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miércoles, 8 de marzo de 2017

Gastronauta 109 #8M #YoParo


Yo paro, pero que alguien me aguante los pujos.

Cómo para la mujer con su hijo en un hospital ¿Son los hombres que la sostienen?
Cómo para la única entrada de dinero en casa ¿Cuántas madres son la única entrada de dinero?
Cómo para la prostituta para el proxeneta ¿Cuántas monedas cuesta una mamada?
Cómo para la campesina la aridez. Cómo para la niña de parir. Cómo para la que pare a los hombres que la matarán mañana. Cómo para la muerta los golpes.

Paran las mujeres, las niñas, las adolescentes, las transexuales, las lesbianas, las campesinas, las afrodescendientes, las indígenas las estudiantes, las obreras, las feministas, las que no se saben feministas. Parar, las que pueden por las que no. Las que quieren por las que no.
Parar para detenerse, levantarse, y también habitar.
Parar para no seguir engrasando y ensangrentando la Máquina, que hace uso de nuestra fuerza de trabajo (en el hogar, de cuidados a niños y ancianos) sin remuneración, y que a cambio nos mata.
Levantarse porque no podemos seguir muriendo sin que pase más que la propia muerte.
Parar para quedarse en la idea, para acompañarnos, para hacer casa en la voz de todas, por todas nuestras muertas. Por todas las que queremos la vida. Por el reconocimiento y la unidad de las mujeres en su actuación pública, la sororidad. “¿Qué sería de las mujeres sin el amor de las mujeres?” (1). Y, antes que reclamar la equidad con los hombres, debemos lograr la igualdad (reconociendo la diversidad) entre nosotras.

martes, 7 de junio de 2016

Gastronauta 87: Fea



Me dije, “un coño voy a escribir sobre esta vaina”.
Así que lo que sigue es un coño.

¿Quiénes fueron las esposas de los más temibles dictadores? ¿Las recuerdan? ¿Cuáles consejos de moda y estética pudieron ofrecer a las torturadas, a las desaparecidas, por miles en el cono sur, por miles en África, millones en el mundo?
¿Carmen Polo se descorrió el velo para sonreír cuando cayó García Lorca, o se ajustó los collares para sostener su cuello frente a Franco? ¿Magda Goebbels aprobaba las rayas de los uniformes judíos que iban a los campos? ¿Quién le paga los viajes, la publicidad, quién le hace la imagen de sufrida -pero “bella”- a Lilian Tintori?
¿La mujer mutilada se sentirá fea cuando su verdugo acaba en ella la tala de su cuerpo? ¿La mujer campesina, la que hace posible que usted coma, estará atenta a las últimas tendencias en maquillaje, o en sus manos la tierra deja constancia de su paso por el mundo? ¿Se sentirá “sucia”? ¿Quién será feliz, la que se deja despeinar por la vida, o la que es esclava de artificios para lucir “bella”?
¿Qué es ser bella? ¿Se puede ser bella cuando el cuerpo refleja una cosa y la boca se abre como cañería? ¿O ser bella es sonreírle a la cámara y ser “la esposa de... el dueño” (del canal, del país, de la Asamblea)? ¿Cuántos pasos hay de ser bella, a ser bella y estar muerta? ¿Cuándo somos más feas, cuando nos creemos más bellas, o cuando lo decimos?
Aunque es normal que Dora D'Agostino opine respecto a las mujeres como opina, por su origen de clase, hay algo más que superficialidad en las declaraciones de la esposa de Ramos Allup y la respuesta de sus detractores “chavistas” (que me diga Cilia Flores cuánto cuesta una sesión de bótox), el no reconocimiento del resto, de esas que no encajamos en los moldes que plantea, que según Dora son dos, las mujeres “del gobierno”, “desarregladas (...) sucias (...) sin maquillaje”, y lo contrario-lo que ella representa, el sinónimo de su venezolanidad, la supuesta belleza que, por un simple silogismo, debe acompañar a una mujer opuesta al gobierno: arreglada, limpia y maquillada. ¿Cuán arreglada, limpia y maquillada anda Hillary Clinton ejecutando desmanes en el mundo? ¿Con cuánto gusto los ejecutaría aquí?
Incluso hay algo más vergonzoso, ubicar el debate político en la idea de que éste toldo cuenta con mujeres más hermosas que aquél, o al contrario. Un riña con la que las mujeres no ganamos nada. Mientras, las muertes por aborto siguen siendo números clandestinos y no por eso pocas, o debemos trabajar hasta tres veces más para conseguir el mismo sustento que el mes anterior, y sobre eso nadie legisla, ni somos entrevistadas.

