Yo paro, pero que
alguien me aguante los pujos.
Cómo para la mujer con
su hijo en un hospital ¿Son los hombres que la sostienen?
Cómo para la única
entrada de dinero en casa ¿Cuántas madres son la única entrada de
dinero?
Cómo para la
prostituta para el proxeneta ¿Cuántas monedas cuesta una mamada?
Cómo para la campesina
la aridez. Cómo para la niña de parir. Cómo para la que pare a los
hombres que la matarán mañana. Cómo para la muerta los golpes.
Paran las mujeres, las
niñas, las adolescentes, las transexuales, las lesbianas, las
campesinas, las afrodescendientes, las indígenas las estudiantes,
las obreras, las feministas, las que no se saben feministas. Parar,
las que pueden por las que no. Las que quieren por las que no.
Parar para detenerse,
levantarse, y también habitar.
Parar para no seguir
engrasando y ensangrentando la Máquina, que hace uso de nuestra
fuerza de trabajo (en el hogar, de cuidados a niños y ancianos) sin
remuneración, y que a cambio nos mata.
Levantarse porque no
podemos seguir muriendo sin que pase más que la propia muerte.
Parar para quedarse en
la idea, para acompañarnos, para hacer casa en la voz de todas, por
todas nuestras muertas. Por todas las que queremos la vida. Por el
reconocimiento y la unidad de las mujeres en su actuación pública,
la sororidad. “¿Qué sería de las mujeres sin el amor de las
mujeres?” (1). Y, antes que reclamar la equidad con los
hombres, debemos lograr la igualdad (reconociendo la diversidad)
entre nosotras.



