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martes, 15 de noviembre de 2016

Gastronauta 98: Infidelidad



“El poder como la mujer es obtenido donjuanísticamente:
por la violencia o el engaño.
La mujer, como el poder, es sujeto de una dominación patriarcal:
personalista, déspota, e ilimitada”.
Luis Britto García (1)

Una de las campañas sucias de la política venezolana en la actualidad consiste en (burlarse y) adivinar la paternidad de un supuesto embarazo de Lilian Tintori, la esposa del líder opositor preso Leopoldo López. Y si acaso todavía más retrogrado, condenarla porque abortaría.
La “maniobra” en contra de esta mujer, que representa los intereses de su marido (intereses de la derecha en Venezuela y Latinoaméica) entra como anillo al dedo de una “izquierda” pacata que enarbola la familia nuclear como bandera, que hace uso de la población sexogénero diversa con fines electoreros (de los que -cuando tiene el micrófono- se mofa), y luego el cuerpo de la mujer como propiedad del Estado, una campaña conservadora y ofensiva para las y los feministas de izquierda.
¿Acaso, no hay mejor argumento para mantener en la cárcel a Leopoldo López, que la supuesta infidelidad de una mujer que se camina el mundo presionando al mundo por la liberación de su marido? ¿O, acaso con este tipo de falacias creen socavar la “moralidad” de una familia determinada (social y económicamente) a ocupar como su casa a Miraflores?

Decía Nietzsche que “cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti” ¿Quién puede decir que una no se convierte en el enemigo si actúa como el enemigo?

El machismo criollo pone en duda la sexualidad de un “sospechosamente demasiado soltero” candidato a la presidencia Henrique Capriles Radonski (quien contribuye con el bochinche prometiendo casamiento a cambio de votos), porque en Venezuela el poder está asociado a la potencia sexual, heteronormativa además (por eso cualquier cambio en su peso, o en las formas de su piel, lo diagnostican inmediatamente con SIDA, asociándolo a su homosexualidad).
Lo mismo disminuye a López al “donar” la vagina de su esposa a todo macho en libertad. Pone en la diana de piernas abiertas a la mujer del antagonista (porque al villano ya lo tiene tras las rejas). Entonces, Diosdado le haría el “favor” a Lilian, mientras en la cárcel a Leopoldo se le “cae el jabón”: el superhombre, versus la “mariquita”.
El rechazo a la feminidad, a los rasgos femeninos en un hombre, tiene que ver con el repudio a una debilidad asociada a la supuesta naturaleza de la mujer, nacida para obedecer, según un principio aristotélico en Política.

Acusar a Lilian de serle infiel a su marido pretende descolocar a uno de los líderes de la oposición radical contra el gobierno. Lo remite a la posición del cornudo, el poco hombre, el apocado. Ergo le faltaría hombría para liderar y gobernar. Si el machismo criollo tiene que hacer mierda los principios de la ideología que dicen practicar (el socialismo del siglo XXI) para mantenerse en el poder, se llevan por delante mujer, principios, y la ideología misma, entonces los infieles son sus militantes.
Esto, como sino fuera suficiente el prontuario de López para mantenerlo tras las rejas. Como si los poderes públicos carecieran de argumentos para sostener la decisión de hacer justicia respecto al destino de este criminal (2) ¿Esa falta de argumentos no sería contraproducente para que la libertad del personaje se haga factible? ¿A quién le conviene la superficialidad de la contraofensiva “revolucionaria”?

Carlos Andrés Pérez, una vez lo explicó así: “Aquí hay dos grandes temas para acusar y destruir a un hombre: el homosexualismo y la corrupción, lo primero me lo quitaron porque todo el mundo se dedicó a decir que yo era un don Juan. Entonces me acusaron de corrupto”. Antes que la honestidad, la “probidad” sexual.
A Rómulo Betancourt se le recuerda por querer escaparse de la “fragua” diaria en las conversaciones ligeras de las mujeres. Escaparse en “las cosas sin importancia” que discutían las mujeres era el signo patriarcal de la época para decir que las mujeres fuimos (y según la agenda, seguimos siendo) la vía de escape, la almohada donde recostar el poder, la mano sobre el hombro en la foto, el bailecito en la sala para liberar las tensiones. Querer disminuir la lucha de Lilian (lucha con la que no estamos de acuerdo), como disminuyeron el carácter de Cilia.

