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jueves, 5 de mayo de 2016

Mujerícola 49: Mayo

Quinto mes
A casa llegaron las lluvias de mayo. A la más pequeña se le salen por todas las bocas, especialmente cuando nos cubre la noche.

Tercer trasnocho
No tuve cabeza para vomitar palabras, y me acosté atestada, sin sacármelas antes de entrar a la cama.
Tres de la madrugada
El grito agudo de mi hija nos salvó del charco en el que me ahogaba. Ambas sentimos una descarga eléctrica. El golpe fue de un instante, pero me robó el resto de la noche.

martes, 4 de agosto de 2015

Gastronauta 46: Teta

Sera McCorkle por Kate Murray

Para algunos la palabra teta es un laberinto:
“Es más bonito si dices seno, decir teta es tan grosero”, me enseñaron.
Pasa con la teta lo que con la cuca, tiene más nombre que Simón José de la Santísima Trinidad.

Decir teta ofende. Pero tener teta es hacer malabares con agujas:
A él lo acostaron y sobre cada una de sus pezones equilibraron el canto de una moneda. Lo puñetearon. Les daba pánico que les crecieran como a una mujer. Y entonces fue preferible mancarlas.

En el horizonte tembloroso de un río de leche se miran los miedos:
Una vez me preguntaron que si darle teta a mis niñas no les fomentaba el lesbianismo, condenando la elección de ama(manta)r en libertad.

Dar teta puede convertirse en una invitación al acoso:
“De ahí comemos varios”, dice uno. El otro le responde “y quedamos satisfechos”. Se le enciman. Ella se la guarda. El niño llora. Nadie dice nada.

martes, 30 de junio de 2015

Gastronauta 41: Opus mater



Gabriela ha logrado sortear los papeles, certificados, facturas, mocos, ha conseguido envasar su leche, congelarla, incluso hay quien le cuide a Luciano. Junto pre y postparto, también las vacaciones. La pediatra le firmó un par de permisos, asegurando la alergia del lactante a fórmulas y leches ajenas a la de su madre. Y, así.
Lucho tiene once meses, y su mami ya se perdió su primera palabra, hoy su primera caminata. María se la ha descrito por teléfono, y Gabi no pudo entonar palabra sin llorar, escondida, en el baño, porque tampoco puede ocupar su tiempo de trabajo en “menudencias domésticas”.
Todos los días ensaya su renuncia, reacomoda las comas, le quita esto y le agrega aquello. Pero Gabi es madre soltera y aunque sueña con acompañar a Luciano en todas sus primeras veces, no puede darse el lujo de quedar desempleada.
En la tarde -ya casi noche- cuando se encuentra con su pequeño, un nido de avispas le come el centro del pecho. El amor le desordena, las tetas le lloran, Luciano la aprieta.
Gabriela antes de saber que su vientre era habitado por Lucho, anhelaba parir una nena...

martes, 19 de mayo de 2015

Gastronauta 35: Tetada



A mi amigo Franco que nos visita desde Argentina, siempre le chocó, le choca, encontrarse con esos maniquíes que tienen más tetas que ropa. Un pedazo de plástico, que en Venezuela imita a la realidad: la masificación de los implantes mamarios como consecuencia de una idea de belleza impuesta desde las redes del bisturí. Así la publicidad, aliada del sistema, inunda las calles con imágenes de la redondez “perfecta” ¿La culpa? Siempre es de la mujer, por no tener, por tener demasiado, por tapar, por exhibir. (1)
Lo que parece una verdad es que un par con silicón no agrede a nadie. En cambio, una madre que amamanta levanta las más insospechadas conductas.
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Una vez, el chofer de camionetica ofreció dejar caer sobre mí su pañito de secarse el sudor, para que me tapara mientras amamantaba a Pola. “La teta del pueblo, pues”, llegó a proferir.
A Circe, una mujer la detuvo en el metro para preguntarle si le gustaba “que le chuparan las tetas en público”.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Gastronauta 18: Antojo de coco

Cuando Irma parió a Gabriela, le contó los deditos, unos, dos, tres... diez. La persignó tres veces y procedió a inspeccionar todo el cuerpito de tres kilos trescientos que había pujado contra el mundo. Bajo el ombligo, el signo de un deseo no cumplido: un lunar con forma libro abierto.
Si, no se había comido página por página el ejemplar de la Biblia que reposaba en la gaveta de la mesita del lado derecho de la cama. Sólo había probado un poco de la tapa. Y no completó la arcada, cuando la devolvió completica.
Todas las mañanas abría el cajoncillo y babea sólo con el olor de las sagradas escrituras. Pero inmediato sentía el retortijón y detenía el impulso.
Comprobó a los meses, cuando sus piernas en ve coronaron la llegada de su primogénita, la impronta de su extraño padecimiento.

