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miércoles, 8 de marzo de 2017

Gastronauta 109 #8M #YoParo


Yo paro, pero que alguien me aguante los pujos.

Cómo para la mujer con su hijo en un hospital ¿Son los hombres que la sostienen?
Cómo para la única entrada de dinero en casa ¿Cuántas madres son la única entrada de dinero?
Cómo para la prostituta para el proxeneta ¿Cuántas monedas cuesta una mamada?
Cómo para la campesina la aridez. Cómo para la niña de parir. Cómo para la que pare a los hombres que la matarán mañana. Cómo para la muerta los golpes.

Paran las mujeres, las niñas, las adolescentes, las transexuales, las lesbianas, las campesinas, las afrodescendientes, las indígenas las estudiantes, las obreras, las feministas, las que no se saben feministas. Parar, las que pueden por las que no. Las que quieren por las que no.
Parar para detenerse, levantarse, y también habitar.
Parar para no seguir engrasando y ensangrentando la Máquina, que hace uso de nuestra fuerza de trabajo (en el hogar, de cuidados a niños y ancianos) sin remuneración, y que a cambio nos mata.
Levantarse porque no podemos seguir muriendo sin que pase más que la propia muerte.
Parar para quedarse en la idea, para acompañarnos, para hacer casa en la voz de todas, por todas nuestras muertas. Por todas las que queremos la vida. Por el reconocimiento y la unidad de las mujeres en su actuación pública, la sororidad. “¿Qué sería de las mujeres sin el amor de las mujeres?” (1). Y, antes que reclamar la equidad con los hombres, debemos lograr la igualdad (reconociendo la diversidad) entre nosotras.

martes, 24 de enero de 2017

Gastronauta 104: #JeNeSuisMichelle


Yo no soy ni de cerca Michelle Robinson (#JeNeSuisMichelle). Ni yo, ni usted, mucho menos ésa mujer: que siendo afrodescendiente y también abogada y que como Michelle se estira cada uno de los cabellos que la negritud le heredó, no es ni de lejos Michelle Obama. Convengamos: a cualquier mujer exitosa le faltaría marketing (y le sobrarían muchas horas frente a la TV) para parecérsele a Michelle. Se calcula que la popularidad de Michelle antes de abandonar la Casa Blanca, rondaba el 65%, diez puntos por encima del marido. Ni una mujer exitosa ni las parias decretadas por el sistema: aquella transgénero no será como Michelle, ni caminaría con Michelle (retratada en pancartas) en la #WomensMarch. No lo podrán ser las mujeres en resistencia contra el Estado islámico (financiado por EE.UU.) en Kurdistán. Las mujeres muertas en Ciudad Juárez en manos del narcotráfico (que alimenta a EE.UU.) tampoco. Las pobres pobrísimas, las mujeres con discapacidad, la mujeres prostituidas, las verdaderamente afroamericanas, nunca serán como Michelle. Ángela Davis, tú no eres como Michelle. Hillary se parece más a Michelle, aunque Michelle es menos honesta. Digamos que hasta la bestia de Trump es más sincero, pero igual de blanco: blanquísimo.
Michelle es falsa, una publicidad engañosa.

martes, 15 de noviembre de 2016

Gastronauta 98: Infidelidad



El poder como la mujer es obtenido donjuanísticamente:
por la violencia o el engaño.
La mujer, como el poder, es sujeto de una dominación patriarcal:
personalista, déspota, e ilimitada”.
Luis Britto García (1)

Una de las campañas sucias de la política venezolana en la actualidad consiste en (burlarse y) adivinar la paternidad de un supuesto embarazo de Lilian Tintori, la esposa del líder opositor preso Leopoldo López. Y si acaso todavía más retrogrado, condenarla porque abortaría.
La “maniobra” en contra de esta mujer, que representa los intereses de su marido (intereses de la derecha en Venezuela y Latinoaméica) entra como anillo al dedo de una “izquierda” pacata que enarbola la familia nuclear como bandera, que hace uso de la población sexogénero diversa con fines electoreros (de los que -cuando tiene el micrófono- se mofa), y luego el cuerpo de la mujer como propiedad del Estado, una campaña conservadora y ofensiva para las y los feministas de izquierda.
¿Acaso, no hay mejor argumento para mantener en la cárcel a Leopoldo López, que la supuesta infidelidad de una mujer que se camina el mundo presionando al mundo por la liberación de su marido? ¿O, acaso con este tipo de falacias creen socavar la “moralidad” de una familia determinada (social y económicamente) a ocupar como su casa a Miraflores?