Que le cambiaran el nombre de Primera dama a Cilia Flores al de Primera combatiente no supuso un cambio de paradigma en el triste papel al que la historia condena a las mujeres de los presidentes en Venezuela y el mundo: el de receptáculo para los hijos (ejemplo para la familia), y la organizadora de las dádivas en Instituciones de caridad. Pero en una abogada que estuvo al frente de tantas batallas y que ahora queda relegada a la sacrosanta imagen de esposa abnegada, y al silencio ése de ser la “gran mujer detrás de un gran hombre” (a la sombra), es un paso atrás para la construcción de la imagen de la mujer revolucionaria en Venezuela.
Después de todo, Lilian hace su trabajo y lo hace bien, estemos de acuerdo o no en los motivos de su acción política (Desmond Tutu y la hija de Salvador Allende se cuentan entre sus conquistas a favor de López). Es decir, ella representa lo que la historia dice que debe ser una mujer: la que lucha para que el hombre, su hombre, tenga el poder. Pero, y qué hace Cilia.

Marcela Lagarde lo diría así: “La condición de cuidadoras gratifica a las mujeres afectivas y simbólicamente en un mundo gobernado por el dinero y la valoración económica del trabajo y por el poder político. Dinero, valor y poder son conculcados a las cuidadoras. Los poderes del cuidado, conceptualizados en conjunto como maternazgo, por estar asociados a la maternidad, no sirven a las mujeres para su desarrollo individual y moderno y tampoco pueden ser trasladados del ámbito familiar y doméstico al ámbito del poder político institucional” (3). Es decir: ser primera dama, primera combatiente no hace mojón (me perdonan lo prosaica).

En definitiva, tras las acciones de los socialistas, acá la infidelidad a los principios no la ejerce Lilian. (Véase además: Asociaciones del Gobierno revolucionario con Gold Reserve, Monsanto, Nestlé, etc. La infidelidad entonces se convirtió en un método).

Amplíe:

(1) Britto L. (2011). La máscara del poder. Caracas: Correo del Orinoco. P: 129.

(2) “Leopoldo López es un político venezolano de ultraderecha, exalcalde y exprecandidato presidencial, inhabilitado por hechos de corrupción, vinculado a instituciones financiadas por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, responsable de acciones desestabilizadoras. Aliado del expresidente colombiano Álvaro Uribe y el autor intelectual de acciones violentas en el país que han dejado decenas de muertos”. Más en: http://www.telesurtv.net/news/Leopoldo-Lopez-Agente-de-la-CIA-el-golpe-guarimbas-Uribe-y-el-fascismo-20140218-0053.html

(3) Cita tomada de la editorial de Las Comadres Púrpuras: Cilia en familia https://www.aporrea.org/ddhh/a235206.html

jueves, 7 de abril de 2016

Mujerícola 45: Lilith



El mar rojo es rojo, porque a Lilith se le dio por abrirle las piernas en plena luna, para dejarlo pasar hasta horadar las cuevas de donde la piedra hizo de cielo a la palabra, La Gran Madre, Lilith es.
Dejó tirado a Adán en el Paraíso (una cama en flor, con olor a yerbabuena y menta) el día que se negó a estar debajo suyo, y con él a todos sus hijos guindando del árbol de manzanas, a sus hijas enroscadas en las aguas, para parir -a razón de cien por día- los demonios que conforman las raíces de la humanidad.
Y lo mismo se comía a uno y a otra de tanto lamerlos, tanto.
También parió a Eva. De su estirpe -y no de los huesos del varón- se abultaron sus caderas y le crecieron dos deseos como tetas.
De su leche el diluvio atravesaría a las bestias que prefirieron ahogarse en sus aguas.