Irma no está sola. Cuando hinchó su vientre, a mi tía le dio por comer jabón azul en pasta. A mi prima, pasarle los dedos a los carros y chuparlos como si del mejor platillo habláramos. Una amiga rompía las paredes y se las comía a gajos.
Lo único que aliviaba la acidez de otra de mis segundas madres era lamer el cabello recién lavado de mi tío, a otra degustar la borra del café.
Las panzonas solemos mezclar lo dulce y lo salado, el agua con el aceite, inflar la lengua tanto como la barriga, almacenar energía en cadera, brazos y ancas, para luego desinflarnos en el camino lechoso de la teta.
"Sino lo vomitas, no fue un antojo", dicen las viejas. "La acidez con lo ácido se quita, chúpese un limón", repica otra por ahí.
Hay la que no padece ni coquito, la que lo único que le advierte de su gravidez es el leve crecimiento de su vientre. Bien por ella. Se dice que casi el noventa por ciento de las mujeres embarazadas sienten antojo o predilección por algún alimento, una preparación; y según la experiencia -propia y ajena- que lo que en el embarazo le produjo esa afición, después de parida lo asquea.

martes, 14 de octubre de 2014

Gastronauta 12: Caracola



¿Habrá alguna artesanía que requiera más amor, más paciencia (*) que dar teta? ¿Tendrá que ver la construcción de nuestro reloj social con el destete temprano y la posterior proliferación de enfermedades? La responsabilidad de alimentar a otra persona con la savia de tu cuerpo requiere dedicación, y esa es una consagración que el sistema no está dispuesto a patrocinar.

¿La aceleración de los tiempos (post)modernos es causa o consecuencia de la cultura chatarra, promovida por la comercialización de la comida rápida y su globalización como paradigma?

Ante este panorama, hemos de elevar como propuesta la conformación de una política cultural para la ralentización de la vida, la vuelta a los ciclos, en los que prevalece el cuerpo natural (y su derivación en social), asunto que consiste en escucharnos y hacernos un poco de caso, obedeciendo al instinto.

Propone Dario Fo al caracol como símbolo de esta (lenta) moción, convertida en movimiento internacional y que es mucho más de lo que he venido a decir.

Podemos taparnos los ojos, incluso podemos no oir.
Al decir de Courtoisie "Los sordos hambrientos, sólo pueden oler la suculencia, quedarse en su orilla sin escucharla".
En cambio, el caracol "muerde la música de las hojas".

Necesitamos detenernos a respirar ¿Cómo puede la nada sostener nuestras masas?

(*) Cuando me refiero a la paciencia para dar teta, hablo de la tranquilidad y la calma que requieren ambos cuerpos, el de la madre y la cría, para manar río abajo.


jueves, 9 de octubre de 2014

Gastronauta 10: Vesubio (la teta)




Mi bisabuela fue muerta en la Primera Guerra Mundial. Según contó mi abuelo, fue hallado sobre el cuerpo descocido de su madre, pegado a su teta.
Un siglo se ha deshilado desde que el abuelo mAMÓ hasta que mi hija hizo callo mis pezones. A mí me parecieron cien años los seis meses en carne viva, pero lo hice. La fuerza  ancestral para lograrlo me trascendía.
Antes y ahora, de un suspiro se acabó el dolor y solo quedó el placer de la comunión en nuestras historias. La trenza del vientre de la nona al de Apolonia es un puente de savia que resiste la muerte.
Mi Vesubio ha sepultado ciudades y me devuelve en cada emanación a la tierra, tendida, acariciando hasta el último soplo la cabeza de mi abuelo.
Sólo tengo que cerrar los ojos y desconectar el intelecto para viajar a la vieja bota, entre detonaciones y una canción de cuna en italiano. Producir el alimento con el que nutres cuerpo y alma de un pedazo de ti es comparable a la meditación. Dice Laura Gutman:

La lactancia es manifestación pura de nuestros aspectos más terrenales y salvajes que responden a la memoria filogenética de nuestra especie. Para dar de mamar sólo necesitamos pasar casi todo el tiempo desnudas, sin largar a nuestra cría, inmersas en un tiempo fuera del tiempo, sin intelecto ni elaboración de pensamientos, sin necesidad de defenderse de nada ni de nadie, sino solamente sumergidas en un espacio imaginario e invisible para los demás.