Decía Nietzsche que “cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti” ¿Quién puede decir que una no se convierte en el enemigo si actúa como el enemigo?

El machismo criollo pone en duda la sexualidad de un “sospechosamente demasiado soltero” candidato a la presidencia Henrique Capriles Radonski (quien contribuye con el bochinche prometiendo casamiento a cambio de votos), porque en Venezuela el poder está asociado a la potencia sexual, heteronormativa además (por eso cualquier cambio en su peso, o en las formas de su piel, lo diagnostican inmediatamente con SIDA, asociándolo a su homosexualidad).
Lo mismo disminuye a López al “donar” la vagina de su esposa a todo macho en libertad. Pone en la diana de piernas abiertas a la mujer del antagonista (porque al villano ya lo tiene tras las rejas). Entonces, Diosdado le haría el “favor” a Lilian, mientras en la cárcel a Leopoldo se le “cae el jabón”: el superhombre, versus la “mariquita”.
El rechazo a la feminidad, a los rasgos femeninos en un hombre, tiene que ver con el repudio a una debilidad asociada a la supuesta naturaleza de la mujer, nacida para obedecer, según un principio aristotélico en Política.

Acusar a Lilian de serle infiel a su marido pretende descolocar a uno de los líderes de la oposición radical contra el gobierno. Lo remite a la posición del cornudo, el poco hombre, el apocado. Ergo le faltaría hombría para liderar y gobernar. Si el machismo criollo tiene que hacer mierda los principios de la ideología que dicen practicar (el socialismo del siglo XXI) para mantenerse en el poder, se llevan por delante mujer, principios, y la ideología misma, entonces los infieles son sus militantes.
Esto, como sino fuera suficiente el prontuario de López para mantenerlo tras las rejas. Como si los poderes públicos carecieran de argumentos para sostener la decisión de hacer justicia respecto al destino de este criminal (2) ¿Esa falta de argumentos no sería contraproducente para que la libertad del personaje se haga factible? ¿A quién le conviene la superficialidad de la contraofensiva “revolucionaria”?

Carlos Andrés Pérez, una vez lo explicó así: “Aquí hay dos grandes temas para acusar y destruir a un hombre: el homosexualismo y la corrupción, lo primero me lo quitaron porque todo el mundo se dedicó a decir que yo era un don Juan. Entonces me acusaron de corrupto”. Antes que la honestidad, la “probidad” sexual.
A Rómulo Betancourt se le recuerda por querer escaparse de la “fragua” diaria en las conversaciones ligeras de las mujeres. Escaparse en “las cosas sin importancia” que discutían las mujeres era el signo patriarcal de la época para decir que las mujeres fuimos (y según la agenda, seguimos siendo) la vía de escape, la almohada donde recostar el poder, la mano sobre el hombro en la foto, el bailecito en la sala para liberar las tensiones. Querer disminuir la lucha de Lilian (lucha con la que no estamos de acuerdo), como disminuyeron el carácter de Cilia.

Que le cambiaran el nombre de Primera dama a Cilia Flores al de Primera combatiente no supuso un cambio de paradigma en el triste papel al que la historia condena a las mujeres de los presidentes en Venezuela y el mundo: el de receptáculo para los hijos (ejemplo para la familia), y la organizadora de las dádivas en Instituciones de caridad. Pero en una abogada que estuvo al frente de tantas batallas y que ahora queda relegada a la sacrosanta imagen de esposa abnegada, y al silencio ése de ser la “gran mujer detrás de un gran hombre” (a la sombra), es un paso atrás para la construcción de la imagen de la mujer revolucionaria en Venezuela.
Después de todo, Lilian hace su trabajo y lo hace bien, estemos de acuerdo o no en los motivos de su acción política (Desmond Tutu y la hija de Salvador Allende se cuentan entre sus conquistas a favor de López). Es decir, ella representa lo que la historia dice que debe ser una mujer: la que lucha para que el hombre, su hombre, tenga el poder. Pero, y qué hace Cilia.

Marcela Lagarde lo diría así: “La condición de cuidadoras gratifica a las mujeres afectivas y simbólicamente en un mundo gobernado por el dinero y la valoración económica del trabajo y por el poder político. Dinero, valor y poder son conculcados a las cuidadoras. Los poderes del cuidado, conceptualizados en conjunto como maternazgo, por estar asociados a la maternidad, no sirven a las mujeres para su desarrollo individual y moderno y tampoco pueden ser trasladados del ámbito familiar y doméstico al ámbito del poder político institucional” (3). Es decir: ser primera dama, primera combatiente no hace mojón (me perdonan lo prosaica).