Se dice que a Lilith le crece un cuerpo de dragón, o de gato salvaje, también de hiena, algunos dicen que de serpiente, que una lechuza, que es un animal.
La dibujan ardorosa, rodeada de su amante Samael, una fina línea de lenguas con escamas.
Lilith es el viento que se cuela por la entrepierna de la noche y le arranca el semen con que fecunda su mito. Moja la cama de los amantes insatisfechos, abre la boca y les roba el aliento, que la gravedad devuelve como rocío.
Entre las hileras de sus cabellos se hallan enredadas las venas de hombres y mujeres a los que enamora su grieta dispuesta al baile.

martes, 22 de marzo de 2016

Gastronauta 77: Theotokos



María madre de Jesús, Theotokos (la que dio a luz a Dios), es una invención del hombre.
Un hombre que odiaba a las mujeres, las torturaba, las mataba, las demonizaba, y al mismo tiempo elevaba a su “virgen” al altar de los yesos católicos.
Fue en Efeso, en el año 431, cuando ocurrió aquello. Uno de los involucrados más activos en la conversión de la campesina palestina en la madre de Dios, fue Cirilo de Alejandría (hecho Santo por la Iglesia), el mismo que incitó a desollar viva a la filósofa pagana Hypatia, el mismo que movió a las muchedumbres a elevar a María como Theotokos.
Cincuenta años antes, un puñado de eclesiásticos la habían declarado “virgen perpetua”. Ciento cincuenta después, celebraron su asunción a los cielos. La deshojaron de toda sangre en sus venas, para hacerla cada vez más abstracta, menos mujer.
Como su hijo, era producto de la consustanciación: divinos como humanos. Pero, los encargados de beatificarla le quitaron la carne, el pecado original, propio de los mortales, y por medio de la aniquilación de su sexo pretendieron castrar al resto de las mujeres, con la idea de su inmaculada concepción, porque para los fieles el cuerpo era la puerta de los infiernos (aunque para los sacerdotes la lascivia sexual le era tan propia como los hábitos).
A través de María exaltaban a la mujer, a costa del desprecio de su sexualidad.
Menos mal que no existió como la delinearon, sino aun más pobre hubiese sido su vida.
María pariría una idea, que se convertiría en carne: Jesús, para luego ella transformarse en idea.
Y junto a los mármoles, el himen de esta muchacha coronaría el panteón católico: le restaron a sus otros hijos y le restauraron la membrana entre las piernas.
Todo lo hicieron por ella, incluso estuvo por encima del Papa, eso sí nunca fue agente de su propia exaltación, “he aquí la esclava del señor”, que nunca llegaría a papel alguno en las estructuras de poder de la Iglesia.

jueves, 17 de marzo de 2016

Mujerícola 42: Artemisia



Tassi, la hizo correr contra la fila de los lienzos. Se enredó y trastabilló el paso. El amigo de su padre, su mentor, la cercó con sus manos, la lamió una primera vez, la segunda, Artemisia se dejó escurrir y en el camino se tropezó con el miembro erecto del pintor. Menos grueso que un pincel, oleoso, y difuso.
Él la había llevado hasta allí con el pretexto de mirar un cuadro. Entonces en la habitación, cerró las puertas, antes le había pedido a Tuzia, un amigo de la familia, que saliera.
Después la lanzó, con la fuerza con la que tensaba las telas, sobre la cama. La manoteó, hasta que le exprimió la tetas como limones. Le abrió las piernas con sus rodillas y se hizo paso a la virgen de los paisajes. Era seis de mayo de mil seiscientos once. Orazio, el padre había salido, y Tassi, que se hiciera de su esposa bajo los mismos métodos “amatorios”, valga decir de la violación, se restregó contra su hija como una esponja sobre la paleta.

“Me metió una rodilla entre los muslos para que no pudiera cerrarlos, y alzándome las ropas, que le costó mucho hacerlo, me metió una mano con un pañuelo en la garganta y boca para que no pudiera gritar y habiendo hecho esto metió las dos rodillas entre mis piernas y apuntando con su miembro a mi naturaleza comenzó a empujar y lo metió dentro. Le arañé la cara y le tiré del pelo, y antes de que me penetrara de nuevo agarré su pene con tanta fuerza que incluso le arranqué un pedazo de carne”. Relató Artemisia.

