lunes, 15 de abril de 2013

Algunos hechos terroristas de la oposición a estas horas en Venezuela

A estas horas, sectores de la oposición venezolana desconocen el triunfo de Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales en Venezuela, realizadas ayer y en las cuales el candidato chavista ganó por un margen de casi 250 mil votos.
El candidato de la derecha llamó a las calles a sus seguidores, quienes han destrozados los Centros de Diagnóstico Integral, agredido a los médicos cubanos, también han prendido fuego a sedes del Partido Socialista Unido de Venezuela, Petrocadads, Aldeas universitarias, Mercales, contra figuras políticas como Tibisay Lucena (Rectora del Consejo Nacional Electoral), Aristóbulo Istúriz (Gobernador chavista del Estado Anzoátegui), William Izarra, Jorge Rodríguez, entre otros.
El pueblo ha sido víctima fatal. Hasta la hora, 11:30 PM múltiples focos de violencia se cobran heridos y muertos.
El Movimiento popular ya está organizado. Mañana anuncian en rueda de prensa sus acciones, desde el Teatro ALAMEDA, en San Agustín.
Ahora mismo se reúnen en el Cuartel de la montaña el COMANDO ANTIGOLPE.
¿Quieren repetir abril de 2002? ¡No es el mismo pueblo del 11-A! Somos sí el pueblo que devolvió a Chávez los días siguientes.

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Nadie les niega el derecho a la protesta, pero quemar casas, centros médicos, agredir a médicos, al pueblo de pie constituye un delito.
El pueblo viene aguantando insultos y burlas desde que Chávez partió a Cuba y luego de su muerte. Las provocaciones se crecen.
Hace nada también asediaron el canal del Estado Venezolana de Televisión. Inmediatamente llegó el pueblo a defenderlo.
Se reportan heridos en el Zulia, Carabobo, Lara, Mérida, Distrito Capital, Delta Amacuro, Miranda, Táchira (de la que se dicen está tomada por terroristas paramilitares). 
Las víctimas son chavistas y señalan a personas de la oposición.

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Henrique Capriles es responsable de los muertos del día de hoy, producto de su llamado a sus seguidores a la calle. Y aunque a través de su cuenta twitter dice llamar a la paz, en sus discursos convoca a la violencia, así mismo a los líderes de opinión pública que lo acompañan.

¡Seguimos luchando contra los perros rabiosos del capital, del imperio!

  