En definitiva, tras las acciones de los socialistas, acá la infidelidad a los principios no la ejerce Lilian. (Véase además: Asociaciones del Gobierno revolucionario con Gold Reserve, Monsanto, Nestlé, etc. La infidelidad entonces se convirtió en un método).

Amplíe:

(1) Britto L. (2011). La máscara del poder. Caracas: Correo del Orinoco. P: 129.

(2) “Leopoldo López es un político venezolano de ultraderecha, exalcalde y exprecandidato presidencial, inhabilitado por hechos de corrupción, vinculado a instituciones financiadas por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, responsable de acciones desestabilizadoras. Aliado del expresidente colombiano Álvaro Uribe y el autor intelectual de acciones violentas en el país que han dejado decenas de muertos”. Más en: http://www.telesurtv.net/news/Leopoldo-Lopez-Agente-de-la-CIA-el-golpe-guarimbas-Uribe-y-el-fascismo-20140218-0053.html

(3) Cita tomada de la editorial de Las Comadres Púrpuras: Cilia en familia https://www.aporrea.org/ddhh/a235206.html

martes, 3 de mayo de 2016

Gastronauta 83: Tala



No se qué talla me he vuelto.

Hubo un día que la supe
era del tamaño equivocado.
Demasiado grande para entrar en aquellas telas
demasiado pequeña para ser algo, alguien.

Yo era una mujer en el mundo y no cabía en el espejo.
Desterrada la redondez
decidí buscarme, caminarme.
Llegué hasta la punta misma de mis cabellos y no estuve.

Entonces me desnudé.
Y encontré entre aquellos trapos a una niña que lloraba a una niña.
La sequé con mis despojos y regué en su piel mi olor a cereal recién segado.
Anduve con las carnes al aire y si se fijaban bien podían ver cómo iba y venía mi corazón.

Dormía sobre mí. Me vestían los ojos ajenos.
Era una flor haciendo equilibrio en la caída.
No tuve límites, y crecí, y le hice sombra al miedo.
Fui paredes y techo y tuve en mis manos la muerte.

Era cuerpo.

jueves, 24 de marzo de 2016

Mujerícola 43: Hildegard



En ella la verdad viene del verde, es una hoja que no teme amar a otra. Y que tiembla en su flor cada vez que se estaciona en él una avispa a chuparlo.
A los ocho años de edad fue el diezmo de sus padres a un monasterio alemán. Diez años estuvo tapiada en el cuarto en el que sólo la acompañaban otras aristócratas regaladas a la iglesia, y las visiones que, desde los tres, le partían la frente en halos que descomponían la luz: una lluvia de fosforescencias que luego describirían como las auras de una “migraña”, precursora del surrealismo.
Allí estaba su mano, la extensión de una porcelana que no ha tocado la tierra, pero que crece con ella como el bulbo de la flor de lis: intacta, erecta.
Empezó así a amar el vientre de María y su cuerpo en el de todas las mujeres. Tanto como al universo y la ubicación de cada cosa en las bolas de fuego que de pronto la tiraban contra la nada, para que lo construyera el todo, Hildegard von Bingen.

“Somos creados por la tierra, y la tierra te salvará”.
En plena edad media, como herbolaria, recetaba un abortivo fabricado por ella a base de leche y ramas de ojaranzo y carpe. Acudían a ella a por el espíritu, lo mismo que a por el cuerpo: el físico, el psíquico, el natural y el divino, en equilibrio con los cuatro elementos.
Se llama a sí misma pobre de forma, “ignorante porque soy mujer”, y de sus lirios manaba como científica, naturalista, médica, sexóloga, mística, filósofa, antropóloga, monja, profeta, pintora, poeta, compositora, precursora de la ecología, del feminismo, de la ópera, e inventora de la que podría denominarse como la primera lengua artificial de la historia con alfabeto propio y posible antecedente del esperanto: la Lingua Ignota.