El florentino la desfloró.
“Sentí una fuerte quemazón y me dolía mucho, pero como me estaba tapando la boca no pude gritar...”
Y Orazio lo llevó a juicio Papal a Agostino Tassi, y el juicio fue contra su hija, que debió probar públicamente durante siete meses, que no tenía la culpa de ser violada. La torturaron para que su agresor fuera menos agresor.
Tassi la llamó puta, la acusó de haber practicado incesto con su padre, dijo así mismo que la casa de su colega era un burdel.
Al final, después de que Tassi estuviera siete meses en cárcel, el mismo Orazio volvió a ser su amigo y la rabia le creció como un hongo en el pecho a Artemisia.

martes, 8 de marzo de 2016

Gastronauta 75: Día del hombre



Lo recuerda bien. Tenía siete años.
Su madre era un mar de lágrimas. Envuelta en varias toallas, que recogían la sangre de su entrepiernas.
Ella era la segunda de tres hermanos, la única mujer, y le tocó ayudarla: su madre había abortado.
No sabía qué era aquello, pero tenía que ser triste.
Entonces, abortó con ramas, como lo han hecho las mujeres desde siempre.
Escuchó a su mamá explicarle a su papá que no podían alimentar a todos ¿cómo iban a traer otra boca a sufrir de lo mismo?
El padre dejó la casa para siempre.
La niña nunca creció desde entonces. Tampoco hinchó su vientre.

---
A Miriam la obligaron a parir, después de ser violada, porque Dios así lo quería. Odia a su hijo, que además es homosexual. Le pide al mismo Dios que quiso su destino que se la lleve, todos los días.
Hoy padece cáncer y es lenta su muerte, como lenta es su vida.
Su Dios es hombre.

jueves, 3 de marzo de 2016

Mujerícola 39: Femicidio


A Mayerlin la violaron, la picaron en pedazos y la regaron en Mume.
Estaba implicado el hijo del Gobernador. Lo dejaron libre.
El pecado de Maye, como le decían, había sido ser electa reina de los carnavales del pueblo. Hermosota. Desde entonces, fue objetivo.

A la chica Coronado (le llamaban así por el apellido de su papá, el militar) la agarraron en la mañanita cuando salía a trabajar. Estaba sola, y eso era suficiente. Literalmente la entubaron. No hubo orificio donde no la penetraran con pedazos de metal, antes de matarla.
Cada vez que voy a casa de mi mamá, veo a su hijita, de la mano de sus tías. Nunca camina sola.

Luzbelis corrió con más “suerte”: la violaron entre varios, cuanto quisieron, y la dejaron viva con la condición de que callara. Y calló, nunca más ha hablado. Una la mira y es como estuviera en presencia de la ausencia, un cascarón hueco que repite y repite aquel día. Vive al borde de una autopista. Estoy segura de que algún día se arrojará, y sus cazadores estarán mirándola.

A Luzmila la violó su tío. Todos lo saben. No por ella. Él se jacta de su “proeza” cada vez que se echa unos palos, va la busca, se lo restriega, ella se traga a sí misma. Cada vez que la miro, está igual: larga con un silbido, flaca como si no comiera, triste como la que más.

martes, 11 de febrero de 2014

Las Mujeres están cansadas de las maneras en que sangran los hombres

Por Judy Grahn, 1993, 2007.

Hay imágenes de sangre alrededor de nosotr@s, en todas partes 
en nuestra sociedad urbanizada la sangre es
representada, discutida y expuesta: 

La sangre de una herida, de muerte y un poco y solo hasta cierto punto
del parto, es parte de lo que vemos a diario en la televisión
y películas; estamos completamente familiarizad@s
con las líneas de sangre del parentesco, y con la sangre
de la violencia, del asesinato y la venganza, el sacrificio,
sufrimiento, y de usuari@s de drogas intravenosas; la sangre
de la advertencia, de herida, de amenaza, del peligro
asociado con el contagio de VIH; la sangre de la vida, de
transfusiones, de redención; la sangre de Cristo;
la sangre de los mártires, de San Sebastián, del campeón
que pelea y vemos en las películas. La sangre es
la genealogía de las líneas de sangre, la sangre de familia,
la sangre que es más espesa
que el agua. 