jueves, 11 de abril de 2013

Los Capriles, enchufados del petróleo

concesiones 

Recientemente el candidato de la derecha usó el peyorativo término “enchufados” para referirse al caso de los venezolanos y venezolanas que, según él, han sido favorecidos indebidamente por el gobierno del presidente Chávez y aseguró que hay que sacarlos para darle paso a la “gente decente”. Más allá del calor electoral y el cambio de estrategia de su comando para este 14 de abril, debe recordarse que tales declaraciones derivan de una idea muy cultivada en los sectores de derecha con respecto a lo que también peyorativamente llaman “petropopulismo” del “reeeeegimen”, que no sería más que la tendencia a regalarlo para manipular electoralmente a la población y también a otros países para ellos manipulables y de segunda categoría como Bolivia, Cuba o Nicaragua.
Ciertamente se pueden decir muchas cosas al respecto la mayoría de las cuales de hecho ya se han dicho, sin embargo, una que no se ha mencionado es que en buena medida la famosa fortuna de la rama paterna del candidato de la derecha no proviene del esfuerzo heroico y emprendedor de sus antepasados -como se nos dice- si no de una habilidad muy distinta: la de saber enchufarse bien a los regímenes de turno, estos sí dictatoriales, para usufructuar las ventajas del ingreso petrolero, ese mismo que hoy dicen que no se debe regalar.
En 1980, un investigador inglés llamado Brian Mc Beth publicó una tesis doctoral que llevaba por título Juan Vicente Gómez y las compañías petroleras: 1908-1935, hasta la fecha el estudio más detallado de la dinámica de traspaso y entrega de concesiones para la explotación de petróleo en nuestro país en su época de inicio. Dicha tesis -publicada por la Cambridge University Press y que lamentable e inexplicablemente no ha sido traducida al español y casi no se conoce en Venezuela- tiene por lo demás una historia singular: Mc Beth tuvo acceso directo a los archivos de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez que todavía se encontraban anónimamente arrumados en Miraflores, y que se hubieran perdido de no haber mediado la intervención de un General de la Casa Militar de los años 60 que, para salir de dudas antes de botarlos, llamó a Ramón J. Velásquez –para entonces Presidente de la Academia Nacional de la Historia- para que los revisara.
El caso es que entre la información valiosa encontrada y recopilada por Mc Beth, se encuentran los nombres de los concesionarios e intermediarios así como los montos pagados a cada uno de ellos por concepto de venta de tales las concesiones. Aquí hay que hacer la salvedad que los términos “concesionarios” e “intermediarios” deben entenderse como sinónimos de “traficantes”, en la medida en que el negocio consistía en que los gobiernos de Castro primero pero sobre todo Gómez se encargaba de entregar a los favoritos de sus “reeeegímenes” (o sea, a sus enchufados) tierras que luego estos vendían a las petroleras u a otros intermediarios haciendo de este modo grandes fortunas especulando con los bienes de toda la nación.
En 2008 la Academia de Ciencias Económicas -a la que se puede acusar de muchas cosas, menos de filochavista- publicó una conferencia de Mc Beth en Caracas que lleva por título El desarrollo inicial de la industria petrolera venezolana y su impacto internacional, 1908-1935, y que en cierta manera sintetiza algunos de los principales aspectos de su laureada –pero desconocida para nosotros- tesis. En dicha conferencia, Mc Beth replica los cuadros con los nombres y montos en dólares de los negocios hechos por los enchufados de Gómez, entre los cuales destaca sobremanera –como se puede ver claramente en la imagen anexa copiada de la conferencia de Mc Beth- el nombre de Isaac Capriles, uno de los patriarcas de la familia Capriles venidos desde las Antillas hasta Venezuela entre finales del sigo XIX y principios del XX, y por tanto antepasado directo de nuestro Henrique Capriles Radosnky. Como dato adicional, debe considerarse que los precios están expresados en dólares de 2007, lo cual nos debe dar una idea del tamaño del enchufe que los pioneros Capriles supieron hacer en la más que pobre Venezuela de la época.