martes, 22 de marzo de 2016

Gastronauta 77: Theotokos



María madre de Jesús, Theotokos (la que dio a luz a Dios), es una invención del hombre.
Un hombre que odiaba a las mujeres, las torturaba, las mataba, las demonizaba, y al mismo tiempo elevaba a su “virgen” al altar de los yesos católicos.
Fue en Efeso, en el año 431, cuando ocurrió aquello. Uno de los involucrados más activos en la conversión de la campesina palestina en la madre de Dios, fue Cirilo de Alejandría (hecho Santo por la Iglesia), el mismo que incitó a desollar viva a la filósofa pagana Hypatia, el mismo que movió a las muchedumbres a elevar a María como Theotokos.
Cincuenta años antes, un puñado de eclesiásticos la habían declarado “virgen perpetua”. Ciento cincuenta después, celebraron su asunción a los cielos. La deshojaron de toda sangre en sus venas, para hacerla cada vez más abstracta, menos mujer.
Como su hijo, era producto de la consustanciación: divinos como humanos. Pero, los encargados de beatificarla le quitaron la carne, el pecado original, propio de los mortales, y por medio de la aniquilación de su sexo pretendieron castrar al resto de las mujeres, con la idea de su inmaculada concepción, porque para los fieles el cuerpo era la puerta de los infiernos (aunque para los sacerdotes la lascivia sexual le era tan propia como los hábitos).
A través de María exaltaban a la mujer, a costa del desprecio de su sexualidad.
Menos mal que no existió como la delinearon, sino aun más pobre hubiese sido su vida.
María pariría una idea, que se convertiría en carne: Jesús, para luego ella transformarse en idea.
Y junto a los mármoles, el himen de esta muchacha coronaría el panteón católico: le restaron a sus otros hijos y le restauraron la membrana entre las piernas.
Todo lo hicieron por ella, incluso estuvo por encima del Papa, eso sí nunca fue agente de su propia exaltación, “he aquí la esclava del señor”, que nunca llegaría a papel alguno en las estructuras de poder de la Iglesia.

jueves, 3 de marzo de 2016

Mujerícola 39: Femicidio


A Mayerlin la violaron, la picaron en pedazos y la regaron en Mume.
Estaba implicado el hijo del Gobernador. Lo dejaron libre.
El pecado de Maye, como le decían, había sido ser electa reina de los carnavales del pueblo. Hermosota. Desde entonces, fue objetivo.

A la chica Coronado (le llamaban así por el apellido de su papá, el militar) la agarraron en la mañanita cuando salía a trabajar. Estaba sola, y eso era suficiente. Literalmente la entubaron. No hubo orificio donde no la penetraran con pedazos de metal, antes de matarla.
Cada vez que voy a casa de mi mamá, veo a su hijita, de la mano de sus tías. Nunca camina sola.

Luzbelis corrió con más “suerte”: la violaron entre varios, cuanto quisieron, y la dejaron viva con la condición de que callara. Y calló, nunca más ha hablado. Una la mira y es como estuviera en presencia de la ausencia, un cascarón hueco que repite y repite aquel día. Vive al borde de una autopista. Estoy segura de que algún día se arrojará, y sus cazadores estarán mirándola.

A Luzmila la violó su tío. Todos lo saben. No por ella. Él se jacta de su “proeza” cada vez que se echa unos palos, va la busca, se lo restriega, ella se traga a sí misma. Cada vez que la miro, está igual: larga con un silbido, flaca como si no comiera, triste como la que más.

jueves, 28 de enero de 2016

Mujerícola 34: Ángela



Ángela es una niña negra que no sabe por qué se llama así.
Un día me preguntó si me gustaba su nombre. Yo le dije que era como si pudiera volar.
Su nombre nació de una montaña, color de pólvora. Se asomó por la ventana sur de su madre, una cabeza de puño zurdo, florecido.
Con ella creció la palabra resistencia y Andrés Eloy pudo pintar un angelito negro. Pero para ella, sólo se abrió el cielo de los obreros con tierra en el pecho.

Ángela no sabe por qué han incendiado las casas de sus vecinos y la suya permanece intacta.
Ángela quiere ser blanca, la misma noche que un ejército de pálidos eleva las antorchas contra su piel, la misma noche que se declara África y África se hace Ángela para siempre.

Ése día, cuando a la niña Ángela le alisaron los cabellos, en Tennessee el río fue menos río.

Un día me confesó que no sabía lo que era el destino.
Y no supe cómo decírselo... Pero, lo ensayé: "Ángela tu vida está escrita. Serás uno de los brazos en la defensa de los derechos de las mujeres negras en un país hondamente misógino y racista. Serás uno de los pechos en la resistencia proletaria desde el ombligo de la bestia".

Y me digo: "no; no tiene tamaño para palabrotas".

martes, 4 de agosto de 2015

Gastronauta 46: Teta

Sera McCorkle por Kate Murray

Para algunos la palabra teta es un laberinto:
“Es más bonito si dices seno, decir teta es tan grosero”, me enseñaron.
Pasa con la teta lo que con la cuca, tiene más nombre que Simón José de la Santísima Trinidad.

