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viernes, 6 de abril de 2018

Por todos los caminos 3: JAIRO


Por Indira Carpio Olivo

Son las siete treinta de la noche. En abril, el aire seco de la tarde se trae la floración. Una camioneta negra de vidrios ahumados pisa los restos de los árboles, rompiendo con toda estética de la naturaleza. Da vueltas por el estacionamiento de las residencias Ciudad Tavacares en Barinas. Es el día 20 del cuarto mes del 2017.
La segunda vez, dos hombres se bajaron de la camioneta y subieron hasta el apartamento de Jairo Ortíz, ubicado en la torre 16. Trataron de abrirlo. Los vecinos se guardaron expectantes, los veían por la mirilla de sus puertas. Alguno se atrevió a hacer ruido para espantar. Los intrusos aceleraron su trabajo, pero la cerradura sin mayor resguardo, no cedió.
Ortíz estaba por tercera vez en Caracas. Visitaba la Defensoría del Pueblo, donde le prometieron ayudarlo a dilucidar por qué un efectivo del servicio de tránsito de la Policía Nacional Bolivariana, de nombre Rohenluis Leonel Mata Rojas, había disparado directo al corazón de su hijo Jairo Johán Ortíz Bustamante, el 6 de abril frente a Lady Pan, en Montaña Alta Carrizal, durante el sexto día de las llamadas guarimbas iniciadas en los Altos Mirandinos. Su hijo sería el primero de 142 víctimas mortales, durante los cuatro meses de protestas en Venezuela.
El padre no pudo estar cuando dos extraños intentaban irrumpir en casa, porque ese día se entrevistaba con la directora regional de la defensoría en Miranda, Beysce Loreto Duben. A la funcionaria le firmó todos los poderes que la autorizaban a iniciar investigaciones sobre el asesinato -y el asesino confeso- de su hijo. Según le dijeron al padre de la víctima, la Fiscalía General en manos de Luisa Ortega, había engavetado el caso de Jairo. En cambio, ellos “sí lo ayudarían”.
Jairo regresó a Barinas.
Antes lo habían llamado de Vice Presidencia, por lo mismo. Iría a Caracas. El padre sólo les pidió que lo acercaran a la tumba de su hijo, ubicada en el Cementerio El Monumental de Tejerías. Se desvivieron en síes. No investigaron, tampoco lo conducirían al cementerio.
Nadie pudo llevarlo de vuelta a su hijo.

miércoles, 26 de julio de 2017

NUMERITOS


Los más avezados analistas, profesores y lumbreras, se atreven a vaticinar la cantidad de venezolanos que han de votar el domingo 30 de julio por la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Para algunos, la cifra no debe alcanzar la del plebiscito y menos superarla, lo que para ellos significaría fraude. Como si los números del plebiscito se pudieran verificar (2.395.390 votantes) y por tanto su totalidad (7.186.170 votos) fuera certera y además se estableciera como la contraparte de una elección que no pretende la competencia entre fuerzas ideológicamente contrarias (ANC). Ambas consultas persiguen objetivos disímiles y se dan bajo circunstancias técnicas diametralmente opuestas.
La gente bien que se ha propuesto “evitar” el voto del común este domingo, bajo amenazas de muerte, es la misma que los “conmina” a los simpatizantes de la ANC a sublevarse contra el gobierno. Esa aparente contradicción deja al descubierto una forma de hacer política a la fuerza: a la fuerza realizan las protestas, a la fuerza trancan las vías a sus vecinos, a la fuerza recurren al plebiscito, a la fuerza queman sus votos y a la gente que piensa distinto, y a la fuerza quieren impedir el ejercicio electoral para seleccionar a los constituyentitas ¿El ejercicio de la “política” a la fuerza no es equivalente a la dictadura? 

jueves, 20 de julio de 2017

IMPOSIBLE

No tengo necesidad de que pensemos igual, de que comulgue con mis ideas políticas. Después de todo, la sombra hace posible la luz. Pero no sé cómo aceptar que no condene los asesinatos de odio, y sus intentos, en los que se queman a personas vivas por pensar distinto.
Hacerse el loco (o la loca) y utilizar la muerte de manera selectiva de seres humanos que caen en medio del conflicto entre poderosos, para hacer propaganda, en qué no lugar le coloca.
Yo, desde mi pequeñez, me declaro en contra de cualquier violación a la vida, de donde venga, de quienes se origine. Pero si usted y yo nos unimos por la vida, capaz podamos parar la guerra y su apocalipsis inminente.
Si usted está afuera y lo mismo hace apología a la muerte con los que vivimos de este lado de la trinchera, resérvese las arengas hasta que viva en carne propia ésta la verdadera resistencia: saltarse el dolor y enseñar la vida, trabajar, caminar hasta lograr la redondez de una arepa, enseñar a leer no sólo las letras sino las formas del cielo, a mantenerse en la idea tanto como en su cuerpo, a criar en el respeto, a bailar con los agudos de las cacerolas, a diferenciar los pájaros de los gusanos de las ramas del aire.
A usted que cree conocerme y me encasilla, a usted que me descose, a usted que me odia pero poquito pero en silencio pero "ella no es como el resto"... Yo no soy peor ni mejor que usted pero quiero ser con usted.
Yo soy como el resto y eso me hace combustible para su guerra. Y aunque nos quemen a todos se le está haciendo imposible ver la luz.

