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lunes, 20 de junio de 2011

Alerta, alerta, alerta que camina, La marcha de las putas...

Por Indira Carpio Olivo/ indiracarpio@gmail.com/ @icarpio

“Mamita estás como pañal desechable, aguantas pipí toda la noche” ¿Grotesco? Ese fue el último piropo callejero del que fue víctima Mariana, de tan sólo 13 años de edad. Al contarlo, su madre le dijo “viste, eso por ponerte esos chores tan cortos, tan apretados, tan...”
Lo que su madre quiso decir es que las Marianas son culpables de que se les acose, viole, lapide y mate. Este es el orden “natural” que justifica el machismo en la sociedad patriarcal.
Según datos de la Organización de Naciones Unidas, 1 de cada 3 mujeres en el mundo sufre las consecuencias de la violencia de género (psicológica, sexual y física) a lo largo de toda su vida, siendo la primera causa de muerte o invalidez para las mujeres entre 15 y 44 años de edad.
Los ataques son justificados por hombres y por las propias agremiadas con todo tipo de excusas. “Eso fue por puta”, las resume todas. Lleva un escote pronunciado, muestra las piernas, se sube a unos tacones imposibles y tiñe su boca de escarlata, toda una osadía femenina... en pleno siglo XXI.
La liberación femenina sólo es buena para la mujeres que, a parte de parir y criar machistas, tienen que mantener la casa “limpiecita como un sol”, trabajar más que los hombres y ganar menos, y comportarse -sólo- en la cama como una puta.
Como expresión de rechazo a todas estas humillaciones, La marcha de la putas recorre el mundo y le explica a los agresores que “no es NO”, que nada justifica el acoso, ni la imposición de las relaciones sexuales, ni los femicidios.
En La marcha de las putas camina la rabia contra un mundo que asume como normal la violencia contra la mujer obrera, la acosada, la amenazada, la violada, la prostituta, la transexual, la lesbiana y hasta contra el hombre feminista.
La iniciativa surge luego de que en Toronto el policía Michael Sanguinetti declarara que “las mujeres deberían dejar de vestirse como putas para evitar violaciones”. No imaginó este “guardián del orden” el movimiento que desencadenó.
La marcha de las putas recorre Canadá, Australia, México, Honduras, Nicaragua y convoca a Francia, Estados Unidos, Argentina, Reino Unido, El Salvador, Brasil y Guatemala ¿Y Venezuela qué? ¿Acaso en este país no hay violencia contra la mujer? Alerta, alerta, alerta que camina, La marcha de las putas por...
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El artículo 1 de la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, por “violencia contra la mujer” se entiende todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.

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“No sabía que era menor de edad, si se viste como puta”, fue lo que le faltó declarar a Berlusconi por su caso de abuso sexual contra una menor de edad en Italia, después de todo ella tuvo la culpa... “mujer tenía que ser”.
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(*) Foto cortesía del Colectivo mujer, más en:
http://www.facebook.com/note.php?saved&&note_id=224564097561393#!/photo.php?fbid=126371224111781&set=t.100002167126617&type=1&theater

Era tan puta tan puta que hay que matarle.





lunes, 6 de junio de 2011

Reinas de qué

“Las mujeres deben evitar vestirse como putas para no ser víctimas de la violencia sexual”


Por Indira Carpio Olivo (*)/ indiracarpio@gmail.com/ @icarpio

Cojo la peluca, reviso la de cuero y saco unos cuantos miles. De camino a la puerta le miro tendido en sus fauces, derramado sobre la cama. Es verde, verde como el papel moneda, verde nauseas. Y me miro verde, mis poros se vuelven tibios y mis pies tensos, tercos. Le miro.

De camino a la puerta atravieso una montaña de cenizas, cigarrillos que vuelven la atmósfera gris, una atmósfera plomiza que tiñe de negro mi mente, que vuelve mis dientes mohosos. Le miro.

De camino a la puerta seco la sangre, de camino olvido el camino y no hay paso que me sostenga. Las sábanas rojizas envuelven mi lengua. Un río de saliva resbala entre piernas. Le miro.

De camino a la puerta la muerte está oculta. Encima de la cama un reloj gigante indica que mis manos no soportan más amarre, ni mi cuerpo otro azote. El embate de las agujas acelera mis lágrimas. Me pierdo en su ombligo, oceáno de sudor, me extravío en su piel y le miro.

De camino a la puerta cierro mis ojos, les nublo y no veo nada, no pienso nada, no puedo imaginar. Mis ojos golpeados por una bandada de puños decidieron no ver más, mis ojos cómplices de la sangre, acompañantes silentes de mis gritos, mis ojos cansados decidieron cegarme y aun juntando mis párpados le miro.

Salgo. Detrás de la puerta no hay camino, deámbulo entre la nada. He decidido dejar la corona, es pesada. La noche es el reino donde no se haya príncipe alguno. He decidido que los azules no combinan con mi piel amarilla, he decidido no soñar, no se me es permitido. Mientras tanto la calle se hace amplia y les miro.

*Texto realizado el 12 de diciembre de 2006