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jueves, 20 de abril de 2017

Memorando 012 País


Por Mundia Magdaleno

No puedo sostener mi nombre
convertido en bola de piel
en los codos le crece una paraulata
en la lengua un codo
mi nombre en hueso
mi nombre sin cuerpo

En la noche lo hirieron
pero ha vuelto de la grieta
leche de la higuera sobre la sarna
a curarlo todo
savia blanca
derramada

Nunca debió parir
los hijos son como los buitres
se lo comen a una viva y muerta
plumas no le crecen en la cabeza
un nombre
de plumas sin cabezas

Mi nombre no tiene país
porque mi país vive sin nombre
se lo robaron estos y aquellos a cambio de un voto
lo arrojaron al río
y no pude sostener mi nombre en la corriente
Una cascada es una herida

jueves, 23 de febrero de 2017

Memorando 007 Petra



Por Mundia Magdaleno


Para Madre una casa de piedras
y entre las piedras tu cabeza
y la cabeza de la gente que
la ha hecho llorar
.
Estaría mi cabeza sobre la puerta
porque Madre se merece una casa
con entradas
que no lleven a ninguna parte
.
En la frente de la casa
el filo de la montaña
Una mujer salvaje de salvaje cornamenta
una mujer en silencio


En la lengua
Madre en horizonte
de vientre remolacha
de tetas amputadas
.
Para Madre un ataud de cristal
para que sus ojos abiertos contemplen de la tierra la vida
y vuelva su cuerpo a crecer
a romper los vidrios y las carnes y las piedras
.
Una casa para constatar
que Madre sabe nacer
quiere nacer
puede
.
Es madre el estruendo
sobre un jinete de piedra
La flecha en el arco que no se arroja
y se devuelve tibia al árbol
.
Es Madre
en la ventana
un cielo de ojos nazareno
La Madre que me convoca a la guerra

jueves, 9 de febrero de 2017

Memorando 005 Tamarindo



Por Mundia Magdaleno

Tirado sobre la hierba se yergue parásito que pretende la fruta. Lo mira el sol. Llueve sobre mí la tarde del domingo. Me come los domingos y me desmigaja en el patio. Se limpia las fauces y sigue detrás de la fruta. Come tamarindos. Las pepas ruedan por el suelo y se me adhieren a la planta de los pies. Cava dentro de mí y me hace remojar en mis propias bilis. En el pantano abro la puerta y me encuentro con su cara que mira el árbol del que penden tres mujeres muertas. Sus cabellos flotan con el viento. El olor de los tamarindos es más fuerte que el de la muerte. Su sexo es una bolsa de tamarindo. Lo chupo y el sabor ácido de sus jugos se derrama. Presiono su pulpa contra el cielo de mi boca. Lo chupo mientras se mecen sus mujeres en las ramas del árbol. Se yergue parásito y desenvaina cuatro semillas. Es un demonio verde y de él sólo quiero una muerte simple. De entre las ramas se cuela el sol y dejan ver de él las venas dentro de su vaina. Yo quiero tragarlo con el favor de la luz. No tengo miedo. Las larvas carecemos de conciencia. Cuando suena la reja, mojo, porque sé que un hombre o una mujer se comerá mi concha mientras él mira y frota su cornamenta contra el metal. Su piel se transparenta lo mismo que su sexo bermejo crece al escuchar mis aullidos. Y yo grito más y estallo contra mi grieta la cabeza de ella, también la de él, hasta que hago jugo de hierbas sus bocas. Él me mira deshecha y penetra su bolsa en la mía una vez, para devolver el fruto al árbol. Cada dos días baña a las tres mujeres y me hace subirlas. Las peino y sus cabellos me quedan entre las manos. Después de bajar y constatar la dirección de los vientos, él me desviste y frota con un estropajo. Para dormirlo, yo lamo el vientre de mi demonio hasta que me atraviesa. Llueve sobre mí la tarde del primer día. Me come y me desmigaja en el patio. La luz se acaba temprano como se acaba la luz de los domingos. Y los pájaros nos picotean el corazón.

Carrizal, 5 de febrero de 2017.

