Yo no soy ni de cerca
Michelle Robinson (#JeNeSuisMichelle). Ni yo, ni usted, mucho menos
ésa mujer: que siendo afrodescendiente y también abogada y que como
Michelle se estira cada uno de los cabellos que la negritud le
heredó, no es ni de lejos Michelle Obama. Convengamos: a cualquier
mujer exitosa le faltaría marketing (y le sobrarían muchas horas
frente a la TV) para parecérsele a Michelle. Se calcula que la
popularidad de Michelle antes de abandonar la Casa Blanca, rondaba el
65%, diez puntos por encima del marido. Ni una mujer exitosa ni las
parias decretadas por el sistema: aquella transgénero no será como
Michelle, ni caminaría con Michelle (retratada en pancartas) en la
#WomensMarch. No lo podrán ser las mujeres en resistencia contra el
Estado islámico (financiado por EE.UU.) en Kurdistán. Las mujeres
muertas en Ciudad Juárez en manos del narcotráfico (que alimenta a
EE.UU.) tampoco. Las pobres pobrísimas, las mujeres con
discapacidad, la mujeres prostituidas, las verdaderamente
afroamericanas, nunca serán como Michelle. Ángela Davis, tú no
eres como Michelle. Hillary se parece más a Michelle, aunque
Michelle es menos honesta. Digamos que hasta la bestia de Trump es
más sincero, pero igual de blanco: blanquísimo.
Michelle es falsa, una
publicidad engañosa.