miércoles, 14 de junio de 2017

Gastronauta 122: Luisa

La cosa va más o menos así. La cúpula de la oposición al gobierno dice defender el legado de Chávez: la constitución chavista, a la vez que deposita su poder en manos de la Fiscal General de la República Luisa Ortega Díaz al adherirse a sus actuaciones. La fiscal “chavista” se revela contra el gobierno chavista y es la principal vocera contra la solución planteada por Maduro, la Asamblea Nacional Constituyente. Este panorama nos viene a decir que cualquier camino que resuelvan se dirime dentro del chavismo ¿o, no?
¿Qué es el chavismo, sino la historia que nace del descontento? ¿Qué es, sino el hacerse responsable de torcer los caminos del capitalismo? ¿Qué es el chavismo, sino reconocer los errores y usarlos para impulsar la lucha, cambiar la historia de los pueblos? Lo otro no es chavismo, es reformismo, es la mierda perfumada con palabras lindas: ecominería (minería a cielo abierto), operaciones Liberación Humanistas del Pueblo (redadas en barrios pobres), la entrega de títulos para la producción (la restitución de tierras del Estado al latifundio), la protección de la naturaleza (mediante el desalojo masivo de campesinos). Eso no debería llamarse chavismo. Tampoco la pugna por permanecer, por arribar, por desgarrar el poder, haciendo uso de estandartes ajenos para también perfumar las cloacas.
Pero en este momento, ni el gobierno, ni la oposición cargan con la novedad, cosa de la que se hizo Luisa Ortega, que parece salir flor del barro, como si no tuviese que ver con nada, ni con nadie. Cuando tiene que ver con todo, con todos.

miércoles, 7 de junio de 2017

Gastronauta 121: FUEGO


Después de toda destrucción, el fuego, como la masa, debe extinguirse”.


Decía Elías Canetti que las masas de acoso son una criatura en donde todos golpean y si no pueden golpear, por los menos “quiere ver cómo golpean los demás” (https://cursosluispatinoffyl.files.wordpress.com/2014/01/canetti-elias-masa-y-poder.pdf). Oliverio Girondo lo explica en una metáfora. “Cuántas veces me he dicho: ¿Seré yo esa piedra?” El poder de dar muerte está siempre latente, pero disfrazado. Nadie quiere ser el quemado. Nadie quiere estar en su piel. Es un instinto que lo mantiene al espectador (arte y parte del linchamiento) a salvo, en la masa, mientras las llamas hacen “lo suyo”: a la vez castigar y purificar. La escena se riega como polvo y convierte al lector en cómplice, porque después de todo, los medios de comunicación no son sino la selección, la fragmentación, de las imágenes de la guerra. Caparrós lo dice así (y yo lo fragmento a gusto) “hace 50 años los crímenes eran tan escasos que salían en los diarios; ahora son tantos que salen en los diarios”. Las fotografías de la guerra pueden convertir a la misma masa que las sustenta. Susan Sontag, que analiza Tres guineas de Virginia Woolf en su ensayo Ante el dolor de los demás lo interpreta (http://blog.fotoespacio.cl/wp-content/uploads/2013/08/Sontag_Ante_el_dolor_de_los_demas.pdf). “Las fotografías de las víctimas de la guerra son en sí mismas una suerte de retórica. Reiteran. Simplifican. Agitan. Crean la ilusión de consenso. Cuando invoca esta hipotética vivencia compartida («vemos con usted los mismos cuerpos muertos, las mismas casas derruidas»), Woolf profesa la creencia de que la conmoción creada por semejantes fotos no puede sino unir a la gente de buena voluntad”. Porque la fotografía dota de realidad a los ojos de la periferia. Pero a la vez la convierte, a la periferia, en masa. Y, qué pasa con los que no se conduelen, con los que justifican el linchamiento. Agarrar (de garras) a un ladrón es “librarse” de sus robos como si la propia masa no pariera a sus engendros, para luego desgarrarlos. Y se hace masa en cuanto se parecen, incluso cuando se diferencian, en el objetivo: la masa que acosa, que mata. Como las masas para hacer pan, cuando se les deja actuar, levan. Y se acaban, también como el pan. Con la misma rapidez, de piernas abiertas. Si la conmoción une a la gente de buena voluntad, qué pasa con los que excusan la hoguera ¿los desune? Clímax y muerte de lo que Woolf llama un monstruo moral. “Para los militantes la identidad lo es todo. Y todas las fotografías esperan su explicación o falsificación según el pie”, explica Sontag. Así, después de ser muertos por la bestia, lo que más importa es por qué no son parte de la masa y a qué identidad se adscriben. Si lo asesina la masa opositora a un gobierno, la periferia ha de otorgarle el carnet de “oficialista”, y la insignia le es suficiente para excusar el crimen, tanto como para victimizarse. Cuando los medios al servicio de la masa se hacen eco de las justificaciones, entonces se legitima la carnicería. Las excepciones, aquellas que no pueden soportar la barbarie, entonces la niegan. “La respuesta habitual a la corroboración fotográfica de las atrocidades cometidas por el bando propio es que las fotos son un embuste, que semejante atrocidad no sucedió jamás (…) o que en efecto sucedió, pero el otro bando cometió aquello contra sí mismo”. Por eso, el violinista (intérprete de Despacito en las inmediaciones de Miraflores) se para frente a las ballenas de la Guardia Nacional y lo rodean fotógrafos de distintas agencias, y llora por su instrumento destruido, llora contra la dictadura que es capaz de silenciarlo todo. La violencia del Estado lo (re)convirtió en héroe, cuando antes el mismo Estado lo había hecho violinista. Una misma fotografía, la del hombre quemado en Altamira, puede producir en diferentes estamentos de la sociedad diversas reacciones, pero el objetivo que se ejecutó durante aquel momento (cuando lo quemaron) fue uno: acabar con el que era considerado diferente. Una podría pensar que aquella fotografía, que el video de cuando lo incendian había de ser suficiente para que no se repitiera jamás, pero no. Nada. La fragilidad de la vida le es lo que el cristal a la bestia, tan fácil de tirar contra el piso. Y una permanece ahí, mirándolos, ni mejor ni peor, siendo parte de su fin y el nuestro, jinetes de la muerte. Sin hacer nada, o mejor dicho haciéndonos nada. Canetti nos esperanza: “Después de toda destrucción, el fuego, como la masa, debe extinguirse”. Que la boca de la historia nos trague y nos devuelva al conducto donde habrán de hacernos mierda.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Crónicas guarimberas 3: Karina