jueves, 26 de enero de 2017

Memorando 003 Madre


Por Mundia Magdaleno


Cuando yo nací, me recibió el vecino. Era pescador y pescadero.
No había nadie en casa, y el grito de madre lo despertó, lo trajo, y lo hizo abrirle las piernas.
Después de los hombros, se escurrió mi sexo. Dijo “es niña, es niña”. Y yo sentí que entonces me hice niña. Me puso en los brazos de madre, se puso de pie, de frente, nos observó a las dos como un tajalí antes de despedazarlo. Madre cerró las piernas. La placenta volvió a abrírselas. Yo no lloré. Miraba al pescadero mirarme. Madre oró para que la mar lo devolviera a su orilla. El pescador escuchó el rezo y lanzó sobre los tres una red de mecatillo que colgaba en la entrada de su casa. Las aguas lo mancharon de sangre y a él eso poco le importó. Madre puso mi boca en su pezón izquierdo. Pero yo seguía con mis ojos la ruta del pescador. Alzó su lanza contra la luna oscura y brillaron sus escamas, para entrar a la cueva de caldos. Yo sabía vivir ahí porque yo venía de ahí. Madre se murió un poco. Cogí aire de adentro y la besé para que volviera. El vecino sacó de ella el cardumen de un dolor negro. La dejó la hiel, sin barniz, la dejó volver con otras aguas a poblar el misterio. Y madre volvió a mirarme. El pescadero seguía en frente. Nos miraba a madre, a mí, a su pezón rosa.
Madre balbuceaba una súplica.
Madre yace, ola que se repliega al final, en la ribera, ahí donde le reza a Dios y Dios no le responde. Yace en el silencio. Mira cómo me hago palabra. Madre sabe que parió su final.
Cuando yo nací, me recibió el agua. Y madre sedienta. Y un pescadero que no sabía que sabía. Me recibí salvándola. Y desde entonces me suplica por su vida.
!Ay madre, si pudiera matarte!

Caracas, 23 de enero de 2017

miércoles, 11 de enero de 2017

Memorando 001 Comienzo


Por Mundia Magdaleno

De la muerte le duele no poder hablar después de muerta. Hablar como una salvaje de lo que le viene en gana, de comenzar cuando quiere, de inventarse un día para morir al otro y renacer cuando la hoja de enfrente se abra ardorosa a la palabra. Hablar para decir escribir. No quiere simular la muerte ni una vida profunda. Quiere escribir como el niño quiere la teta. Sin mediocridad. La quiere plena y redonda, cuando la quiere. Toda. Quiere escribir y escribir duele. Quiere doler. Comienza como el año, desértica, crucifija. Comienza como el año a precio de moneda verde y mohosa, escurridiza. Comienza el año y el destete. Doloroso. La muerte le arranca de la boca la o oscura la leche la piel. De la muerte le duelen los vivos los retratos rotos oxidados los retratos en el espejo el espejo en el que está otra. “El que está dentro del espejo siempre podrá declarar que quien está dentro del espejo es el otro” (*). Ella. Yo. Rota. Comienza la herida a ser herida. De nuevo. Una herida que se pare a sí misma. Comienza el año y de la grieta asoma la frente la flor de manzanilla. De la muerte nos duele lo que no se ha dicho. Y quiero decir. Decir que decirlo todo es entramparlo todo, decir que no todo está dicho y que los días se desnudan frente a mi lengua como el corazón de la flor al colibrí. De la muerte no saber nada y querer saberlo todo, el miedo de no poder regresar, la honesta sensación de no querer hacerlo. No es la única mujer que guarda en una caja los poemas para cuando el amor la encuentre, estará meciendo sus cabellos la marea, el mar, y llegará el amor en una ola. Sabrá donde guarda cada palabra el amor. Se sentará sobre ella y hará de sus cabellos el nido, para morir y volver a morir en cada patada que da forma a la mecedora. De la muerte le duele haber besado al amor, porque el mundo sólo se da una vez. Comienza el año y en las hojas de plátano escribo para ella el color de su muerte: lavanda. De la muerte le duele no poder hablar después de muerta. De la muerte la solidez. Quiere una muerte líquida, que se derrame por el pecho del amante. Una muerte que remonte los techos del pueblo. Muerte bruja. Comienza el año y vuelve sobre mi techo la criatura y su lengua en el espejo. De la muerte esta muerta, su muerte, la suerte. De la muerte, esta vida, el comienzo. Mundia.


Caracas, 11 de enero de 2017

domingo, 13 de noviembre de 2016

PON 51


AGUA
Por María Auxiliadora Álvarez (Venezuela)
Ya no quiero más casa
que la lluvia
sobre mis ojos
porque el agua
dentro del agua
no es intemperie.


S/T
Por Miyó Vestrini (Venezuela)
Los que escriben ni siquiera son una raza. Ni una casta. Ni una clase. Ni uno. Detienen el privilegio de vivir como mujeres en un mundo de científicos. Detrás de espesos lentes, la corte no se opaca nunca. Se tienen todas las prerrogativas: desde la filosofía hasta la ira, pasando por las relaciones conyugales, y la longitud de los párrafos. Entre los derechos del hombre figura el escribir largamente, para si primero, para los otros luego, con un propósito bien o mal definido: inundar las vitrinas, las paredes, los países, las casas. O en fin de cuentas, suicidarse.


ÚLTIMO

Hazme niña cuando deje las entrañas del aire, quiero ser una niña, nunca un héroe. Déjame al resguardo de un tronco macho, bajo la violencia de los árboles sin frutos. Déjame sola quiero estar sola saber estar sola cuando al fin sepa cómo morir. No quiero misericordia ni milagro. No quiero regresar. Quiero dormir.

Mundia Magdaleno


DESABASTECIDA
Por Lila Biscia (Argentina)
la palabra alimenta el peso de la herida.
ya no hay candor capaz de abastecer.

hago bosque de mis entrañas.
el silencio
hará de mí vestigios.


