Por Judy Grahn, 1993, 2007.
Hay imágenes de sangre alrededor de nosotr@s, en todas partes
en nuestra sociedad urbanizada la sangre es
representada, discutida y expuesta:
La sangre de una herida, de muerte y un poco y solo hasta cierto punto
del parto, es parte de lo que vemos a diario en la televisión
y películas; estamos completamente familiarizad@s
con las líneas de sangre del parentesco, y con la sangre
de la violencia, del asesinato y la venganza, el sacrificio,
sufrimiento, y de usuari@s de drogas intravenosas; la sangre
de la advertencia, de herida, de amenaza, del peligro
asociado con el contagio de VIH; la sangre de la vida, de
transfusiones, de redención; la sangre de Cristo;
la sangre de los mártires, de San Sebastián, del campeón
que pelea y vemos en las películas. La sangre es
la genealogía de las líneas de sangre, la sangre de familia,
la sangre que es más espesa
que el agua.
La sangre existe en su nombre y su expresión común
en la sangre del cordero, en la sangre
de la sangre, el sudor y las lágrimas, en la sangre de “La Sangre”
del Cristo de las Montañas, en la sangre de hermanos de sangre,
la sangre del estigma, la sangre sobre la luna,
la sangre que no puede ser exprimida de los rábanos,
la sangre escurriendo de la boca del vampiro,
la mancha de sangre en las manos de Lady Macbeth, la sangre
gorgoteando por el desagüe de la ducha en las películas de terror.
La sangre de verdad está en todos lados en nuestra sociedad, sangre de sábado
por la noche, de los tiroteos de un coche pasajero la sangre que lo
cubría después de que recibir el disparo, o la puñalada
o después de explotar; la línea tan delgada como el trazo de un lápiz como un collar
rodeando su garganta, el gran charco de sangre cuando ella fue
descuartizada, la nariz ensangrentada, la úlcera sangrante,
el ardor de las hemorroides, la sangre en la bata del cirujano,
en el carnicero, los muchos ríos de
batalla y masacre que han corrido con sangre,
el campo de batalla hinchado de sangre, la arena enrojecida,
la sangre en la oreja del niñ@ y en la boca
de la esposa y la mejilla del joven.