Su nombre es Karina. Tiene 23 años. Está recién parida. Hace poco más de 20 días parió a Cibeles Amarú, una niña con enormes ojos azabache. Viven en Barinas. Esta madre hace parte de un proyecto de comuna y es militante de izquierda, activa y reconocida. Coordina la juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela en la Unidad de Batalla Bolívar Chávez, en su comunidad.
A Karina le gusta sembrar, tanto como leer. Tiene en el cabello la enredadera de Venus y en los ojos la miel de Arica. La piel tostada y acanelada por el sol de los llanos. En enero se gradúa en Estudios Políticos en la Bolivariana. Hizo 6 semestres de Comunicación Social y 5 de Sociología en la Universidad Ezequiel Zamora (Unellez).
Escribía poesía. Después de ser promotora de lectura y trabajar en la Misión Cultura Corazón Adentro, cogió una escardilla y sembró mil matas de plátano junto a su esposo que, cada ocho meses, le garantizan un ingreso. Se fue a vivir a una parcelita.

Desde hace un mes, el lleva y trae le advierte de amenazas en su contra. Pero hace una semana los ataques recrudecieron. En Barinas, donde nació y creció Hugo Chávez, al menos 5 muchachos fueron muertos el lunes de esta semana, durante las manifestaciones contra el gobierno nacional. Una ola de saqueos y violencia mantiene en estado de sitio la ciudad, y el asedio no se ha hecho esperar.
A Karina incluso amenazaron con matarla.
Desde entonces no ha podido salir de casa. La niña tuvo (hasta ayer noche) 5 días con diarrea, y en la cuarta noche, convulsionó. Hasta entonces, Karina no la llevó hasta el hospital porque no podía atravesar la barricada incendiada en la entrada de su urbanismo, y estando bajo amenaza, teme por la vida de ambas. Estuvo secuestrada en su casa. Además, esta madre tiene un impedimento físico que hace que no pueda dar teta a su pequeña. Se quedó sin pañales. Y para más colmo dañaron el sistema de agua y ahora mismo no puede ni lavar los pañalitos de tela con los que cubre a Cibeles.
La policía de la Gobernación la sacó a la media noche de anoche y permaneció durante toda la madrugada en el hospital con la niña, que ya mostraba signos de deshidratación. Pero en el hospital no tenían lo necesario para hidratarla, tampoco neonatólogo, o gastroenterólogo.
En vista de que no tenía ni siquiera fórmula, una madre en el sitio amamantó a la niña.
¿Qué pasa cuando se logra sortear la violencia fascista, pero la otra violencia -la de un hospital sin recursos- también te recibe?

Un día antes de que Karina y Cibeles entraran en crisis, dos Centro de Diagnóstico Integral (CDI) en el Estado Miranda estuvieron bajo asedio y amenazas de incendio por grupos de choque, justo cuando la misma oposición política a Nicolás Maduro marchaba por la salud en Venezuela. No supe de ningún médico se pronunciara en contra del ataque, tampoco contra los linchamientos, ni a favor de la infancia por el uso de los niños durante los hechos de violencia.
Al comienzo de las protestas, hace casi dos meses ya, una señora de 86 años, de nombre Ricarda de Lourdes González, murió en su casa a causa un accidente cerebro vascular, por no poder salir a un centro médico asistencial, debido a las guarimbas ¿Esa vida importa menos que la de los niños muertos en las protestas? ¿Puede pensarse en reconciliación entre los propios vecinos cuando incluso hay muertes de por medio? ¿De qué se trata una “transición”? ¿En una “transición”, Karina debe ser eliminada y con ella su hija? ¿Cuántas madres nos hemos muerto con nuestros hijos?