Eso es dar de mamar. Es dejar aflorar nuestros rincones ancestralemente olvidados o negados, nuestros instintos animales que surgen sin imaginar que anidaban en nuestro interior. Es dejarse llevar por la sorpresa de vernos lamer a nuestros bebés, de oler la frescura de su sangre, de chorrear entre un cuerpo y otro, de convertirse en cuerpo y fluidos danzantes.

martes, 2 de septiembre de 2014

Ser madre, una coartada

Ayer noche, nos disponíamos a cenar. Ernesto nos hizo una arepita (más bien arepota) con huevo revuelto, queso y jugo de guayaba. Además, siempre tengo un postrecito guardado, para la ocasión manjar de limón.

Veo la mesa y me digo que es mucho. Pero inmediatamente una vocecita repica: De mi plato comemos Pola, bebé y yo, es decir tres personas. Soy una madre en la que crece otro ser humano y de la que se alimenta -a través de la tetica- una niña en franco crecimiento.

Merecemos los mejores manjares.
Las madres somos como un árbol ancestral, capaces de vivir tantas vidas como anillos componen nuestro tronco.

Ser madre, una coartada ¡Buen apetito!


miércoles, 12 de marzo de 2014

Venezuela en minúsculas


I
Entré a una marisquería en Sabana Grande a cambiarle el pañal de Pola.
En el baño estaban la señora que asea, y dos mujeres más: las tres de más de 60 años.

Como es costumbre, hablaban de la “situación del país”. Las sexagenarias discutían sobre la violencia, pero sólo las dos comensales se asumían orgullosamente opositoras al gobierno.
En la refriega, rápidamente se alzaron la voz, hasta gritarse y ofrecerse golpes porque “la violencia opositora es infiltrada”, decía una, y la otra reconocía que de su lado también se cometían excesos.

En medio de los rugidos, Pola pasó de la intranquilidad habitual, al miedo y al llanto. Les pedí -con respeto- que bajaran la voz, porque la niña estaba atemorizada. Me vieron con odio. Una, muy a su pesar enmudeció. La otra me enfrentó:

-¿Por qué me voy a callar, chica? Yo digo lo que me de la gana... Me sabe a mierda que tengas un bebé ¿Acaso yo no lucho por tu hijo también? ¡Malditas chavistas!..
Y continuó su parafernalia de insultos, mientras marchaba a la puerta.

La señora del aseo y yo continuamos limpiando la mierda. “Esa gente en sí misma es una guarimba. Se autosecuestran, se escupen y se matan solitas”, me dijo la abuela.


martes, 11 de febrero de 2014

Revolución destetada y transgénica


Por Indira Capio Olivo

Dos son las conclusiones más evidentes de los recientes decomisos practicados por el gobierno nacional durante este fin de semana en los Bolipuertos, ubicados en La Guaira.

Uno. Se pone de lado la lucha por promover la lactancia materna, al lanzar al ruedo diez mil latas de fórmula lactea, que permanecieron cuarenta días en los contenedores del puerto, según el Ministro del Poder Popular para el Transporte Acuático y Aéreo, Hebert García Plaza (1).
Además, no hablamos de cualquier pote de leche. El funcionario expuso a la opinión pública la marca Enfamil Premiun, de Mead Jhonnson.
Esta fórmula en particular ha sido denunciada por estar relacionada con la muerte de infantes en Missouri, Estados Unidos (2) debido a la incorporación de una bacteria al organismo de los recién nacidos.
Para agregarle al caldo,

jueves, 15 de agosto de 2013

Una de mis experiencias con la lactancia materna

La noche del cuarto día de haber parido a Pola le dio fiebre. Detectada la infección, recetaron antibióticos y hospitalización… dolor.
Ya tenía los pezones agrietados, sellados como si me hubiese quemado con el encendedor de tabacos de un auto.
Allí estábamos, la madrugada de un lunes bajocero en una clínica cualquiera, con un doctor que me decía que mis tetas podían contribuir a la infección porque podían estar “purulentas”. Eran las doce de la medianoche cuando llamé a la primera de las soldadas de la leche.
A las siete de la mañana llegó una. A las nueve, otra. Más tarde, una fila de tetas de mujeres que ni conocía llovían sobre la boca de mi hija.
La lactancia materna se me transfiguró en un hilo de leche visible entre las mujeres, un lazo primitivo que me recuerda al cooperativismo como forma de (sobre)vivir.
Esa misma tarde, después de “harta agua caliente”, como me decía una madre de leche colombiana, gasa en mano, arranqué mis costras y volví a darle agüita de vida a mi niña.


lunes, 22 de octubre de 2012

La muerte como una nodriza | Dagley

Dibujo
Autor: R. Dagley

Fecha: 1828



Mientras una madre disfruta de su tiempo, la nodriza-muerte da el pecho a su hijo. Esta imagen fue sin duda un alegato en favor de la lactancia materna y en contra del uso de las nodrizas. 
Durante siglos, muchas voces que desaconsejaban la contratación de los servicios de otras mujeres para dar el pecho a los propios hijos, por razones médicas, o por razones de índole política y social.
 
