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jueves, 21 de abril de 2016

Mujerícola 47 Dilma



Baja la cara de una bofetada y sus ojos, a punto de salirse de órbita, contemplan los hilos de sangre que pueblan, de a poco, las líneas de los azulejos blancos en los baños de la cárcel Tiradentes en San Pablo.
Era sangre sobre sangre, una piel que olía a kilómetros, la costra que en Brasil no termina de amanecer.
Siempre fue de noche. Durante aquella luna, pegó su boca con tal fuerza contra el tronco en el que la amarraban para electrocutarla, que uno de sus dientes se amorató. Más tarde se lo volaría de un puñetazo el capitán Benoni de Arruda Albernaz (1), jefe de interrogatorios.
Lo vomitaría con el poco pan y la poca agua que tenía en el estómago, también la sangre.
La mandíbula se le desencajó, el corazón se le fue a otra parte.
“Vas a estar deformada y nadie te querrá. Nadie sabe que estás aquí. Te convertirás en un 'jamón' y nadie lo sabrá”, le susurraba uno de sus torturadores.

martes, 19 de abril de 2016

Gastronauta 81: Congreso de ratones


I
Una mujer como Dilma, hecha presa en la última dictadura brasilera estás siendo enjuiciada por miembros de un Congreso que le dedican su voto, a favor del juicio político (impeachment) contra la presidenta, al general torturador que se “hizo cargo” de Rousseff durante su cautiverio etre 1970 y 1973.
A Dilma le aplicaron electrochoques, sufrió azotes, le volaron un diente, simularon que la fusilaban, sólo por ser militante de un grupo de izquierdas.
Fue el congresista Jair Bolsonaro el que ofrendó su voto a favor de la destitución al Coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, secuestrador y verdugo de la dictadura. Mientras,  el también diputado,  Eduardo Bolsonaro, su hijo, hacía señales de ametralladora cuando votaba.
Bolsonaro padre, es ése que espetó a otra diputada, Marina do Rosário, diciéndole que no la violaba porque no lo merecía, el mismo que arguye que hay que golpear a los hijos para que o se críen homosexuales. Es el parlamentario con más votos en Río de Janeiro.

II
Con Cristina Fernández no pudieron durante su presidencia. Así que ahora la persigue la justicia macrista, con precisiones económicas que implican el uso de términos como dólar futuro, o lavado de dinero, al mismo tiempo que el presidente es señalado por estar implicado en el engorde de paraísos fiscales, más precisamente en los Panamá Papers.
La acusa el financista Leonardo Fariña, bajo la figura del “arrepentido”. Es decir, participó en los supuestos chanchullos, entonces ahora  le remordió la conciencia y en un ataque moral señala no menos que a la contrincante política más visible para Mauricio.
Mauricio Macri devaluó la moneda en más de 30% al final de la primera semana de gobierno y a menos de un me se descontó a más de diez mil trabajadores despedidos.
Cristina acusa a Macri de fabricar una causa para privarla de libertad, de plantarle delitos, pero en mi pueblo se dice que quien tiene malamano no cosecha: al llegar a Buenos Aires, Cristina fue recibida por una multitud de personas en el aeropuerto, que la acompañó hasta su presentación en los tribunales.
Macri, cuando lava, llueve.