¿Quién puede sostener en su palabra la tierra que pisa, sin ser el dolor de alguien?
A Karina le gusta sembrar ¡que no se muera la flor!

martes, 23 de mayo de 2017

Gastronauta 120: El juego




El hijo, no. El hijo nunca se pone en duda.
Marguerite Duras

En estos días, nos despertaron los gritos de unos niños en el parque, otra vez. No habían ido a la escuela (quién sabe por cuánto tiempo ya), y como de costumbre estaban solos. No entendía del todo lo que decían, pero le gritaban a las niñas que viven más arriba, en la montaña. El más pequeño le llegó a proferir a sus “enemigas” un “goooorda” que no le cabía en la boca. “Gooooooorda, como tu mamá”. Las niñas se callaron ipso facto (porque en la Venezuela de las mises, ese puede ser el peor de los insultos). Dos de los más grandes balbuceaban en otro idioma. Después de aguzar el oído, nos dimos cuenta de que trataban de hablar en inglés. Tenían en las manos un par de pistolas de plástico. Me contuve el comentario, y en cambio los observé: jugaban a la guarimba.
Nos dimos cuenta porque en su espanglish se identificaban como la Guardia Nacional y el otro grupo como los guarimberos. Las pistolas a las que llaman Nerf descargan dardos de plástico, insuficientes para los niños, que después de disparar se lanzan unos contra otros con todas sus fuerzas. Los que no tenían armas juntaban sus manos y con el índice y el pulgar imporvisaban una: “¡Pan-pan!”.
Hay una niña. La niña que siempre está con las patotas. Generalmente la bambolea un perrito mal amarrado al que pasea todo el día. Se viste con la indumentaria de los marchistas de la oposición venezolana, camisas blancas, pantalones leggins, gorras de Venezuela sin el escudo, zapatos deportivos. Nos mira a todos con incertidumbre, esperando el saludo, también la despedida. Contesta entre dientes. Es delgada, de cabello largo y negro con flequillo pronunciado. Los dientes frontales le sobresalen, lo que me parece la hace tímida. El resto -los varones a quienes acompaña en la “guerra”- la trata como el perro a la niña, la serpentean.

Después de aquella escena, tuvimos que salir a por medicamentos. En la entrada de la casa un grupo de vecinos se manifestaba a favor del paro nacional, por lo que trancaban el paso. Entre la gente estaban la niña y algunos niños de aquella guerra matutina. A la niña la jamaqueaba el perro mal amarrado. Cuando nosotros nos hicimos paso, amagaron con venirse detrás, el perro y la niña. Uno de los niños juntó las manos y nos apuntó, sin ninguna discreción: “¡Pan-pan!”.
Y ahí, bajo pleno sol sobre las estelas de los pinos, la jauría nos mostró los dientes. La niña soltó al perro y los vecinos la lengua. Nos dijeron palabras gordas, de las que no le caben en la boca, palabras de guerra que no les caben en el cuerpo, y retrocedieron. La niña dejó la piedra en el piso. Ninguno supo por qué nos atacaba. Comprendimos entonces que para ellos esa y otras mañanas son un juego.
No hemos vuelto a saludarnos. Pero yo se que todo lo que quería la niña era escucharnos decir adiós.
De camino a la farmacia nos preguntamos ¿qué remedio podíamos traerle a estos niños? ¿Hay algún remedio? ¿Dónde pongo lo hallado?

A mí nadie me preguntó si yo quería jugar.


domingo, 21 de mayo de 2017

Crónicas guarimberas 2: Valientes


Se nos hizo tarde para el almuerzo. Una tranca a propósito de las guarimbas nos impedía volver a casa a cocinar. Así pues nos detuvimos en una pollería en la mitad del camino, para que nuestras hijas compartieran una pieza de pollo. Al entrar, de uno en uno todos voltearon a verme. Me seguían con los ojos, cada paso. A los señores de la mesa de la esquina se les fruncía el entrecejo más y más. Uno tenía una camisa de los Marlins de Miami, el más fornido, también el más entrado en años. Tenía más canas que pelos en la cabeza. El acompañante portaba una chaqueta negra tan negra como su mirada. Las de al lado de la puerta, una abuela, su hija y dos nietas, que vestían como si volvían de la playa, se ponían todavía más rojas conforme cruzaba la estancia. Había otra familia de mujeres. Comían helado. Tan pronto como caminé entre las mesas, la matriarca dejó de lamer la barquilla de chocolate. En sus ojos, el encono. En una mesa en un rincón, un muchacho con retardo y en situación de calle, se comía las sobras de los comensales. Al llegar a la caja, E se llevó a M al baño a orinar. Delante de mí estaba un señor que terminaba su compra. Antes de irse, se volteó. Yo tenía a A en brazos. Miró a mi niña, le sonrió. Luego se dirigió a mí:
—Es usted valiente.
En eso llega E. Y no alcancé a preguntarle al hombre de la caja los por qué sería yo valiente.
El más canoso de todos, que ya caminaba para irse con su bandeja de huesos en mano, junto al de chaqueta, me pasó por el lado y me dijo entre dientes algo así como que “dale gracias a tus hijas”.
E, se me queda mirando, buscando alguna respuesta.
En ese momento, me tocaba llevar a mi otra nena al baño.
...
Cuando me miro al espejo, me descubro en el descuido. Se me ocurrió salir de casa (como casi siempre) sin reparar en mi indumentaria. Tenía puesta una camisa con una estrella roja: suficiente como para que se me mire con odio, para que se me pueda linchar, quemar, golpear, sacar de establecimientos varios. La suficiente como para declararme enemiga, la insuficiente como para que mis hijas me salven.
Cuando salgo del baño, el hombre de la caja, el de los “por qué” me esperaba en la puerta. Alcé la mirada por sobre su cabeza, pero no divisaba a E. Me dije, “ay coño”. Apreté fuerte a mi hija entre mis brazos y me desplacé al mismo lado que el hombre se movía. No me tocó más que enfrentarlo.
—¿Qué pasa pues? ¿Me vas a joder? Acas...
—Para nada, camarada. Sólo quería decirle que somos muchos. Y, no estamos solos.