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Hoy, la televisión se ha convertido en esa calavera que da de mamar a las transnacionales de los alimentos, en una nodriza que enferma.

martes, 16 de octubre de 2012

Nacer es importante

Nacer es importante.
Ustedes que han estado de pie a los postes de la cama
y han visto a una madre el día de su cosecha alta,
el día de la mas dorada de las lunas llenas para ella.
Tú que has visto al nuevo niño mojado
seco detrás de las orejas,
envuelto en suaves prendas frescas,
frunciendo sus labios y enviando una boca a tientas
hacia los pezones cuando la blanca leche está lista

Tú que has visto el salario de amor
de esfuerzo salvaje y dulce agonía -

Tu sabes que nacer es importante.
Tu sabes que nada ha sido mas importante para ti.
Tu entiendes que el salario del amor es tan viejo,
Tan envuelto, tan trazado con circulos de la luna,
Con tanta astucia con los secretos de las sales de la sangre -
Debe ser mas viejo que la luna, más viejo que la sal.

Carl Sandburg (Poeta, historiador y novelista norteamericano)
Caryyork

martes, 9 de octubre de 2012

Clara

..."Clara, en cambio, estaba encantada con su hija. Pareció despertar de un largo sopor y descubrir la alegría de estar viva. Tomó a la niña en los brazos y no la soltó más, andaba con ella prendida al pecho, dándole de mamar en todo momento, sin horario fijo y sin contemplaciones con las buenas maneras o el pudor, como una indígena. No quiso fajarla, cortarle el pelo, perforarle las orejas o cont
ratarle una aya para que la criara y mucho menos recurrir a la leche de algún laboratorio, como hacían todas las señoras que podían pagar ese lujo. Tampoco aceptó la receta de la Nana de darle leche de vaca diluida en agua de arroz, porque concluyó que si la naturaleza hubiera querido que los humanos se criaran así, habría hecho que los senos femeninos secretaran ese tipo de producto. Clara le hablaba a la niña todo el tiempo, sin usar medias lenguas ni diminutivos, en correcto español, como si dialogara con una adulta, en la misma forma pausada y razonable en que le hablaba a los animales y a las plantas, convencida de que si le había dado resultado con la flora y la fauna, no había ninguna razón para que no fuera lo indicado también con la niña. La combinación de leche materna y conversación tuvo la virtud de transformar a Blanca en una niña saludable y casi hermosa, que no se parecía en nada al armadillo que era cuando nació"...

Extracto de "La casa de los espíritus", de Isabel Allende

El colecho en otras culturas


En Japón los bebés y los niños duermen entre sus padres, desde hace siglos. A la madre nipona le interesa que sus hijos se conviertan en una parte de la madre, en un ser social conectado. En estudios comparativos con otras culturas, como la americana, las madres japonesas esperan que el niño domine habilidades grupales, como la cortesía y el autodominio, y para las norteamericanas prefieren que dominen la expresión verbal y habilidades sociales como compartir con otros.
En EEUU existe una obsesión por conseguir que sus hijos sean independientes lo antes posible. El contacto físico con el bebé es relativamente mínimo, la madre rara vez lleva al niño en brazos. Se supone que es normal que los bebés lloren mucho, y los padres no consideran necesario responder a todos sus ataques de llanto.
Los bebés norteamericanos tienden a pasar la mayor parte del tiempo solos, durmiendo en una cuna, comen aparte del resto y se acuestan a otra hora.
La antropóloga Margaret Mead señalaba hace muchos años:
"Comprender el modo en que se trata a los niños es una de las maneras más reveladoras de rastrear a una sociedad".
En África (en el borde occidental de Kenia), los bebés gusii está en contacto con alguien, por lo menos, el doble que el bebé norteamericano blanco. Las madres gusii ofrecen el pecho sin horarios fijos, el objetivo es mantener al bebé contento. Los bebés gusii lloran la mitad que los del mismo tiempo en países industrializados, según estudios de Robert y Sarah LeVine, realizados dentro del proyecto “Seis culturas” desarrollado por Beatrice y John Whiting. El bebé gusii nunca queda solo; las madres no conciben que pueda estar solo en un cuarto llorando. 
Los aches de Paraguay, grupo muy estudiado por antropólogos. Estos bebés pasan el 93% del tiempo diurno y el 100% nocturno en contacto con su madre. Hasta cumplir los tres años no se alejan mucho de ella. La lactancia se mantiene unos dos años, hasta el siguiente embarazo. 
 