Decir teta ofende. Pero tener teta es hacer malabares con agujas:
A él lo acostaron y sobre cada una de sus pezones equilibraron el canto de una moneda. Lo puñetearon. Les daba pánico que les crecieran como a una mujer. Y entonces fue preferible mancarlas.

En el horizonte tembloroso de un río de leche se miran los miedos:
Una vez me preguntaron que si darle teta a mis niñas no les fomentaba el lesbianismo, condenando la elección de ama(manta)r en libertad.

Dar teta puede convertirse en una invitación al acoso:
“De ahí comemos varios”, dice uno. El otro le responde “y quedamos satisfechos”. Se le enciman. Ella se la guarda. El niño llora. Nadie dice nada.

martes, 30 de junio de 2015

Gastronauta 41: Opus mater



Gabriela ha logrado sortear los papeles, certificados, facturas, mocos, ha conseguido envasar su leche, congelarla, incluso hay quien le cuide a Luciano. Junto pre y postparto, también las vacaciones. La pediatra le firmó un par de permisos, asegurando la alergia del lactante a fórmulas y leches ajenas a la de su madre. Y, así.
Lucho tiene once meses, y su mami ya se perdió su primera palabra, hoy su primera caminata. María se la ha descrito por teléfono, y Gabi no pudo entonar palabra sin llorar, escondida, en el baño, porque tampoco puede ocupar su tiempo de trabajo en “menudencias domésticas”.
Todos los días ensaya su renuncia, reacomoda las comas, le quita esto y le agrega aquello. Pero Gabi es madre soltera y aunque sueña con acompañar a Luciano en todas sus primeras veces, no puede darse el lujo de quedar desempleada.
En la tarde -ya casi noche- cuando se encuentra con su pequeño, un nido de avispas le come el centro del pecho. El amor le desordena, las tetas le lloran, Luciano la aprieta.
Gabriela antes de saber que su vientre era habitado por Lucho, anhelaba parir una nena...

viernes, 26 de junio de 2015

Mujerícola 6: Cóndor



A María Emilia una patada en la barriga por cada día que estuvo embarazada hasta entonces. Cómo podía traer al mundo a “otro bastardo comunista”. No supo si era ella o era su bebe lo que la mantuvo apretada a la pata de una silla, mientras Argentina la arrinconaba a golpes. No vivió para conocer a Laura. La hicieron parir, para robársela. Hasta hoy, treinta y ocho años después.
Laurita se supo en manos de los asesinos de sus padres. Quiso odiar a sus captores. No pudo. La noche del once de abril de dos mil quince dejó de empuñar la silla aquella y soltó su cuerpo al baile de la soga.

*
En la celda cuarenta y nueve, sesenta y siete mujeres, doce niños, una bomba lacrimógena.
El desespero las lanzó contra el piso para cubrir con una manta mojada la carita de los lactantes. Lloraban los gases, también la muerte en que se había convertido la vida. No hubo teta que los calmara. Tampoco grito que las librara de respirar. El aire se había confundido con una bomba ajena a su causa. Caminó el pasillo desde donde encerraban a los hombres y había de ahogar aun más las esperanzas. Desde entonces, Ana no ve bien. Tenía un poco más de un año cuando una nube le picó los ojos. Todavía hoy le duele mirar. Lía, que tenía dos, cuando algo no sale bien contiene la respiración hasta ponerse roja y explotar en llanto para bañar las sábanas. No soporta las grandes concentraciones. La llanura se le parece al fin. Martita tuvo dos hijas. En el momento en que se portan mal le provoca abrazarlas con la almohada. No quiere hacerles daño. Quiere dejar de sufrir.

jueves, 18 de junio de 2015

Mujerícola 5: Obrera de la paja



Un escalofrío podría definirse como el embiste de dos temperaturas en la llanura de la piel.
Para cualquiera es una sensación inesperada. Sino, no es un escalofrío. Pero para una madre, no termina de serlo.
El primero de hoy me halla en los fogones. Es el toque secreto de mi pastel de calabacín.
Sacudo la pierna derecha y resbala.
El malogrado rayo del Catatumbo hace cumbre en mi Lago... de sudores.
Cuántos litros en catorce horas.
Los escurro en el tendedero, junto a la ropa de color, para no teñir la blanca.
Gotea el piso de la cocina, oxida las faldas de la nevera.
Me hace la alfombra.