...
¿Cuántos segundos transcurrieron para que apuñalearan y quemaran a un hombre al que acusaron de chavista, y no lo era (pero era negro), ayer en la guarimba mayor en Altamira? En el video en que se nos muestra la hoguera -como casi siempre- se formaba una rueda alrededor del quemado vivo, compuesta de hombres “puros” (de los que purifican con llamas) y “valientes”. Y a pesar del gentío, ese hombre negro (y por lo tanto ladrón, pobre y chavista) estaba solo.

...
Me pregunto si la estrella roja fue insuficiente, y si lo del hombre en la puerta del baño, una prueba.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Crónicas guarimberas 1: ¡Esa gente!


Por Indira Carpio Olivo

Yo he visto a personas escarbar en la basura para conseguir algo de comida. Bienaventurados los que no asisten a estas escenas. Bienaventurados los que se hacen la vista gorda. Bienaventurados los que la niegan, de ellos será el reino del desconsuelo.
Vivo en una zona en la que las bolsas amanecen desmenuzadas por los perros. Esta mañana me despertó una pesadilla: la imagen de un hombre peleándose con un perro un pedazo de cuero de pollo, con los dientes.

martes, 16 de mayo de 2017

Gastronauta 119 Mi amigo el asesino


“Mi amigo, el chavista, dice que...” ¿No va siendo hora de que se aleje de ese amigo al que cree asesino y al cual usted muy “valientemente” podría linchar? ¿No va siendo hora de que no le llame amigo? Pudiera replantearse los conceptos de amigo, hermano, asesino. Usted dirá que “no, él no es asesino”, pero ¿no y que apoya a los que usted llama “asesinos en el gobierno”? Y, como uno más uno, casi siempre son dos: son asesinos los que apoyan los asesinatos ¿o, no? ¿No va siendo hora de que se replantee clasificar a su amigo en esta o aquella casilla, por su forma de pensar? Es hora de que deje de repetir fórmulas ajenas, lugares comunes, que empiece a pensar en cabeza propia, es hora de que deje de justificar el asedio, es hora -y siempre la será- de hacer país, y el país empieza en su pecho y se le sale por la boca. Matar en nombre de su país es matar en nombre propio y eso no lo hace héroe, lo convierte en lo que señala, lo pone de frente al espejo, de donde no puede escapar.

Rodolfo Walsh retrató a la oligarquía dominante como una clase “temperamentalmente inclinada al asesinato” y esa “connotación importante”, en palabras del periodista y escritor argentino, “deberá tenerse en cuenta cada vez que se luche contra ella. No para duplicar sus hazañas, sino para no dejarse conmover por las sagradas ideas, los sagrados principios y, en general, las bellas almas de los verdugos”.
Dígame ¿usted, es un verdugo, o un hablador?
¿Si se encontrara de frente, a su amigo el asesino, lo confrontaría, o para ello necesita regodearse entre otros, que como usted, tienen “la tarea” de limpiar al mundo de los miserables, a los que, según los líderes de la opinión pública, una vez caiga el gobierno “no hay que perdonar a ninguno”?
¿Qué nos harán a los millones (y millonas) de chavistas?
Dígame usted ¿de qué nos quiere limpiar?
Con Patricia Ariza les digo, por si se les ocurre lavarme, “no me vayas a quitar el barro/ del que estoy hecha”.

jueves, 11 de mayo de 2017

Supuesto Negado 12 Producir la dictadura: Los niños de la resistencia

En una crónica escrita para la sección Clímax del portal elestimulo.com por la periodista Emily Avendaño (http://elestimulo.com/climax/los-ninos-de-la-resistencia/) se asegura que, en Altamira, “los niños de la resistencia” (como los bautizaron) son la vanguardia, parte de la rebeldía que, en opinión de la periodista, “se fortalece con niños”. “Nadie se pregunta por qué están ahí” y “nadie los detiene”, y para la editora y según los propios testimonios conclusivos “tienen hambre”.
En este caso, el modus operandi de los grupos de choque consiste en intercambiar guerreros por dinero o comida, para la foto. La prensa hará el resto, convertir en héroes a niños secuestrados en sus escuelas, a niños en situación de calle, y a otros fugados de casa, para hacer propaganda de guerra.
Hay una dictadura. Sí. La de los medios. Y su expresión más análoga: la de las redes.

¿Por qué no usan a sus propios hijos para hacer las molotov?