viernes, 5 de abril de 2013

Muertes prematuras

Por Luis Britto García

1
Lo traicionan,  lo abandonan,  lo capturan, los sacerdotes lo condenan, el jefe del ejército de ocupación manda  ejecutar la sentencia,  las turbas  animan a los verdugos que lo clavan de un madero, ahí expira llamando a un Padre que nunca viene.  Apenas lo lloran una enamorada y una madre. Después, dispersos fieles que viven en comunidad, más tarde un imperio, al fin más de la tercera parte de la humanidad clama por un Hijo que venga a librarlos de la traición, del dolor, de la muerte.
2
Ay, balazo, dicen que grita al caer de la mula, herido por asesinos que lo emboscan. Ay, Cumaná.  Ay, Ayacucho. Ay, América. Al golpear el suelo ya no es más que muerte, pero pasan dos siglos y los países cuya independencia selló en esa meseta llamada Rincón de los Muertos  alientan, crecen, esperan.
3
Él sabe  que va a morir, arde en fiebre, delira. Casi todos lo abandonan. Hasta la vida se le va.  Un médico sin título le  diagnostica tisis  sin esperanza.  Aquellos a quienes condujo a independizar la Cuarta Parte del Mundo despedazan su Patria Grande en republiquitas. Todo lo ha dado y a cambio ha recibido sólo un título honroso y un pasaporte al exilio. De su inmensa fortuna no queda ni una camisa limpia para enterrarlo. Lo único que puede dar es el perdón y lo otorga generosamente. Dos siglos más tarde las fragmentadas republiquitas se reconocen como Patria Grande.
4
A la voz de “Tierra y hombres libres” levanta ejércitos de la nada,  encabeza  un torrente de ira, vence la batalla decisiva contra la oligarquía. Cuando se prepara a destruirla,  inspecciona trincheras sin otra escolta que el más vanidoso y más ambicioso de sus oficiales. Un balazo tan certero que debe haber sido disparado de cerca le vuela la cabeza. Esconden su cuerpo exánime pero no su recuerdo. Pasan demasiados años y su tierra florece en fundos comunales que llevan su nombre.
5
Este es un  pequeño y  frágil poeta que consigna en  la última carta a su hermano su deber de “impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”. Un día después en su primer combate  cae muerto de tres balazos. Cuatro años más tarde Estados Unidos interrumpe la Guerra de Independencia e instaura un protectorado sobre Cuba. Medio siglo después y por siempre Cuba se convierte en Territorio Libre de América.
6
Este fue peón y domador de caballos y agrarista y  entregó a los campesinos las tierras comunales de la Villa de Ayala. Peleó victoriosamente contra tres presidentes; de frente nadie le pudo; un tal Guajardo le ofrece pasarse para la Revolución y entregarle un parque y en cuanto lo tiene a tiro lo acribilla en traicionera emboscada. Nadie cree que ha muerto. Zapata vive. Viva Zapata. Pregunte en Anenehuilco.
7
Lo rastrean con foto sensible al calor tomada por aviones espías gringos, lo persiguen,  lo abalean en la pierna, le caen a culatazos, lo arrastran hasta un rancho, lo  dejan para que siga desangrándose.  Es un preso infinitamente más grande que sus captores. Batalló y venció en tres frentes, y en la geografía infinita de la idea.  Mientras aliente, es un peligro. Un voluntario le descerraja unos tiros. Después le cortan las manos. Cinco décadas después la tierra que regó con su sangre se subleva democráticamente y domina sus recursos naturales.
8
La entrega al pueblo atrae la muerte como la cumbre al rayo. Aquel  cae en emboscada de los Somozas, el otro en París pidiéndole a España que aparte de él este cáliz. El otro es asesinado en La Moneda mientras defiende con metralleta que no sabe manejar el voto con el que el pueblo lo hizo Presidente ¿Quién contará las estrellas o los que se fueron a pesar de que debían seguir alumbrándonos? Toda muerte es prematura. Nuestra vocación es la eternidad. La talla de quien nos deja se mide por la tarea que nos lega. Quien muere por la justicia al tercer día resucita en su obra.

Desde el cuartel de la Montaña

Por Julián Conrado

#1 
La burguesía festejó
Yo pensé de esta manera
Nunca es tan bello el amor
Como cuando él festeja

#2
Festejó Henrique Capriles
Maria Corina Machado
Dos venenosos reptiles 
del yanqui domesticados

#3 (Coro)
El odio ciega
quién no lo sabe
No ve que Chávez
más vivo queda

#4
Para el pueblo no murió
porque murió por la vida
simplemente se mudó
y vive al lado de Bolívar

#5
Desde el Cuartel de la Montaña
en el ventritrés de enero
nos mira, nos acompaña
grita: ¡Amando venceremos!

#6 (Coro)
El odio ciega
quién no lo sabe
No ve que Chávez
más vivo queda




miércoles, 27 de marzo de 2013

souvenir


Gotea la sangre
de un pájaro que se estrella contra la ventana
resbala
en la mezcla de todos los flujos
un souvenir de la vida que yace en una piscina habitada por hojas secas
 

racimo


Para Ernesto
Es momento de recoger los trapos
embriagarlo
para robarlo de la muerte
e inyectarle mi lengua filosa

devolverlo a la tierra de los cielos

Llegaré con mi caballo blanco
desnuda
lo tomaré por el brazo
y despeinaremos el nido de moscas que tejieron a su alrededor