martes, 3 de mayo de 2016

Gastronauta 83: Tala



No se qué talla me he vuelto.

Hubo un día que la supe
era del tamaño equivocado.
Demasiado grande para entrar en aquellas telas
demasiado pequeña para ser algo, alguien.

Yo era una mujer en el mundo y no cabía en el espejo.
Desterrada la redondez
decidí buscarme, caminarme.
Llegué hasta la punta misma de mis cabellos y no estuve.

Entonces me desnudé.
Y encontré entre aquellos trapos a una niña que lloraba a una niña.
La sequé con mis despojos y regué en su piel mi olor a cereal recién segado.
Anduve con las carnes al aire y si se fijaban bien podían ver cómo iba y venía mi corazón.

Dormía sobre mí. Me vestían los ojos ajenos.
Era una flor haciendo equilibrio en la caída.
No tuve límites, y crecí, y le hice sombra al miedo.
Fui paredes y techo y tuve en mis manos la muerte.

Era cuerpo.

jueves, 31 de marzo de 2016

Mujerícola 44: Angélique



Volvieron como cascos de caballo sobre el lomo de la sabana.
Ella, despertó y se miró las manos que permanecían en su lugar. Siempre soñaba que se las cortaban porque se negaba a masturbar a un ejército de hienas.
Hacía tres días que dormía, trataba así de esconderse del hambre.
El tropel del Ejército de Resistencia del Señor la miró y asumió que estaba muerta.
Se llevaron a la mujer a su lado, también al hijo.
La compañera les serviría de cama, el niño ya podía sostener el fusil.
Aprendió a orar a Dios en el desespero, a cantar para invisibilizarse de frente a la maldad.
Corrió sin mirar hacia atrás, y se le olvidó el camino a casa.

Angélique sabe qué le harán a aquella mujer y a su cría, sabe cómo acabarán, porque en el Congo queda el infierno, un hoyo en la tierra, con paredes de diamantes que alumbran el camino por el que asciende el aliento del diablo, un vaho mortecino que atraviesa el corazón del hombre primario.

Y, entonces, ¿de dónde saca la sonrisa Angélique?

jueves, 3 de marzo de 2016

Mujerícola 39: Femicidio


A Mayerlin la violaron, la picaron en pedazos y la regaron en Mume.
Estaba implicado el hijo del Gobernador. Lo dejaron libre.
El pecado de Maye, como le decían, había sido ser electa reina de los carnavales del pueblo. Hermosota. Desde entonces, fue objetivo.

A la chica Coronado (le llamaban así por el apellido de su papá, el militar) la agarraron en la mañanita cuando salía a trabajar. Estaba sola, y eso era suficiente. Literalmente la entubaron. No hubo orificio donde no la penetraran con pedazos de metal, antes de matarla.
Cada vez que voy a casa de mi mamá, veo a su hijita, de la mano de sus tías. Nunca camina sola.

Luzbelis corrió con más “suerte”: la violaron entre varios, cuanto quisieron, y la dejaron viva con la condición de que callara. Y calló, nunca más ha hablado. Una la mira y es como estuviera en presencia de la ausencia, un cascarón hueco que repite y repite aquel día. Vive al borde de una autopista. Estoy segura de que algún día se arrojará, y sus cazadores estarán mirándola.

A Luzmila la violó su tío. Todos lo saben. No por ella. Él se jacta de su “proeza” cada vez que se echa unos palos, va la busca, se lo restriega, ella se traga a sí misma. Cada vez que la miro, está igual: larga con un silbido, flaca como si no comiera, triste como la que más.