La sangre existe en su nombre y su expresión común
en la sangre del cordero, en la sangre
de la sangre, el sudor y las lágrimas, en la sangre de “La Sangre”
del Cristo de las Montañas, en la sangre de hermanos de sangre,
la sangre del estigma, la sangre sobre la luna,
la sangre que no puede ser exprimida de los rábanos,
la sangre escurriendo de la boca del vampiro,
la mancha de sangre en las manos de Lady Macbeth, la sangre
gorgoteando por el desagüe de la ducha en las películas de terror.

La sangre de verdad está en todos lados en nuestra sociedad, sangre de sábado 
por la noche, de los tiroteos de un coche pasajero la sangre que lo 
cubría después de que recibir el disparo, o la puñalada 
o después de explotar; la línea tan delgada como el trazo de un lápiz como un collar 
rodeando su garganta, el gran charco de sangre cuando ella fue 
descuartizada, la nariz ensangrentada, la úlcera sangrante, 
el ardor de las hemorroides, la sangre en la bata del cirujano,
en el carnicero, los muchos ríos de
batalla y masacre que han corrido con sangre,
el campo de batalla hinchado de sangre, la arena enrojecida,
la sangre en la oreja del niñ@ y en la boca
de la esposa y la mejilla del joven. 

martes, 18 de diciembre de 2012

Marimacho


Por Indira Carpio Olivo

Tengo 5 meses de embarazo. Vivo en Sabana Grande. El coctel de hormonas que me acompañan se despiertan, viven, respiran, caminan y se acuestan conmigo. Me ayudan. A veces me hunden.
En la Caracas de hoy, la violencia con la que nos movemos determina la supervivencia. Ese zigzagueo darwiniano me golpeó esta tarde.
Bajé al bulevar del consumo para tomar el metro y dirigirme a otro punto de la ciudad.
No había recorrido una cuadra desde el edificio en que habito, cuando un hombre que venía caminando de espaldas me tropezó.
Yo protejo la barriga y al bebé con mis brazos. Al pasarlo en la caminata me grita: “No ves por dónde caminas, maldita animal”.
Me volteo. Le contesto. Sobre todo no lo insulto, reclamo respeto.
El macho en cuestión se me encima para recordarme que es más fuerte que yo.
La molotov hormonal impulsó la bota de mi pie izquierdo a su entrepiernas.
Pero no soy zurda y me faltó más velocidad.
El falo con patas me tomó el pie y lo haló hacia su cuerpo para tumbarme.
Mi hermana, que estaba detrás de mi, alivió la caida.
Rápidamente, detuve el “cascazo” que se me venía encima. Mientras llovían sobre mí los insultos.
Traté de estortillarle mi puño derecho en el rostro, pero me detuvo el plástico que le cubría la cabeza.
En eso apareció una chica que acompañaba al caballero motorizado, para separarlo de mí.
El vernáculo se alejó, no sin antes gritarme: “¡Marimacho!”.
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Nadie hizo nada para quitar a aquel hombre de encima de una mujer embarazada, en pleno día de consumo navideño, en uno de los puntos neurálgicos del comercio capitalino.
Ninguno de los hombres que nos rodeaban dijo algo.
Las mujeres se tapaban la boca. El silencio era avergonzante.
Mi hermana me reclamó cautela y precaución con el embarazo. Nos miraban.
Para todas, para todos, la culpable fui yo.
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A estas horas, escribo en primera persona sobre la ferocidad de un sistema que se hace el ciego ante los embates de los machos contra las mujeres. 
"Si te hubiese acompañado un hombre, eso no te sucede", me consuelan.


lunes, 16 de julio de 2012

Piropos

Porque no son halagos
Porque no me interesa escuchar sandeces
Porque somos violentas si respondemos y putas si NO
Porque NO es atractivo un hombre que muestre su pene, ni que amenace con agarrarme el culo
Porque si, provoca matarlos
Porque se llama acoso y es un delito

"Por ahí, un día te animás y me violás" y zás, ella tuvo la culpa
¡Sonríe y sé linda!
Abajo: Piropos, por Malena Pichot