La atmósfera la corto como al pastel. La sirvo con una hojita de yerbabuena. Pero ningún adorno la hace comestible. Mis hijas la devuelven indigestas.
No es trabajo. No es noticia.
Antes de licuar un par de metáforas juego un poco con mi hija mayor a la cocinita. La parchita sabe mejor si ella sonríe.
El licuado me hace jugo la cabeza.
El segundo escalofrío es corto. Apenas me dibuja dos o tres poros de la piel de gallina.
Suena el horno y con él explota mi termostato. Hiervo en la fiebre.

Aun debo bañarlas, masajearlas, darle las gotitas, peinarlas, inspeccionar las uñas, las orejas, sacarle los moquitos, vestirlas, darles de comer, sacar los gases, contarles un cuento, dormirlas, y no, para poder escribir, corregir, publicar, difundir, recorregir. A la más pequeña la acostumbré a los brazos. Me duelen las bisagras que sostienen esta hamaca a mi pared. Y entre respiro y suspiro, pajita sobre pajita para redondear el nido: Obrera de la paja.

martes, 2 de junio de 2015

Gastronauta 37: Tres golpes



Amanece y mi primer café me da para pensar en los tres platos de hoy, aunque no tengo hambre y me cuesta concentrarme en beberlo.
Tengo indigestión del lilamorillismo político en Venezuela. Una especie de mezcla de la masa farandulera y la política que ahora (y siempre) pretende resolver con cuentos de novela (mala y mayamera) lo que con el raciocinio no puede.
Es la cultura del espectáculo heredera del jolibud que mató a Marilyn Monroe por tener un jujú con Kennedy, la que hizo a Reagan presidente, a Schwarzenegger goberneitor, aquella que sacó provecho del sexo oral de Lewinsky a Clinton, la misma que presta sus rostros para campañas de reclutamiento en los ejércitos del tío Sam, o a través de sus películas nos dice a quiénes juzgar (a los musulmanes por ejemplo), y de quienes debemos sentir lástima y culpa eternas (de los judíos por ejemplo).
Ya lo dijo Miranda: bochinche, puro bochinche... Aquí es que todo lo resolvemos con el chalequeo, y la burla, sino es que fuéramos los más reconocidos kamikases.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Gastronauta 30: Eva también caga





...”pronta en la ira, lo que le falta de fuerza en las manos, lo tiene de veneno en la lengua”...
Descripción de la mujer, por el censor del Santo Oficio F. Garau.

Después de llevar a Pola y a mis tres sobrinos a la heladería, fuimos a sudar las barquillas a la plaza.
Alrededor de sus jardineras aprendí yo a caminar, bajo sus jabillos mi primer raspón.
Ahora, enseño a Manuela y a Pola a pisar los pasos y a querer mi historia, la suya.
Pero en la poesía de las cosas, los hijos muchas veces se cagan.
Mi hija mayor es una dulce insumisa. Y fue así como no detuvo su digestión sin importarle verso alguno.
En este país escasean los baños públicos, y enfrente nuestro sólo reposa la imponente construcción amarilla de la Iglesia de mi pueblo (a la que ella llama castillo).
No entraba desde mi comunión. No me importó. Decidí sentarme en la antepenúltima banca del ala derecha, paralelas a Nuestra Señora del Rosario.
Pola estaba anonadada por "las muñecas, mami". Aproveché su asombro para desabrochar, bajar el cierre y las mangas del pantalón. Antes, acomodé el pañal de repuesto, las toallitas y la crema para hacer expedito el trance.
Una vez empezada la limpieza, se me acerca un señor, al que miro de reojo, porque sino me lleno de la gracia non divina de mi hija.

-Señora, usted no respeta.
-Por qué- le interpelo yo, sin mediar mirada.
-Que está en la casa del señor.
-Ajá, y qué...
-Que esto no es cambiadero.
-¿Y es que acaso Jesús no cagó, y ésta de al lado (María) no le limpió el culo? ¿O desde entonces El Mesías anda cagado, y ustedes en su nombre cagando a los demás?

Eso mientras limpiaba los restos y ponía la cremita y pensaba en el estreñimiento y su relación con la infelicidad. Ahí mismo subí la mirada y me percaté de que, como el viejo guardián del templo, algunos otros me reprochaban con la mirada. Transcurría una misa.
Me arreché.

