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martes, 3 de mayo de 2016

Gastronauta 83: Tala



No se qué talla me he vuelto.

Hubo un día que la supe
era del tamaño equivocado.
Demasiado grande para entrar en aquellas telas
demasiado pequeña para ser algo, alguien.

Yo era una mujer en el mundo y no cabía en el espejo.
Desterrada la redondez
decidí buscarme, caminarme.
Llegué hasta la punta misma de mis cabellos y no estuve.

Entonces me desnudé.
Y encontré entre aquellos trapos a una niña que lloraba a una niña.
La sequé con mis despojos y regué en su piel mi olor a cereal recién segado.
Anduve con las carnes al aire y si se fijaban bien podían ver cómo iba y venía mi corazón.

Dormía sobre mí. Me vestían los ojos ajenos.
Era una flor haciendo equilibrio en la caída.
No tuve límites, y crecí, y le hice sombra al miedo.
Fui paredes y techo y tuve en mis manos la muerte.

Era cuerpo.

jueves, 6 de agosto de 2015

Mujerícola 12: Norma

Gladyz Baker, madre de Norma

A Norma no le gustaba ser la excepción que confirmara su nombre.
El Rey se oscureció la melena, pero antes ella se la destiñó. Ambos movieron las caderas a cambio de la fama y fortuna. Su desnudez no era tal, la cubrían centenares de oídos, millones de ojos: “No es cierto que no tuviese nada puesto. Tenía puesta la radio”. No era tonta, tampoco rubia. Pero podía ser lo que usted quisiese, su coeficiente superior a ciento sesenta se permitía un ventilador de metro faraleando sus faldas.
Cuando algunas personas se masturbaban con sus fotogramas, ella iba a la Universidad a estudiar historia y literatura, enamorada del olor a tinta que empapaba letra por letra y la brisa fresca del acordeón de hojas de los clásicos. Incluso muy por el contrario a lo que sentía por sí misma, amaba a los libros.

Después de que quebraran el vientre de su hoja, se lavaba frente al espejo tantas veces pudiera encerrarse en el baño, sino apartaba del fregadero los platos para que sobre ellos no cayera su suciedad.

jueves, 9 de octubre de 2014

Gastronauta 10: Vesubio (la teta)




Mi bisabuela fue muerta en la Primera Guerra Mundial. Según contó mi abuelo, fue hallado sobre el cuerpo descocido de su madre, pegado a su teta.
Un siglo se ha deshilado desde que el abuelo mAMÓ hasta que mi hija hizo callo mis pezones. A mí me parecieron cien años los seis meses en carne viva, pero lo hice. La fuerza  ancestral para lograrlo me trascendía.
Antes y ahora, de un suspiro se acabó el dolor y solo quedó el placer de la comunión en nuestras historias. La trenza del vientre de la nona al de Apolonia es un puente de savia que resiste la muerte.
Mi Vesubio ha sepultado ciudades y me devuelve en cada emanación a la tierra, tendida, acariciando hasta el último soplo la cabeza de mi abuelo.
Sólo tengo que cerrar los ojos y desconectar el intelecto para viajar a la vieja bota, entre detonaciones y una canción de cuna en italiano. Producir el alimento con el que nutres cuerpo y alma de un pedazo de ti es comparable a la meditación. Dice Laura Gutman:

La lactancia es manifestación pura de nuestros aspectos más terrenales y salvajes que responden a la memoria filogenética de nuestra especie. Para dar de mamar sólo necesitamos pasar casi todo el tiempo desnudas, sin largar a nuestra cría, inmersas en un tiempo fuera del tiempo, sin intelecto ni elaboración de pensamientos, sin necesidad de defenderse de nada ni de nadie, sino solamente sumergidas en un espacio imaginario e invisible para los demás.


