otro comunero de la Negro Miguel que trató de impedirlo. En el desbarajuste, la comunidad se alzó y cortó el intento de encarcelamiento de sus compañeros.

martes, 24 de enero de 2017

Gastronauta 104: #JeNeSuisMichelle


Yo no soy ni de cerca Michelle Robinson (#JeNeSuisMichelle). Ni yo, ni usted, mucho menos ésa mujer: que siendo afrodescendiente y también abogada y que como Michelle se estira cada uno de los cabellos que la negritud le heredó, no es ni de lejos Michelle Obama. Convengamos: a cualquier mujer exitosa le faltaría marketing (y le sobrarían muchas horas frente a la TV) para parecérsele a Michelle. Se calcula que la popularidad de Michelle antes de abandonar la Casa Blanca, rondaba el 65%, diez puntos por encima del marido. Ni una mujer exitosa ni las parias decretadas por el sistema: aquella transgénero no será como Michelle, ni caminaría con Michelle (retratada en pancartas) en la #WomensMarch. No lo podrán ser las mujeres en resistencia contra el Estado islámico (financiado por EE.UU.) en Kurdistán. Las mujeres muertas en Ciudad Juárez en manos del narcotráfico (que alimenta a EE.UU.) tampoco. Las pobres pobrísimas, las mujeres con discapacidad, la mujeres prostituidas, las verdaderamente afroamericanas, nunca serán como Michelle. Ángela Davis, tú no eres como Michelle. Hillary se parece más a Michelle, aunque Michelle es menos honesta. Digamos que hasta la bestia de Trump es más sincero, pero igual de blanco: blanquísimo.
Michelle es falsa, una publicidad engañosa.

martes, 17 de enero de 2017

Gastronauta 103: Ruleteo


Eran las ocho de la noche y no sabíamos de María. Había roto fuente a las diez de la mañana y subió en el ferrocarril desde Charallave hasta la Maternidad Concepción Palacios, donde se controlaba su embarazo a fin de garantizar el término en la Maternidad General de Venezuela. A mi tía se le había acabado la batería del perolito que cargaba, y María obviamente no atendía el teléfono. A las nueve de la noche, mi madre me avisa que a mi prima la tenían en el Clínico Universitario. Así que cogí mis cuatro muchachas, hice unas arepas, llené un garrafón de cinco litros de agua y nos empujamos mi compañero y yo, hasta el hospital para ver qué sucedía y en qué podíamos ayudar.
Al llegar, nos relatan la travesía. De la Concepción Palacios la despacharon al cabo de recibirla porque no tenían insumos. Mientras, la recibían y la botaban, algunos médicos le hicieron tacto, y todos coincidían en que no estaba preparada. “Usted, no pare todavía”. Le hicieron una orden abierta para irse con su “ayayay” a otro lado. Los dolores aumentaban y ella, primeriza, no sabía qué hacer, lo único que tenía claro era que no se regresaba a casa. De la Concepción Palacios fue a dar al Materno Infantil de Caricuao. Contaron los billetes y se fueron con el mejor postor hasta la UD4. Allí, ni la recibieron. “No tenían pitocín, sólo abrían las puertas a las que llegaban con el muchacho casi afuera”. Estaba a reventar. Lo mismo, en la Santa Ana en San Bernardino. Así que partió hacia El Valle. Una vez allí, una doctora le hizo otro tacto y determina que requiere una cesárea, por la pérdida de líquido y que su estado era delicado y “cuidado sino una Ruptura Prematura de Membrana -RPM-”, lo que le podía ocasionar lesiones en ella y el bebé. Otro doctor, con más rango se le encima, la lastima después de hacerle otro tacto, se molesta porque “cómo era posible que la Concepción Palacios no la atendiera”, y seguidamente se niega a dejarla en el Materno Infantil Hugo Chávez (se retuerce Chávez donde quiera que esté). María decide irse al Clínico. Allí, la reciben a las tres y media de la tarde con la oxitocina sintética que en teoría (y efectivamente) le aceleran los dolores de parto. “Si en unas cinco horas, no ha parido, entonces la operamos”, aclara la doctora tratante. A las ocho pasa y le vuelven a hacer tacto, y según la doctora no había dilatado ni un centímetro, pero seguía botando agua, luego de cuatro ampollas de pitocín y de los dolores de parto. Justo al anunciar que la operarían, un hombre anuncia a voz en cuello que no bajasen a más nadie a quirófano, porque acababa de acabarse el último de los insumos. Eran las diez de la noche.