Alcé un poco la voz para decir algo como lo que sigue:
-Saben que el Papa acaba de denunciar la práctica de orgías homosexuales en la Santa sede, y esa mierda nadie trata de limpiarla... porque es que no hay toallita húmeda que pueda con tanta misoginia, y pedofilia, con tanta hipocresía. Jesús, si es que existió, sacó a los mercaderes del templo que vendían la puritica mierda. No me vengan ustedes a decir que no puedo yo limpiarla.



Pero la iglesia, tan grande y tan vacía, no sirve ni para cambiar un pañal, porque como los baños, sólo en los de faldita hay mesas dispuestas para lustrar la humanidad. Y el castillo con la cruz es la elevación de un pene, cuya eyaculación sólo sirve para ungir a los inocentes.
He allí a las hijas de Eva, evacuando la manzana.
Antes de irme y ser perseguida por los ojos de la feligresía, me detuve en la pila bautismal. La miré. Me miraron. Los miré. Sonreí. Metí mis manos.
Ojalá y hubiese tenido agua, pensamos.

viernes, 27 de febrero de 2015

Gastronauta 24: Sabemos parir



A las mujeres se nos ha lapidado, quemado, se nos ha dicho cómo lucir, qué pensar, cómo comer, y hasta cómo hacer lo que, desde la primera en pisar la tierra, hizo: parir.
Las formas fueron cambiadas cuando el hombre decidió arrancar a otras mujeres del círculo que engendra vida y acostarnos para mayor comodidad del médico. Desde entonces priva el confort ajeno en nuestras cavernas.
La violencia contra la mujer cambia de máscara, según la quema de bruja a la que se asista. Hoy, a través de la Industria Cultural, el cuerpo femenino es blanco de la muerte, la anorexia, la bulimia, el bisturí, la negación del cuerpo materno y con ello la propia sexualidad, la menstruación y cualquier organización en colectivo, que no sea para emular los patrones del macho en sociedad.
Y también es verdad que muchas mujeres imitamos al (nos convertimos en) macho para aspirar un poco de “su libertad”, esclavizando nuestras mentes a la colonialidad de necesidades construidas, incluso para el hombre. No es raro entonces que esas mismas “libertades”, activen la ratonera.
Hay mujeres que aspiran tener el mismo salario, el mismo poder, las mismas opciones de subyugar al otro, a la otra, porque caemos en el juego de querer ser como, y no de transformar desde nuestra sabiduría ancestral lo que hay que transformar. Entonces, la igualdad, la libertad, consisten en poder hacer lo que en otros condenamos. Así, nos transformamos en un performance de mujer, una que está lejos de la vida, y que legitima el trance a su propio fin.
Y si ya determinan nuestras muertes, sería propicio empezar por cambiar el origen, la forma en las que nacemos.

Pagamos por sufrir y por no sufrir, también
En los hospitales y maternidades públicas de Venezuela el parto es gratuito, sin embargo, la demanda es altísima y obliga a muchas otras mujeres a recurrir al pago por la atención médica.
De hecho, la institucionalidad pública directamente confía el sistema de salud del servidor y la servidora a empresas médicas privadas, a través de un sistema de atención determinado por el pago de un seguro para el trabajador. Se calcula que son 10 millones de empleados públicos atendidos por las llamadas clínicas, en el país.
En estos establecimientos privados, el costo de una parto vaginal es general y ligeramente más económico que una cesárea, siendo que en él la intervención médica es prácticamente nula, porque al final del asunto las que parimos somos las mujeres. Entonces, la cesárea se transforma en la profecía autocumplida para los médicos, debido a que representa mayor ganancia, y pueden manipular los tiempos en los que literalmente arrancan a los niños de vientre materno ¿Cuántas cesáreas puede programar un obstetra en un día? ¡Tantas como su ambición lo permita!
Los precios varían de una clínica a otra. La Metropolitana, por ejemplo, puede llegar a cobrar hasta 90 mil Bolívares por un parto vaginal, La Arboleda y la Herrera Lynch están por encima de los 50 mil. Y Las Ciencias en casi los 40 mil. En un rápido arqueo, notamos que la tarifa más económica ronda los 30 mil Bolívares en el Centro Médico La Castellana, todos ubicados en la capital y la llamada Gran Caracas. Ahora, ¿qué pasó con la unificación de tarifas propuesta por la Asamblea Nacional, para estos centros privados? Como tantas otros temas importantes ¡pura amenaza!