Eso es dar de mamar. Es dejar aflorar nuestros rincones ancestralemente olvidados o negados, nuestros instintos animales que surgen sin imaginar que anidaban en nuestro interior. Es dejarse llevar por la sorpresa de vernos lamer a nuestros bebés, de oler la frescura de su sangre, de chorrear entre un cuerpo y otro, de convertirse en cuerpo y fluidos danzantes.

martes, 11 de febrero de 2014

Las Mujeres están cansadas de las maneras en que sangran los hombres

Por Judy Grahn, 1993, 2007.

Hay imágenes de sangre alrededor de nosotr@s, en todas partes 
en nuestra sociedad urbanizada la sangre es
representada, discutida y expuesta: 

La sangre de una herida, de muerte y un poco y solo hasta cierto punto
del parto, es parte de lo que vemos a diario en la televisión
y películas; estamos completamente familiarizad@s
con las líneas de sangre del parentesco, y con la sangre
de la violencia, del asesinato y la venganza, el sacrificio,
sufrimiento, y de usuari@s de drogas intravenosas; la sangre
de la advertencia, de herida, de amenaza, del peligro
asociado con el contagio de VIH; la sangre de la vida, de
transfusiones, de redención; la sangre de Cristo;
la sangre de los mártires, de San Sebastián, del campeón
que pelea y vemos en las películas. La sangre es
la genealogía de las líneas de sangre, la sangre de familia,
la sangre que es más espesa
que el agua. 

La sangre existe en su nombre y su expresión común
en la sangre del cordero, en la sangre
de la sangre, el sudor y las lágrimas, en la sangre de “La Sangre”
del Cristo de las Montañas, en la sangre de hermanos de sangre,
la sangre del estigma, la sangre sobre la luna,
la sangre que no puede ser exprimida de los rábanos,
la sangre escurriendo de la boca del vampiro,
la mancha de sangre en las manos de Lady Macbeth, la sangre
gorgoteando por el desagüe de la ducha en las películas de terror.

La sangre de verdad está en todos lados en nuestra sociedad, sangre de sábado 
por la noche, de los tiroteos de un coche pasajero la sangre que lo 
cubría después de que recibir el disparo, o la puñalada 
o después de explotar; la línea tan delgada como el trazo de un lápiz como un collar 
rodeando su garganta, el gran charco de sangre cuando ella fue 
descuartizada, la nariz ensangrentada, la úlcera sangrante, 
el ardor de las hemorroides, la sangre en la bata del cirujano,
en el carnicero, los muchos ríos de
batalla y masacre que han corrido con sangre,
el campo de batalla hinchado de sangre, la arena enrojecida,
la sangre en la oreja del niñ@ y en la boca
de la esposa y la mejilla del joven. 

miércoles, 29 de febrero de 2012

El cuerpo de la mujer (documental)




Fuente: http://www.youtube.com/watch?v=1teAJZE1ark
 
EL CUERPO DE LAS MUJERES es el título del documental de 25 minutos sobre el uso del cuerpo de la mujer en la televisión. 
Empezamos de una urgencia: La constatación que las mujeres, las mujeres reales, están desapareciendo de la televisión y que son reemplazadas por una representación grotesca, vulgar y humillante de una máscara. 
La pérdida nos parece enorme: la cancelación de la identidad de las mujeres ocurre bajo la mirada de todos, pero sin que haya una reacción adecuada, ni por parte de las mujeres mismas.
A partir de aquí, se abrió camino la idea de seleccionar las imágenes televisivas que tuvieran en común la utilización manipuladora del cuerpo de las mujeres para contar lo que está pasando no sólo a quien nunca mira la televisión, sino a quien la mira, pero "no ve". 
El objetivo es interrogarse y preguntar sobre las razones de esta cancelación, un verdadero "pogromo" del cual somos todos espectadores silenciosos. 
Luego, el trabajo puso de relieve la cancelación de los rostros adultos en la televisión, el uso de la cirugía estética para cancelar cada huella del paso del tiempo y las consecuencias sociales de esta remoción.
Traduccion de Chiara Bagnoli