A mí también me llegó la foto de un niño con uniforme del colegio, preparando una bomba molotov durante las protestas en La Urbina, el segundo día del mes de mayo. Un niño afrodescendiente, y según el relato de la foto en la cuenta de la actriz venezolana Francis Romero (@francisactriz), con “apenas 9 años”. Romero repostea la foto y el testimonio de su colega Estefanía Angélica Valbuena Arteaga, modelo, productora, guionista y directora audiovisual, de sólo 23 años. Valbuena le hizo “saber” a sus más de 7700 seguidores en la red social que el niño quería protestar, “acongojado porque su abuela se murió al no conseguir medicamentos”. Según la comunicadora, la “gente le pedía que se fuera, pero desistía”, entonces la “criatura se puso a preparar bombas molotov”. Dizque él solito, como para la foto.
En un trabajo de la Fundación de producción audiovisual TVS Pueblo, en el que se entrevista al niño, a la madre, la tía, los tíos, la abuela, incluso a la vecina de la víctima, la historia detrás de la foto es otra.
El niño NO protestaba. Lo tomaría por el brazo “una señora” en la entrada de su colegio que lo llevó hasta el sitio de las protestas, donde según relata el niño lo golpearían, le pintarían el rostro, y lo obligarían a manipular gasolina para elaborar bombas molotov. Estuvo en clases, no tenía que pasar por La Urbina para llegar al colegio y su abuela está vivita y coleando, hechos que contradicen el relato de Valbuena.
Pero ¿por qué lo eligieron a él? Y si acaso, lo más importante ¿cuáles son las consecuencias de utilizar a un menor de edad para fines bélicos?

Supuesto Negado 11 El Papa chavista


En lo que parece un laberinto, el diálogo entre oposición y gobierno en Venezuela ha estado mediado por el Papa Francisco, quien desde octubre del año 2016 hasta la fecha ha intervenido sin concretar hasta ahora ningún concilio. Todo lo contrario. Al exponer la división interna de la oposición se ha ganado los “insultos” de comunista y chavista. Todo parece indicar que, la derecha venezolana tradicionalmente católica, en alianza inocultable con las instituciones de la iglesia, tenía otra expectativa con la participación del Papa en la crisis venezolana. Lo hacían de su lado. Al constatar que esto no es del todo así, Jorge Mario Bergoglio se convirtió en el Papa con más maldiciones en la historia.

La cosa no resultó
Las marchas de la oposición venezolana contra el gobierno de Nicolás Maduro (antes al de Hugo Chávez) también llegan a la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), desde donde se pronuncian líderes de la Mesa de Unidad Democrática. Lo mismo que los burócratas de la fe. El 31 de marzo, la CEV llamó a la calle contra el ejecutivo, a través de un Comunicado oficial, a propósito de las sentencias emitidas por el Tribunal Supremo de Justicia.
En su página web se pregunta “muy seria y responsablemente” según se califican a sí mismos “si no son válidas y oportunas, por ejemplo, la desobediencia civil, las manifestaciones pacíficas, los justos reclamos a los poderes públicos nacionales y/o internacionales y las protestas cívicas” (http://www.cev.org.ve/index.php/noticias/218-comunica).
La CEV responde directamente al Vaticano, la institución primaria en los asuntos de la Iglesia Católica. Desde la Santa Sede se habla de la paz en Venezuela, y su representante ha servido para entonar el diálogo entre los actores políticos en el país. En lo que parece un laberinto sin salida, el Papa Francisco se ha pronunciado sobre las posibilidades de comunión entre oposición y gobierno: “Parte de la oposición no quiere esto. Es curioso, la misma oposición está dividida” (http://www.telesurtv.net/news/Papa-Francisco-Venezuela-oposicion-dividida—20170429-0028.html), ha declarado al periodista Antonio Pelayo, de Antena 3 durante una rueda de prensa ofrecida en su viaje de retorno de Egipto al Vaticano (http://www.telesurtv.net/news/Papa-Francisco-Venezuela-oposicion-dividida—20170429-0028.html).
En el twitter de la CEV (@CEVmedios) se hacen eco de la catequesis impartida por el Papa desde Egipto (https://twitter.com/CEVmedios/status/859775301747965952), pero no hacen referencia a las declaraciones emitidas por el sumo pontífice en relación a la actuación de la oposición respecto al diálogo. Porque está claro que la CEV también es parte de la oposición.

martes, 9 de mayo de 2017

Gastronauta 118 Los hijos rojos


A “Rita” la cogieron con tres meses de embarazo. Tenía 23 años y su nombre real era Laura. Estudiaba historia en la Universidad de La Plata. Los pasearon a ella y a su compañero de la Esma a La Cacha, donde torturaron y asesinaron al papá de su criatura, Walmir, frente a ella. Laura y su marido habían cometido el error de ser de izquierdas, militantes peronistas. Antes de embarazarse, vivieron dos pérdidas. Aun así, se aferró a la vida que le crecía adentro mientras la vida se le moría afuera. Parió seis meses después, esposada a una cama y encapuchada. Se dice que le susurró al bebé su nombre: “Guido, como tu abuelo”. La durmieron porque se resistía a entregarlo. Dos meses después la mataron de un disparo en la cara y se la entregaron a sus padres para que la reconocieran y la enterraran.
36 años pasaron para que el hijo de Laura decidiera dejar su muestra de sangre en la organización que rescata a los niños apropiados por la última dictadura argentina: Abuelas de Plaza de Mayo, que preside la madre de su madre Estela. Se convirtió en el nieto 114 encontrado de por lo menos 500 que buscan sus abuelas. “Mi mamá no se va a olvidar de lo que me hicieron y los va a perseguir”, le dijo Laura a una compañera sobreviviente.
Bajo la dictadura de Videla en Argentina, según las cuentas oficiales (que son siempre muy conservadoras), 30 mil almas fueron desaparecidas. A las mujeres guerrilleras, militantes de izquierda, además de torturarlas, las violaban. Los soldados se convirtieron en las comadronas de las embarazadas, que después de parir pasaban por la pólvora de sus captores, quienes después se quedaban con sus hijos con sus hijos, o lo repartían, como barajas.