ESCRIBIR
Por Chantal Maillard (Bélgica)
escribir
para ahuyentar la angustia que describe
sus círculos de cóndor
sobre la presa

(...)
el dolor es la senda
el dolor es el medio
por el dolor la fuerza
que combate el dolor
y lo transforma
por el dolor deshago
mi dolor en lo ajeno
y el ajeno en el mío

(...)
¡y qué mas da!:

hay demasiado dolor
en el pozo de este cuerpo
para que me resulte importante
una cuestión de este tipo.
Escribo

para que el agua envenenada
pueda beberse.



DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA (frag.)
Por Caroline Bird (Inglaterra)
(...)
Porque uno piensa que si lo menciona en un poema
el puente te amará recíprocamente.

Porque el puente te comerá viva.
Porque es algo como estar en un cuarto de hotel
con tu oreja pegada a la pared.

(...)
Porque me quité la piel para poder sentir
los pétalos caer suavemente sobre mí.

Porque vine a ti sin piel.
Porque si todos nos quitáramos la piel
nada podría herirnos.

Porque la primera regla del baile de salón
es nunca besar a tu Némesis.

Porque la verdadera alegría es siempre mortificante.
(...)
Porque los mentirosos tienen lenguas que saben a sorbete.
Porque la gente más peligrosa del mundo
piensa que son buenas personas.

(...)

Trino:
"Fuiste la primera en escribirme / y en preguntar si sentía / que la sangre es un racimo de pájaros" @oriettedangelo

domingo, 25 de septiembre de 2016

PON 44


Cuento:

CORRESPONDENCIA (frag.)
Por Paola Muñoz (Venezuela)

Yo soy la amante de M. y él dice que los amantes son un silencio; coincido en la medida de que éste sea la imagen de un grito, como el cuadro de Munch. Un silencio de viva voz indómito a las fauces bestiales del orgasmo, un desenfreno para oídos de pocos, una boca abierta chorreando deseo, sublime y mundanal, una piedra sordamente roída por el océano erecto, una fantasía extremada a la realidad y perforada silenciosamente, el escándalo de las cavidades, el eco de la cueva, un suspiro serpentino, la burbujeante espuma de las sales, el picor ambarino de las mieles, la mudez de la muerte con los ojos virados al vacío. El “sonido del silencio”.

Poesía:

AMANTE
Por Mundia Magdaleno (Venezuela)

Yo sé que no soy buena como es buena una yerbera. Sé que hay preguntas que no me puedo responder y respuestas que no he de mencionar. Mi nombre es el espacio que hay entre cada palabra. Un silencio breve. Ése momento de la noche en que ni Dios existe. Sé que no soy buena aunque evada el juicio. Soy la masa de semen que se empelota en la bolsa que sostiene el escroto de un mediohombre, una mujer a la que se olvida, la amante.

domingo, 29 de mayo de 2016

PON 30

Poema:

MANUAL
Por Mundia Magdaleno (Venezuela)

Tengo cuarenta años
la edad justa para darme cuenta de que
no es importante Dios
la física lo es más
porque la gravedad
nos termina por sembrar,
que los hijos se van
mientras se contiene el bostezo
que perdiste la vida y se van,
que los mangos maduros atraen las moscas
y los verdes, manchan,
que no me doy cuenta todavía
por dónde se pone el sol
ni si mi piel crece cuando llueve
o si abro los ojos al oriente.
Tengo un poco más de la mitad de mi vida
y dicen que formo parte de la clase media
que estoy en medio
justo en el casi
y no llego a fin de mes
sardina por salmón
sonrisa a crédito.
Tengo
la rabia contenida en las manos
las manos hinchadas
sin decir que no quería esto
porque no lo quiero.
Que afuera la pira agrieta el cemento
que quién soy yo para que no tarde en atravesarme a mí
que qué es mi sangre, sino la mutación de la hiedra.
Tengo cuarenta años
y ningún manual para aprender a morir.

domingo, 3 de abril de 2016

Poesía o nada 22

Poema:
ENVIDIA DEL PENE (Extracto)
Por Erica Jong (Estados Unidos)


(...)

Pero ya que soy mujer,
debo no sólo inspirar el poema
sino también escribirlo a máquina,
no sólo concebir al niño
sino también darlo a luz,
no sólo dar a luz al niño
sino también bañarlo,
no sólo bañar al niño
sino también alimentarlo,
no sólo alimentar al niño
sino también llevarlo
a todas partes, a todas partes...

mientras que los hombres escriben poemas
sobre los misterios de la maternidad.

Envidio a los hombres que pueden anhelar
con infinita vaciedad.



Poema:
EL MATRIMONIO II
Por Denise Levertov (Inglaterra)

Te quiero hablar a tí.
¿A quién más?
Eres tú quien hace
un mundo del que hablar.
En tu calor
las frutas se ponen maduras— todas
las manzanas y peras crecidas
sobre la pared sur
de mi cabeza. Si escuchas
llueve para ellas, después
beben.
Si contestas
las semillas
saltan a la tierra.
Habla o quédate en silencio: tu silencio
me hablará.