tras las crines, cultivaremos racimos de gente nueva




domingo, 24 de marzo de 2013

Las palmas de mi abuela


Por Indira Carpio Olivo

I
Hoy es domingo de ramos.
No tenía los diez años, y en casa no alcazaba a cantar el gallo, cuando la abuela Amalia nos separaba de las sábanas, de camino a la iglesia.
A mi me guiaba el olor de las velas y la mirra acumulada en la gran cúpula amarilla de Charallave. Disfrutaba de la poca brisa que apagaba los candelabros y la espiral de humo que se tragaba los árboles quietos de la plaza Bolívar.
Recuerdo las cruces de palma bendita que la abuela me regalaba para que me cuidaran. Me decía que las guardase. Yo las engavetaba, o las atesoraba en la carterita de turno, hasta que se deshacían entre mis juguetes.
Me parecían el envoltorio de los dulces de plátano. Olía y recontraolía aquel cruce de palmera seca con un punto de hilo al medio, hasta que acababa con su aroma “sagrado”, o las transformaba en “Y”.

II
Una pestilencia de por estos días era el hedor a cabello quemado. En las procesiones de mi pueblo, a medida que crecíamos, disfrutábamos la morbosidad de acabar con algunas lindas melenas a la luz de la luna del Nazareno.
Íbamos todos disfrazados de mártires, bajo la mirada asesina de la abuela, con las manos insensibles por la esperma derretida, tratando de atinar “los pelos” de la vecina.
Las peregrinaciones, las promesas, los pies descalzos, la cera derretida en el asfalto, las postales de mi Amalia.

III
Una foto que me guardo es la noche de los latigazos a los presos liberados: expresidiarios que pelaban la espalda a las estrellas, mientras eran azotados con largas tiras de cuero. Éste era el precio que pagaban por el milagro de su libertad.
Dos de mis tíos acudían a la fusta, aguardiente mediante.
Yo, miraba cómo lloraba la abuela y la acompañaba en el llanto. Ella se santiguaba y yo la imitaba, pero siempre me hacía la señal de la cruz al revés.

IV
Para nuestra familia, semana santa era especial. Mi tío Chicho era el Jesús de La pasión, cuando no lo era tío Dante. Mi tía Martha hacía de María Magdalena. También participaban mis tíos Juancho, Félix y Rafael, junto a mi madre. Eran soldados, fariseos, prostituta. Eran el teatro del pueblo.
Disfrutaba verlos, reconocerlos, admirarlos, mientras masticaba los dulces de coco de la abuela.
Cada vez que crucificaban a mis tíos, los cristos, caían Amalia y Constanza, desleídas como velones sin mecha.

V
Yo acudí -desde muy pequeña- a la ceremonia en la que cortaban los rizos rojos de mi tía Maritza, los cabellos más hermosos que haya peinado. Ella nació con el color de piel de una muñeca de porcelana, con los faros azules y una madeja de fuego. Al poco tiempo sufrió de meningitis.
Los médicos sólo le dieron unos días de vida. Nunca especificaron que eran 15.755 lunas las que respiraría, 43 años y dos meses.
La abuela agradecía el prodigio de su vida, todos los años, tijereando mechón a mechón aquel rubí y ofrendándolo a la virgen María cada semana santa, para que lo luciera en la procesión.  
Era un sacrificio de muñeca a muñeca.

VI
En la impertinencia de la adolescencia y el rechazo a la burocratización de la fe, perdí algunas postales de la mujer que dio la vida que me trajo al mundo, pero no olvido las santas semanas que ofreció Juana Evangelista, nombre de bautizo de mi vieja, a mi espíritu cuentero.

Hace un año y cuatro meses que no toco el rostro de mi abuela. Hoy busco su crucecita de palma en mi monedero, detrás de la puerta de la casa de mi madre, entre mis juguetes y no la hallo.
Aprieto los ojos y en los destellos, la vuelvo a mirar, sentada en los escalones de su casa a medio destruir, contándonos historias de terror mientras la brisa de la tarde mecía las palmas de coco de mi niñez de barro.

Tío Chico en la cruz, tía Martha en el llanto y tío Rafael en la lanza

Tío Dante en los brazos de tío Juancho, La pasión