Inmediatamente, algunas madres nos preguntamos, si aquella condena de “Parirás con dolor” no sólo se refiere al tema físico, sino y que comienza con el hecho de cuantificar nuestros pujos en papel moneda, luego con la propia crianza en la que pareciera que somos únicas responsables, la triple jornada, el cuido de enfermos y personas en la etapa de la vejez, y el largo etcétera de opresiones.
Pero, ¿tenemos que pagar para sufrir?
El consumo, como credo capitalista, nos dice que sí. Y es que el evangelio arropa nuestro cuerpo y hasta lo que a veces suponemos como alternativas a la cultura reinante. Se cumple aquello de que lo contracultural también es absorbido por la propia cultura, convirtiéndose en una expresión de más de los mismo: El mismo parto humanizado.
Humanizado, como si en el parto no se tratara de volver a nuestra animalidad. El hombre lo que hizo fue robotizarlo, medicalizarlo, horizontalizarlo.
Ahora los hay para todos los gustos y a todos los precios: Para parir en casa, en agua, con delfines, cursos prenatales, cursos postnatales, de lactancia, para no gritar, para gritar, para ser buenamadre, para no ser malpadre, para comerte la placenta. El parto ancestral también convertido en producto.
¿Qué ha tenido que ocurrir para que alguien nos diga que nuestros bebés deben estar cerquita del pecho materno después de que coronan la vagina de la madre? ¿No es acaso lo que venimos haciendo desde el principio de los tiempos? ¿Cuánto de esto es culpa de la industria de fórmulas, colmillo transnacional del capital; cuánto nuestra responsabilidad, nuestra comodidad, nuestros miedos?
En Venezuela y el mundo se ha legislado al respecto. En nuestro país fue noticia antes de terminar el 2014 la aprobación en primera discusión por la Asamblea Nacional del proyecto de Ley para la Promoción y Protección del Derecho al Parto y el Nacimiento Humanizado, presentado por la Defensoría del Pueblo, en el que se protege el vínculo que debe prevalecer en el más repetido de ritos de la vida. Esperamos la segunda discusión y su aprobación como un paso contra la violencia obstétrica.
También está garantizado para la madre el pre y postnatal que sumados son seis meses y medio, Y para el padre catorce días. Como viene sucediéndose en la historia, la mujer es la encargada del cuido y la ley lo que hace es normalizar lo que la sociedad considera “natural”.
Asimismo, la Ley de Promoción y Protección de la Lactancia Materna determina el resguardo hacia la madre y el lactante, garantizados por el Estado venezolano.
Ahora bien, como de costumbre el rigor de una Ley merma en su incumplimiento. Cuántas madres, cuántos padres guardan (como se guarda un auto en el estacionamiento) a su neonato entre barrotes, llamados “Cuidados diarios”, “Guarderías”, o “Maternales” ¿Cuántas pueden amamantarlos? En esa separación obligada por los ritmos de este maremoto llamado tierra, el comienzo de la violencia.
Después, la vida del niño continúa en un rectángulo de cemento, que prepara las ovejas y gradúa consumidores, que se encarga de vigilar, clasificar, de premiar y castigar nuestra adaptación a este sistema, la escuela.
La forma en la que nos obligan a parir (luego a sobrevivir) sólo es el comienzo de una larga enfermedad.

Voy a parir en casa
Mamá, que ha alumbrado cinco seres, me llama angustiada unas 10 veces al día para preguntarme siempre lo mismo ¿Estás segura? Ella que recibió a su hermana menor, cuando solo tenía once años, y en la sala de su casa. Ella, que sabe que crear y criar comportan esa doble cualidad mitológica de divinidad y humanidad, ella tiene miedo.
¿Cómo no va a tenerlo? Si se nos ha enseñado a desconfiar de un mecanismo hecho para engendrar y perpetuar nuestro paso por el mundo ¿Cómo no? Sino es mentira que cuando parimos, la vida y la muerte se saludan en el aro de fuego ¿Cómo no? Si cuando parimos podríamos traer al mundo otro miedo.

Acá, una oración de Mónica Manso que me envía Yoya, la madretierra-partera que nos acompaña:
“Se parir como parieron las mujeres que me precedieron. Mi madre, mi abuela, mi bisabuela, mi tatarabuela, y así hasta la primera mujer. Lo llevo grabado en mis células, es su legado. Mi cuerpo sabe parir, como sabe respirar, digerir, engendrar, andar. Está perfectamente diseñado para ello; mi pelvis, mi útero, mi vagina, son obras de ingeniería al servicio de la fuerza de la vida. Yo soy "la que sabe" y" la que sabe" me susurra: cabalga la energía de las contracciones, como si fuera el éxtasis, loba, leona, hiena, yegua, zorra, gata, pantera”. Empodérate; perdonándolo todo. Y conviértete en canal.