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miércoles, 11 de enero de 2017

Memorando 001 Comienzo


Por Mundia Magdaleno

De la muerte le duele no poder hablar después de muerta. Hablar como una salvaje de lo que le viene en gana, de comenzar cuando quiere, de inventarse un día para morir al otro y renacer cuando la hoja de enfrente se abra ardorosa a la palabra. Hablar para decir escribir. No quiere simular la muerte ni una vida profunda. Quiere escribir como el niño quiere la teta. Sin mediocridad. La quiere plena y redonda, cuando la quiere. Toda. Quiere escribir y escribir duele. Quiere doler. Comienza como el año, desértica, crucifija. Comienza como el año a precio de moneda verde y mohosa, escurridiza. Comienza el año y el destete. Doloroso. La muerte le arranca de la boca la o oscura la leche la piel. De la muerte le duelen los vivos los retratos rotos oxidados los retratos en el espejo el espejo en el que está otra. “El que está dentro del espejo siempre podrá declarar que quien está dentro del espejo es el otro” (*). Ella. Yo. Rota. Comienza la herida a ser herida. De nuevo. Una herida que se pare a sí misma. Comienza el año y de la grieta asoma la frente la flor de manzanilla. De la muerte nos duele lo que no se ha dicho. Y quiero decir. Decir que decirlo todo es entramparlo todo, decir que no todo está dicho y que los días se desnudan frente a mi lengua como el corazón de la flor al colibrí. De la muerte no saber nada y querer saberlo todo, el miedo de no poder regresar, la honesta sensación de no querer hacerlo. No es la única mujer que guarda en una caja los poemas para cuando el amor la encuentre, estará meciendo sus cabellos la marea, el mar, y llegará el amor en una ola. Sabrá donde guarda cada palabra el amor. Se sentará sobre ella y hará de sus cabellos el nido, para morir y volver a morir en cada patada que da forma a la mecedora. De la muerte le duele haber besado al amor, porque el mundo sólo se da una vez. Comienza el año y en las hojas de plátano escribo para ella el color de su muerte: lavanda. De la muerte le duele no poder hablar después de muerta. De la muerte la solidez. Quiere una muerte líquida, que se derrame por el pecho del amante. Una muerte que remonte los techos del pueblo. Muerte bruja. Comienza el año y vuelve sobre mi techo la criatura y su lengua en el espejo. De la muerte esta muerta, su muerte, la suerte. De la muerte, esta vida, el comienzo. Mundia.


Caracas, 11 de enero de 2017

domingo, 12 de junio de 2016

PON 32

Ensayo:

EL FLAUTISTA EN EL POZO (frg.)
Por Charles Simic (Serbia)

En realidad, mi tema es la poesía en tiempos de locura. Allá afuera hay gente que tiene los medios para asesinarnos a mí y a todos los que amo sin previa advertencia. Todos estamos en la fila de ejecución. Cada día, cuando leo los periódicos y miro la televisión me angustia la posibilidad de que no llegue nuestro indulto, que nuestra situación sea terriblemente incierta, ambigua y poco envidiable. No digo “seria”, porque también hay algo de risible en nuestro predicamento. Se debe a lo listos que somos, a lo listos que son todos esos niños genio que tanto admiramos. Quiero que la poesía refleje toda esta variedad de contradicciones. Por lo tanto me asombra ver que en la mayor parte de la poesía contemporánea la historia no existe. Uno puede leer literalmente cientos de páginas de poesía contemporánea sin encontrar un aspecto significativo de nuestra vida en este siglo. Los poetas escriben acerca de la naturaleza y acerca de ellos mismos de la manera más solipsista, pero no escriben acerca de sus verdugos.

domingo, 5 de junio de 2016

PON 31




EL MITO DE SÍSIFO (frg.)
Por Albert Camus (Argelia)
Levantarse, coger el tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, la comida, el tranvía, cuatro horas de trabajo, la cena, el sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado con el mismo ritmo es una ruta que se sigue fácilmente durante la mayor parte del tiempo. Pero un día surge el “por qué” y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro"Comienza": esto es importante. La lasitud está al final de los actos de una vida maquinal, pero inicia al mismo tiempo el movimiento de la conciencia. La despierta y provoca la continuación. La continuación es la vuelta inconsciente a la cadena o el despertar definitivo. Al final del despertar viene, con el tiempo, la consecuencia: suicidio o restablecimiento.