domingo, 7 de mayo de 2017

Supuesto Negado 10 La ciberguarimba, qué es y cómo actúa

Las guarimbas en Venezuela pueden denominarse como actos terroristas toda vez que se constituyen en hechos violentos que atentan contra la vida humana, animal, en contra de la naturaleza y de las instituciones que hacen funcionar la vida diaria: derribo de árboles, incendio de bosques y animales, daño patrimonial, colocación de guayas que en 2014 decapitó a un motorizado, derrame de aceite en las autopistas, linchamiento de personas con ideas contrarias, dentro del que se cuenta no sólo las golpizas propinadas a contrarios, sino a su misma gente por oponerse a la violencia, a periodistas de medios del Estado, como también de medios privados, y el haber arrojado a personas al río Guaire porque le parecían chavistas, entre tantos desmanes.
Estos focos de criminalidad, al margen de la ley, encuentran su correlato en la web, no sólo por la manipulación mediática, sobre todo internacional, que padece el pueblo de Venezuela, sino porque en las redes unos y otros se guindan por los pelos y atacan sin piedad al oponente.
Por ejemplo, después de la marcha y la contramarcha el 19 de abril, la red social Twitter en Venezuela hizo tendencia nacional la etiqueta #lubriomamaguevo, en la que se podían leer insultos contra el bloguero Luigino Bracci Roa, por ser activista del socialismo bolivariano y defensor del conocimiento libre.

martes, 2 de mayo de 2017

Gastronauta 117: Juan Pablo


Antes de que Juan Pablo cayera ya lo había matado Ramos Allup. Freddy Guevara había dibujado su sombra en el piso. María Corina “sabía” que un Guardia Nacional le pegaría una bomba lacrimógena en la cabeza. Ramón Muchacho había mandado a limpiar la escena del crimen. La verdad no importaría, porque como el agua, después de derramada ¿quién podría recogerla?
Todos los días hay pañitos que absorben de a poco las gotas, pero eso a quién le cambiará de ideas. Que si jugó basket, que era becado por la Universidad Metropolitana, que tenía veinte años, que no fue una bomba lacrimógena, que el arma que le rompió una costilla era de perno cautiva, que pudo ser un chopo de fabricación casera, que los mismos que lo cargaron y dejaron a la entrada del centro de salud pudieron ser sus agresores.

Era 26 de abril, pasado el mediodía. La Torre Británica en Altamira le hacía sombra a los ya acostumbrados destrozos de una facción de la oposición política al gobierno de Nicolás Maduro. En Altamira, buena parte de los vecinos continúan afectados por el humo de los escombros quemados por los manifestantes, lo mismo que por las lacrimógenas de las fuerzas públicas. Vivir se les ha convertido en saber sortear el terrorismo.
A las 3:00 de la tarde, el Centro Asistencial Salud Chacao recibía a Juan Pablo Pernal
ete Llovera, a quien después de aplicar las maniobras correspondientes, declararon muerto.
De inmediato, algunos líderes de la oposición dieron por hecho la responsabilidad de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) de la muerte del muchacho e hicieron pública su propia versión de lo ocurrido. Para la mayoría, un muerto más es un trofeo más, otra razón para clamar por intervención extranjera, justo cuando Venezuela decide separarse de la Organización de Estados Americanos.

lunes, 17 de abril de 2017

Gastronauta 114 ¿Por qué Jairo?


La cama de Junior estaba destendida.
Junior le dice su padre a Jairo Johan Ortiz Bustamante a quien Carolina, su madre, lo llamó igual que a su esposo. Era como los niños que se crían con los abuelos, de alma vieja, pero a los que se les consiente dejar las sábanas desordenadas. Doce años tenía cuando Jairo se interesó por la poesía, y recurrió entonces a la voluptuosidad de la guitarra. El niño iría con su abuelo Melvi a recibir clases. Vivían en el piso uno de la torre cuatro, en el último de los verdes de Montaña Alta, Carrizal. Cuando se fueron de casa de los abuelos a hacer familia, a tan sólo doce kilómetros, Carolina y Jairo se divorciaron. Junior tenía nueve años, aproximadamente. Entonces sufría de sobrepeso y se molestaba porque le llamaban gordo. Era de personalidad introvertida.
La cama de Junior estaba destendida.
El 7 de abril de 2017, Carolina volvió de Aruba, donde vive hace unos años. Estiró el esquinero, dobló la sábana y se sentó en la mitad del colchón a oler a su hijo. A descansar donde mismo él había descansado horas antes. Jairo no quiso irse con ella, ni con su padre a Barinas, “¿quién cuidaría de los abuelos?”; sin embargo tampoco se fue con Digna y Melvi cuando se mudaron a Guarenas. Viviría con su tía, aunque Carina estuviese más en casa de sus padres, ahora en el otro extremo de Miranda. Jairo, de 19 años, cursaba tercer semestre de Ingeniería de Sistemas en la Universidad Nacional Experimental Politécnica, en la Yaguara. Aun así pensaba irse a Colombia, con su novia Oriana, a probar suerte.

jueves, 13 de marzo de 2014

¡Fuego!

