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martes, 9 de octubre de 2012

Clara

..."Clara, en cambio, estaba encantada con su hija. Pareció despertar de un largo sopor y descubrir la alegría de estar viva. Tomó a la niña en los brazos y no la soltó más, andaba con ella prendida al pecho, dándole de mamar en todo momento, sin horario fijo y sin contemplaciones con las buenas maneras o el pudor, como una indígena. No quiso fajarla, cortarle el pelo, perforarle las orejas o cont
ratarle una aya para que la criara y mucho menos recurrir a la leche de algún laboratorio, como hacían todas las señoras que podían pagar ese lujo. Tampoco aceptó la receta de la Nana de darle leche de vaca diluida en agua de arroz, porque concluyó que si la naturaleza hubiera querido que los humanos se criaran así, habría hecho que los senos femeninos secretaran ese tipo de producto. Clara le hablaba a la niña todo el tiempo, sin usar medias lenguas ni diminutivos, en correcto español, como si dialogara con una adulta, en la misma forma pausada y razonable en que le hablaba a los animales y a las plantas, convencida de que si le había dado resultado con la flora y la fauna, no había ninguna razón para que no fuera lo indicado también con la niña. La combinación de leche materna y conversación tuvo la virtud de transformar a Blanca en una niña saludable y casi hermosa, que no se parecía en nada al armadillo que era cuando nació"...

Extracto de "La casa de los espíritus", de Isabel Allende

El colecho en otras culturas


En Japón los bebés y los niños duermen entre sus padres, desde hace siglos. A la madre nipona le interesa que sus hijos se conviertan en una parte de la madre, en un ser social conectado. En estudios comparativos con otras culturas, como la americana, las madres japonesas esperan que el niño domine habilidades grupales, como la cortesía y el autodominio, y para las norteamericanas prefieren que dominen la expresión verbal y habilidades sociales como compartir con otros.
En EEUU existe una obsesión por conseguir que sus hijos sean independientes lo antes posible. El contacto físico con el bebé es relativamente mínimo, la madre rara vez lleva al niño en brazos. Se supone que es normal que los bebés lloren mucho, y los padres no consideran necesario responder a todos sus ataques de llanto.
Los bebés norteamericanos tienden a pasar la mayor parte del tiempo solos, durmiendo en una cuna, comen aparte del resto y se acuestan a otra hora.
La antropóloga Margaret Mead señalaba hace muchos años:
"Comprender el modo en que se trata a los niños es una de las maneras más reveladoras de rastrear a una sociedad".
En África (en el borde occidental de Kenia), los bebés gusii está en contacto con alguien, por lo menos, el doble que el bebé norteamericano blanco. Las madres gusii ofrecen el pecho sin horarios fijos, el objetivo es mantener al bebé contento. Los bebés gusii lloran la mitad que los del mismo tiempo en países industrializados, según estudios de Robert y Sarah LeVine, realizados dentro del proyecto “Seis culturas” desarrollado por Beatrice y John Whiting. El bebé gusii nunca queda solo; las madres no conciben que pueda estar solo en un cuarto llorando. 
Los aches de Paraguay, grupo muy estudiado por antropólogos. Estos bebés pasan el 93% del tiempo diurno y el 100% nocturno en contacto con su madre. Hasta cumplir los tres años no se alejan mucho de ella. La lactancia se mantiene unos dos años, hasta el siguiente embarazo. 
 
Extraído del libro de Meredith F. Small. “Nuestros hijos y nosotros”.
Tomado de Antropología del nacimiento