Extraído del libro de Meredith F. Small. “Nuestros hijos y nosotros”.
Tomado de Antropología del nacimiento
 
 

jueves, 20 de septiembre de 2012

Maternidad según Simone de Beauvoir

“Otra actitud bastante frecuente, y que no es menos nefasta para el niño, es la devoción masoquista: algunas madres, para compensar el vacío de su corazón y castigarse por una hostilidad que no quieren confesarse, se hacen esclavas de su progenie: cultivan indefinidamente una ansiedad morbosa, no soportan que el hijo se aleje de ellas; renuncian a todo placer, a toda vida personal, lo cual les permite adoptar una actitud de víctimas; y de estos sacrificios extraen el derecho a negar al hijo toda independencia; esta renuncia se concilia fácilmente con una voluntad tiránica de dominación; la mater dolorosa hace de sus sufrimientos un arma que utiliza sádicamente; sus escenas de resignación engendran en el niño sentimientos de culpabilidad que, a menudo, pesarán sobre él durante toda la vida: esas escenas son aún más nocivas que las escenas agresivas”.

Beauvoir, Simone. El segundo sexo.


sábado, 14 de julio de 2012

¿Sólo madres?

Ésta es una respuesta al artículo: Sólo madres, de Beatriz Gimeno: http://beatrizgimeno.es/2012/07/12/solo-madres/#comment-1639

Vamos a ver.

Yo creo que el papel de madre, de amamantadora (que también lo pueden hacer los hombres: amamantar -aunque me crucifiquen por ello-) es un rol ganado por las mujeres, donde nos sentimos reconocidas, valoradas, por eso NO aceptamos darnos cuenta de que es una TRAMPITA; enredo en el que algunas gustosas caemos y otras simplemente lo aceptamos sin reflexionar en ello.

Pero también hay quien se levante, alce la mano y pida una intervención a la maestra y sin que se la concedan se plante en contra, esa es Gimeno y yo la aplaudo.

[Intersticio: conozco casos -todavía en el siglo XXI- en los que las mujeres se "pelan" con las pastillas anticonceptivas para quedar embarazadas para "amarrar" a un hombre -novelesco, pero cierto y asqueante, claro-: "embarazada por error", porque además el cuido durante las relaciones sexuales muchas veces recae en la mujer y lo aceptamos sin rezongar y lo usamos a conveniencia. Fin del paréntesis]

Entonces como la lactancia y la crianza se convierte en un "espacio ganado" (más inducido imposible -la comillas son para dar cuenta de ironía-), las mujeres izamos las banderas de la reproducción y nos toca más bien reproducir la misma sociedad machista-patriarcal que cree que dar teta, criar y limpiar son cosillas de las vaginas.

Somos arte y parte en una cadena que, repetimos sin la más mínima conciencia.

No estoy de acuerdo con dar leche del tetero, por razones políticas, de salud y amorosas, más que por ser talibana; pero defiendo a las que no quieran ser madres, a las que siéndolo educan a su pareja porque el padre también puede mecer y ser cobijo y criar y cocinar y limpiar y trabajar y hacernos sexo oral: a la cuádruple jornada a la que nos sometemos sin mayores remilgos, sin tantas consignas (para muchas porque Dios lo quiso así y amén).

Me gusta que abofeteen algunas cosas que están como "dadas", que son así "porque sí", porque "el dedo de Dios nos tocó a las mujeres, nos señala y somos las elegidas" porque.... y blablablá. O porque "somos creadoras y podemos transformar la sociedad" y... blablablá y mientras la rueda sigue girando y libamos las mismas aguas.

Ojalá que esas aguas realmente nos revolucionaran desde la teta.

Mientras y para que el dedo acusor no caiga (y creo caerá) sobre mí: SI, no tengo muchacho todavía y SI, todas y todos me instigan para que procree, porque ya saben "no eres mujer hasta que..."

Me da risas y a veces también me da mucha bronca, que mi madre me traiga remedios caseros (que no me tomo), o me consiga tratamientos con éste o aquel para que quede encinta; o que alguna me considere una submujer por no embarazarme a pedido y entonces "no estás a mi nivel, cuando tengas 2 hijos, seas tan infeliz como yo y aparentes emancipación, entonces..."

¿Somos algo más que madres?
y ¿siéndolo -habiendo sido enseñada a serlo desde muy pequeñas-, tampoco lo hacemos bien?