Los más avezados analistas, profesores y lumbreras, se atreven a vaticinar la cantidad de venezolanos que han de votar el domingo 30 de julio por la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Para algunos, la cifra no debe alcanzar la del plebiscito y menos superarla, lo que para ellos significaría fraude. Como si los números del plebiscito se pudieran verificar (2.395.390 votantes) y por tanto su totalidad (7.186.170 votos) fuera certera y además se estableciera como la contraparte de una elección que no pretende la competencia entre fuerzas ideológicamente contrarias (ANC). Ambas consultas persiguen objetivos disímiles y se dan bajo circunstancias técnicas diametralmente opuestas.
La gente bien que se ha propuesto “evitar” el voto del común este domingo, bajo amenazas de muerte, es la misma que los “conmina” a los simpatizantes de la ANC a sublevarse contra el gobierno. Esa aparente contradicción deja al descubierto una forma de hacer política a la fuerza: a la fuerza realizan las protestas, a la fuerza trancan las vías a sus vecinos, a la fuerza recurren al plebiscito, a la fuerza queman sus votos y a la gente que piensa distinto, y a la fuerza quieren impedir el ejercicio electoral para seleccionar a los constituyentitas ¿El ejercicio de la “política” a la fuerza no es equivalente a la dictadura?
La gente bien que se ha propuesto “evitar” el voto del común este domingo, bajo amenazas de muerte, es la misma que los “conmina” a los simpatizantes de la ANC a sublevarse contra el gobierno. Esa aparente contradicción deja al descubierto una forma de hacer política a la fuerza: a la fuerza realizan las protestas, a la fuerza trancan las vías a sus vecinos, a la fuerza recurren al plebiscito, a la fuerza queman sus votos y a la gente que piensa distinto, y a la fuerza quieren impedir el ejercicio electoral para seleccionar a los constituyentitas ¿El ejercicio de la “política” a la fuerza no es equivalente a la dictadura?