EL DIARIO DEL RON (frg.)
Por Hunter Thompson (EE.UU.)
Por mucho que deseara con vehemencia todas aquellas cosas para las cuales se necesita dinero, había una especie de corriente diabólica que me empujaba en otra dirección…, hacia la anarquía y la pobreza y la locura. Hacia ese delirio enloquecedor que sostiene que un hombre puede llevar una vida decente sin alquilarse a sí mismo como un mercenario

domingo, 29 de mayo de 2016

PON 30

Poema:

MANUAL
Por Mundia Magdaleno (Venezuela)

Tengo cuarenta años
la edad justa para darme cuenta de que
no es importante Dios
la física lo es más
porque la gravedad
nos termina por sembrar,
que los hijos se van
mientras se contiene el bostezo
que perdiste la vida y se van,
que los mangos maduros atraen las moscas
y los verdes, manchan,
que no me doy cuenta todavía
por dónde se pone el sol
ni si mi piel crece cuando llueve
o si abro los ojos al oriente.
Tengo un poco más de la mitad de mi vida
y dicen que formo parte de la clase media
que estoy en medio
justo en el casi
y no llego a fin de mes
sardina por salmón
sonrisa a crédito.
Tengo
la rabia contenida en las manos
las manos hinchadas
sin decir que no quería esto
porque no lo quiero.
Que afuera la pira agrieta el cemento
que quién soy yo para que no tarde en atravesarme a mí
que qué es mi sangre, sino la mutación de la hiedra.
Tengo cuarenta años
y ningún manual para aprender a morir.

martes, 15 de diciembre de 2015

Gastronauta 66: Escribir



Tenía yo trece años cuando mi papá me estampó la primera y única cachetada que me propinaría en lo que ambos llevamos de vida.
Mi mamá le hizo llegar una carta que yo le había escrito al chico que me gustaba.
“Pero, papá es sólo una carta”, traté de explicarle, antes de que abriera los ojos como las luces de una gandola en un túnel y me palmeara la cara.
“Con esta carta se puede preñar a cualquiera”, sentenció.
Me hizo romperla en pedacitos, enterrarla en el jardín y prometerle que no escribiría nunca más.

Dice Amparo Dávila que escribir es una enfermedad incurable. Yo agregaría que es terminal para los que no queremos cura.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Poesía o nada 6


 

Sección de literatura en la Revista Épale Caracas, publicada dominicalmente.
 
Poema:

Érase una vez... El país rocambolesco de la felicidad

Por Adal Hernández (Venezuela)

Un país abastecido,

satisfecho,

con la barriga vacía

y un retraso en su crecimiento,

desnutrido,

con más de un ochenta por ciento de pobreza

hacinada en ranchos de lata

amenazados por la llovizna

y campos de hambre,

de playas paradisiacas

bañadas por las cálidas aguas del Mar Caribe.

Un país de bellas artes,

Ilustrado,

donde prácticamente nadie podía leer,

con más de un millón de analfabetas

y una educación de puertas cerradas

para las grandes mayorías,

de amos del valle y de nobleza criolla,

de buhoneros, gallos, guerrilla y exclusión,

con los saltos más profundos de agua dulce

y mesetas extraordinarias

que sirven de morada a los dioses.

Un país alborozado,

eficiente,

de niños oliendo pega en las esquinas

y pena de muerte,

de exterminio,

“Disparen primero y averigüen después”,

lunes, 29 de agosto de 2011

Instrucciones para llorar

De Julio Cortázar
Instrucciones para llorar. Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará  con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.