Empiezo este post con el testimonio del músico marabino Gustavo Colina, quien nos grafica brevemente lo que ocurre en Venezuela, con una parte de los venezolanos:
"cuento que al gran amigo, director de orquesta Havid Sanchez salió en silla de ruedas y su perro a protestar por una barricada encendida frente a su casa, sufre Havid de un enfisema pulmonar y una severa afección del corazón, sus vecinos lo acorralaron y tiraron al perro a su guarimba y murió carbonizado en su presencia, es dantesco y bizarro pero es lo que está pasando". (1)
¿Hasta dónde llega la rabia? ¿Cómo le hace Havid para mirar la cara de sus vecinos? ¿Cómo pueden matar un ser vivo en la hoguera y permanecer de pie para contemplarlo? ¿Se sana un corazón así de destruído?
Sepa que en una jornada talaron en Maracaibo más de 500 árboles patrimoniales, lo que nos hace pensar que en vez de querer tumbar al gobierno, su destino es tumbar los árboles.
Parece que no sólo quieren que sus vecinos respiren los gases tóxicos de sus incendios, sino dejar sin árboles a la ardiente capital zuliana.
Ya lo dijo el maestro Fruto Vivas, que "lo único que salva del calor a Maracaibo son los árboles... no los aires acondicionados".

Pero el ecocidio es sólo una cara de la moneda; los ataques contra los animales, el cobro de peaje a los vecinos, el ataque selectivo a chavistas y el sometimiento paramilitar expresan la doblemoral del que señala a los supuestos colectivos como "brazos armados del gobierno", mientras se organiza para someter a su comunidad.
Estamos pasando de ser paciente a que nos vean la cara de pendejos.
No podemos bajar el mentón y hacer la fila a un nuevo Auschwitz, porque de serles posible todos aquellos que vean como "los rojos" iremos a parar a sus hornos crematorios.
Para los que creen que "su lucha" (¿les suena Mein kampf?) es un tantito parecida a la antisistema, porque a lo que les pase por el frente (léase también entidades bancarias, Mc Donalds -que no lo quemaron-, La Torre Británica, a La Caperusita, al lobo, al Botánico, al Ávila) le prenden fuego "pacíficamente", incéndiense el culo a lo Bonzo y háganle un favor a la humanidad.

Alcalde opositor Smolansky con su fuego sagrado.
(1) Hemos añadido esta nota porque según las informaciones expuestas en la página de Alba ciudad (http://albaciudad.org/wp/index.php/2014/03/maestro-havid-sanchez-y-su-perro-se-recuperan-tras-ataque-violento-de-opositores-en-maracaibo/) ambos, el maestro Havid y su peerito Nacho se recuperan de la embestida en su contra.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Venezuela en minúsculas


I
Entré a una marisquería en Sabana Grande a cambiarle el pañal de Pola.
En el baño estaban la señora que asea, y dos mujeres más: las tres de más de 60 años.

Como es costumbre, hablaban de la “situación del país”. Las sexagenarias discutían sobre la violencia, pero sólo las dos comensales se asumían orgullosamente opositoras al gobierno.
En la refriega, rápidamente se alzaron la voz, hasta gritarse y ofrecerse golpes porque “la violencia opositora es infiltrada”, decía una, y la otra reconocía que de su lado también se cometían excesos.

En medio de los rugidos, Pola pasó de la intranquilidad habitual, al miedo y al llanto. Les pedí -con respeto- que bajaran la voz, porque la niña estaba atemorizada. Me vieron con odio. Una, muy a su pesar enmudeció. La otra me enfrentó:

-¿Por qué me voy a callar, chica? Yo digo lo que me de la gana... Me sabe a mierda que tengas un bebé ¿Acaso yo no lucho por tu hijo también? ¡Malditas chavistas!..
Y continuó su parafernalia de insultos, mientras marchaba a la puerta.

La señora del aseo y yo continuamos limpiando la mierda. “Esa gente en sí misma es una guarimba. Se autosecuestran, se escupen y se matan solitas”, me dijo la abuela.


lunes, 24 de febrero de 2014

Plan de gobierno escuálido

Protesta por la libertad;
apresa a sus vecinos con las guarimbas.

Manifiesta contra la inseguridad;
degolla a un trabajador con una guaya.

Se queja de los Colectivos armados;
adora a un Ex General con un fusil abrazado.

Exige que se vaya un supuesto ejército cubano;
suplica que nos invada EEUU.

Se lamenta del desabastecimiento;
derriba e incendia gandolas de alimentos.

Reclama poder salir de casa y volver con vida;
no permite que personas enfermas accedan a centros médicos.

Estas aparentes contradicciones llevan varios días cociéndose en sus propias cacerolas, con la anuencia y el empuje de sus líderes. Leopoldo López se entrega, pero pide seguir en las calles. Él está a resguardo, mientras los demás hacen rodar barranco abajo su odio, como una bola de nieve ¿Reconciliación? ¡Nah! ¿Cómo puedo confiar en una señora que dice que no me lincha sólo por mi pequeña? A lo mejor no lo haría, pero su lengua es un puñal oxidado, un vaso de agua regado.

Este es el Plan de gobierno de una parte de Venezuela, que obliga a sus vecinos a sufrirlos si porque si.

La avalancha de violencia empieza a tornarse selectiva. En San Antonio de los Altos, compañeros denuncian ser objeto de acoso y guarimbas frente a sus hogares. La rabia les ciega. No ven ni siquiera a los niños.
Dicen que apuesta por su futuro, como si ese momento no se construye en el presente ¡Otro disparate!


Colocan guaya con que mataron a motorizado, en guarimba.