Mostrando entradas con la etiqueta Salvador Allende. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Salvador Allende. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de abril de 2013

Muertes prematuras

Por Luis Britto García

1
Lo traicionan,  lo abandonan,  lo capturan, los sacerdotes lo condenan, el jefe del ejército de ocupación manda  ejecutar la sentencia,  las turbas  animan a los verdugos que lo clavan de un madero, ahí expira llamando a un Padre que nunca viene.  Apenas lo lloran una enamorada y una madre. Después, dispersos fieles que viven en comunidad, más tarde un imperio, al fin más de la tercera parte de la humanidad clama por un Hijo que venga a librarlos de la traición, del dolor, de la muerte.
2
Ay, balazo, dicen que grita al caer de la mula, herido por asesinos que lo emboscan. Ay, Cumaná.  Ay, Ayacucho. Ay, América. Al golpear el suelo ya no es más que muerte, pero pasan dos siglos y los países cuya independencia selló en esa meseta llamada Rincón de los Muertos  alientan, crecen, esperan.
3
Él sabe  que va a morir, arde en fiebre, delira. Casi todos lo abandonan. Hasta la vida se le va.  Un médico sin título le  diagnostica tisis  sin esperanza.  Aquellos a quienes condujo a independizar la Cuarta Parte del Mundo despedazan su Patria Grande en republiquitas. Todo lo ha dado y a cambio ha recibido sólo un título honroso y un pasaporte al exilio. De su inmensa fortuna no queda ni una camisa limpia para enterrarlo. Lo único que puede dar es el perdón y lo otorga generosamente. Dos siglos más tarde las fragmentadas republiquitas se reconocen como Patria Grande.
4
A la voz de “Tierra y hombres libres” levanta ejércitos de la nada,  encabeza  un torrente de ira, vence la batalla decisiva contra la oligarquía. Cuando se prepara a destruirla,  inspecciona trincheras sin otra escolta que el más vanidoso y más ambicioso de sus oficiales. Un balazo tan certero que debe haber sido disparado de cerca le vuela la cabeza. Esconden su cuerpo exánime pero no su recuerdo. Pasan demasiados años y su tierra florece en fundos comunales que llevan su nombre.
5
Este es un  pequeño y  frágil poeta que consigna en  la última carta a su hermano su deber de “impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”. Un día después en su primer combate  cae muerto de tres balazos. Cuatro años más tarde Estados Unidos interrumpe la Guerra de Independencia e instaura un protectorado sobre Cuba. Medio siglo después y por siempre Cuba se convierte en Territorio Libre de América.
6
Este fue peón y domador de caballos y agrarista y  entregó a los campesinos las tierras comunales de la Villa de Ayala. Peleó victoriosamente contra tres presidentes; de frente nadie le pudo; un tal Guajardo le ofrece pasarse para la Revolución y entregarle un parque y en cuanto lo tiene a tiro lo acribilla en traicionera emboscada. Nadie cree que ha muerto. Zapata vive. Viva Zapata. Pregunte en Anenehuilco.
7
Lo rastrean con foto sensible al calor tomada por aviones espías gringos, lo persiguen,  lo abalean en la pierna, le caen a culatazos, lo arrastran hasta un rancho, lo  dejan para que siga desangrándose.  Es un preso infinitamente más grande que sus captores. Batalló y venció en tres frentes, y en la geografía infinita de la idea.  Mientras aliente, es un peligro. Un voluntario le descerraja unos tiros. Después le cortan las manos. Cinco décadas después la tierra que regó con su sangre se subleva democráticamente y domina sus recursos naturales.
8
La entrega al pueblo atrae la muerte como la cumbre al rayo. Aquel  cae en emboscada de los Somozas, el otro en París pidiéndole a España que aparte de él este cáliz. El otro es asesinado en La Moneda mientras defiende con metralleta que no sabe manejar el voto con el que el pueblo lo hizo Presidente ¿Quién contará las estrellas o los que se fueron a pesar de que debían seguir alumbrándonos? Toda muerte es prematura. Nuestra vocación es la eternidad. La talla de quien nos deja se mide por la tarea que nos lega. Quien muere por la justicia al tercer día resucita en su obra.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Chile, impublicable



Dedicado a Salvador Allende, el compañero presidente
de raíces anraquistas (aunque parezca insospechado)










Por Indira Carpio Olivo/ indiracarpio@gmail.com/ @icarpio

La Moneda estalló en tu mentón
y los obreros perdieron el aliento
los estadios te agonizaron
y los vivos negados están
En un intento de país -baleado- la vida gime
y cuando naces mil veces
mil veces te matan, te ahogan en nombre de la corona de las espinas
Te resistes/ cualquier dictadura te resiste
y aquel limpiabotas alza el puño por donde tu estirpe camina
Algunos sobrevivieron al santo y seña del guardián propietario
y al himno de los soldados que pudrió las Alamedas
Allende no es sinónimo de lejanía
y aunque los césares del sur del sur te propaguen como pesadilla escalera abajo
algunos te sueñan y empuñan la lucha contra el cañón que te cerró los ojos y te abrió el cráneo
Tu sarcófago se desfunda cada tanto, porque el peso del pueblo es insoportable
De noche las linternas te profanan como sí pudieran
y acusan a Castro de haberte regalado la muerte
lo atestigua el “aGuijón” sin huellas
lo acompaña un muñeco de madera, innombrable
al que le creció la naríz por cada bala-vela que encendió un carabinero contra el rojo torturado, desaparecido
Creyeron que te fuiste
y te regaron en el campo laborioso de un Chile campesino
te fundieron en el metal del ejército proletario
Compañero, cuánto silencio celebra el aniversario de tu detonación
En el Chile que es sinónimo de un pimiento que adereza la mentira
una comuna de ciudadanos “alfa” vendan-venden los ojos
para no tropezar a los “omega” que un día, saeta en mano, amenazaron acabar la ciudad del hijo de los truenos aquel 11 de septiembre de 1541
432 años después, en el mismo día del noveno mes, las cenizas de Santiago tiznaron los guantes blancos de la burguesía que se resiste a abonar la tierra
las flechas-fechas se partieron y nos despedazaron
Desde entonces órganos humanos y piedras llueven sobre el palacio
y un madero ondea telas grana y negras
es el batallón de los muertos con capucha que se yergue sobre las ruinas
lapidando el invierno/ contemplando la primavera
Tierra mapuche corea el llanto de Salvador
mientras te bautiza el mar con nombres extraños
de engendros de hiena y piraña en el gobierno de los pálidos
tú, mitad hombre-mujer mitad pez resiste a la corriente
no firmas el destino, pero te pertenece
aunque tu lengua amarren
y un tsunami te muestre en la estantería de “ofertas”
aunque la deuda sea hereditaria
El gen de la revolución te infectó
te dejó intacta tierra con forma deforme de lágrima
de guardianes del tiempo en la Pascua
de guerreros dispuestos al paredón de la libertad
al sacrificio de la vida sin otoño
a las botellas de vino que vuelan y se estallán en la cara de los fascistas
La historia de Chile -como la de Latinoamérica entera- no cabe en la boca-pluma del desconsuelo
Es una espiral sin fin, la subida a un peñasco y una caída al vacío
Es una foto en blanco y negro de un hombre con facciones de topo y casco de topo y con alma de topo, de raíz constructora
Es Chile el destierro de la utopía y las cadenas que arrastra
Es una contradicción cedida al mercadeo
un poema que se añeja
uno impublicable