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martes, 20 de marzo de 2018

Por todos los caminos 1: MARIELLE

Por Indira Carpio Olivo

Con cada pobre de la tierra viene un látigo.
Cuando nació Marielle, nació también su verdugo.
Un hacha oxidada se posó sobre el marco. Esperaba un portazo.
Pero Marielle nació sin puertas, en una casa de bloques desnudos, al lado de otra casa todavía más angosta, entre las cuales no caben los árboles, y por las cuales una madeja de cables simula las ramas y el nido.
En aquel laberinto de cemento, Marielle creció descalza, sumergida en los vertederos de agua, donde lavó la ropa su madre y también ella. Más tarde, su hija Luyara.
En Maré los apagones son tan recurrentes como las ejecuciones. Se hacen documentales sobre las arterias por donde circulan las drogas en su favela, pero nunca se filma cómo se consumen en los barrios ricos. Ejecutan los mismos que controlan el tráfico, ejecutan a través de pobres uniformados, bandas de exterminio oficiales y paraoficiales. Ejecutan, pero primero condenan, criminalizan, despojan de humanidad a la favela, a su gente mayoritariamente negra.
Todavía en tránsito a ser mujer, una bala perdida de los enfrentamientos entre el narco y la policía, mató a su amiga. Con ella creció. Quiero saber su nombre, el nombre de aquella niña, para decirlo en voz alta y apaciguar la sed que me producen algunas almas, pero no lo consigo. No sé cómo se llama, ni cómo era. Y me queda en la lengua escaras de sal.
Esa niña fue la brisa que hizo incendiar el corazón de Marielle.

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14 de marzo de 2018. 21 hrs.
Sólo había una forma de hablar más alto que Marielle. Matándola. Y todavía así, su grito se enredó entre los nadie, de los cuales venía y hacia los cuales iba.
El mundo no hubiese sabido de ella de otra manera, porque es “invisibilizable”. Es mujer. Es madre. Es pobre. Es lesbiana. Es socialista. Es crítica. Es política. Es negra (como 71 de cada cien brasileños que mueren en manos de la violencia, en el gigante del sur). Es “favelada”. Es cercana. Es trabajadora. Es imperdonable.

jueves, 15 de marzo de 2018

ASESINOS


asesinos

sabes
sabemos
quiénes son
asesinos

pisan tierra
hasta que la boca de la flor
vomita
sangre
asesinos

no discuten
te llevan por delante
una vez en el suelo patean
te patean [no importa si llevas una persona adentro]
te violan
te orinan
te desaparecen
te disparan delante de todos [asesinatos ejemplares]

la mujer común
desafía
arranca a sus hijos
de los espolones

cuando no lo logra
los hijos se convierten
uñas en carne
cemento donde arañar
asesinos
su escala de valores
del cielo al sótano:
hijo de empresario
o desgastada pata en el suelo
el gran enemigo se esconde detrás de la ley
falsifica argumentos
mata en defensa del estado
administra burocracia por justicia
negociantes

a los militantes de ideas justas
bailan en urnas
pasean
muertos bien muertos
miméticos

cazan
lloran
los recuerdan cada año
muertos bien muertos
Marielle
te atravesaron
cinco veces
cosieron
te cocieron
asesinos

se colaron
cantaron
en el lenguaje de las aves
brotaron lechosos
asesinos
Marielle
no puedo elaborar promesas
cuando matan
la flor

flor sin florero
¿quién necesita esperanza?
esperanza necesita
la gente viva

dime ¿quién queda vivo?

jueves, 21 de abril de 2016

Mujerícola 47 Dilma



Baja la cara de una bofetada y sus ojos, a punto de salirse de órbita, contemplan los hilos de sangre que pueblan, de a poco, las líneas de los azulejos blancos en los baños de la cárcel Tiradentes en San Pablo.
Era sangre sobre sangre, una piel que olía a kilómetros, la costra que en Brasil no termina de amanecer.
Siempre fue de noche. Durante aquella luna, pegó su boca con tal fuerza contra el tronco en el que la amarraban para electrocutarla, que uno de sus dientes se amorató. Más tarde se lo volaría de un puñetazo el capitán Benoni de Arruda Albernaz (1), jefe de interrogatorios.
Lo vomitaría con el poco pan y la poca agua que tenía en el estómago, también la sangre.
La mandíbula se le desencajó, el corazón se le fue a otra parte.
“Vas a estar deformada y nadie te querrá. Nadie sabe que estás aquí. Te convertirás en un 'jamón' y nadie lo sabrá”, le susurraba uno de sus torturadores.