domingo, 3 de noviembre de 2013
jueves, 3 de octubre de 2013
Eduardo Samán: “Antes de Chávez ya estábamos muertos, estamos viviendo la ñapa”
¿En
Venezuela se practican asesinatos selectivos?
Por Indira Carpio
Olivo
“Que
mientras quede un hombre muerto, nadie se quede vivo.
Pongámonos todos a morir, aunque sea despacito, hasta que se repare esa injusticia”.
Pongámonos todos a morir, aunque sea despacito, hasta que se repare esa injusticia”.
Roberto
Fernández Retamar.
-¿Eres Omar?
-Si.
El visitante, un
katsa (1), alzó la mano derecha en un segundo. Desenfundó su
Beretta, calibre 22. Liberó el gatillo.
Un metal traspasó
el craneo del fedayín (2), segando el olivo que era.
Otro, arrancado
del sembradío.
----
Empezaban los
años ochenta del siglo que acaba de concluir. Transcurría la guerra
entre el Líbano e Israel, en aquel lejano y desgastado medioriente
que tanto nos cuesta entender.
Los asesinatos a
los líderes medios en el Líbano estaban a la orden del día. La
nación de David se enfrentaba con sus vecinos por la larga ocupación
a la que hasta la fecha somete, de manera criminal, al pueblo
palestino.
La técnica de
asesinatos selectivos por parte del grupo paramilitar y terrorista
del Mossad pretendía acabar con los movilizadores de las bases,
también con civiles, intelectuales y políticos que se opusieran a
su oprobiosa colonización.
Israel
Shahak, antisionista hebreo, superviviente del Holocausto ya lo dijo:
“No hay nada nuevo en el hecho de que Israel es un estado
terrorista que, casi desde sus inicios, ha utilizado a su servicio de
inteligencia (el Mossad) para asesinar a gente en suelo extranjero
mediante cualquier acto de violencia o terrorismo que ha considerado
necesario para alcanzar sus fines” (3).
----
Después de todo,
tocaron la puerta. Su terrorismo no es como el de otros, es
“civilizado”.
----
Venezuela, 2013.
A catorce años de la Revolución Bolivariana, líderes indígenas
como Sabino Romero fueron muertos en la lucha por las tierras.
También casi cuatrocientos campesinos, en manos de sicarios
paramilitares. Pero estos crímenes, así como el de dirigentes
sindicales, muertos “en combate”, no son noticia y si lo son, son
absorbidas por la campaña mediática de la inseguridad y la
“ineptitud” para combatirla.
¿Se gesta en
Venezuela una operación de asesinatos selectivos, similar a la
iniciada por Golda Meir, contra líderes medios en defensa del
pueblo? ¿A quién asesora el Mossad en Venezuela? ¿Cuáles son sus
intereses en el país? ¿Quiénes lo representan?
| Eduardo Samán |
jueves, 26 de septiembre de 2013
3 cuerpos (reseña)
Más
abajo del ombligo reposa el tercero, un triángulo a veces cóncavo,
a veces lanza, a veces escudo, una serpiente de tres cabezas que
aterroriza a este pueblo pequeño, llamado mundo.
El
trino repta desnudo y nos tiende en la cuerda para secarnos al sol,
también nos suda bajo la lluvia y es él vapor de agua. Nos eleva
para dejarnos caer frente al espejo caleidoscópico.
Soñamos
con él y nos define: primero, segundo y uno.
Los
3 cuerpos de este tridente, conforman las horquillas de un demonio de
dos cuernos, llamado sociedad.
Busque
usted, en su retrato, cuando le dijeron "las niñas van de rosa,
los niños de azul", una frase limosna que pretende
invisibilizar a nuestro prometeo postmoderno, de quien se dijo "eso
no se toca".
Esta
muestra blanco y negro levanta el puño de los grises y nos empina
una botella de vino recién salida de la heladera, a la salud del
tercero de calor infierno.
Aquel
cuerpo de pliegues plomizos en el que el cabello se atreve a brotar y
a urdir la flor de estambre y pistilo, nos abre las piernas y
entramos con gusto de la mano (de la lente deberíamos decir) de Mery
Arias.
Ella
devuelve la vida a los asesinos convertidos en jueces, cuyo crimen se
resume en una venda de parra en los ojos.
La
lente de Mery Arias es una provocación salada que se nutrió de las
orillas del Caribe. Un reto que nos desnuda la moral y las
convenciones. No se fíe, ella puede envolvernos dulcemente y de
inmediato lanzarnos al piso de las percepciones.
Si
siente que una lengua le recorre el cuello, mejor no piense%85
voltéese con cuidado o deje caer su ropa por un ojo que nos despoja
de colores y nos recuerda la mirada primitiva, el amor antes del
technicolor y después de las sombras.
Un
cuerpo, tres cuerpos, de todos modos como dice el poeta "el
gusano roerá tu piel, como un remordimiento". Heredaremos si,
el olor a la madera de nuestra última morada, tablas donde añejamos
aquel tinto frío.
Indira
Carpio Olivo y Ernesto J. Navarro
Palabreros,
amantes y amigos de Mery
![]() |
| Por Mery Arias |
Discurso de José "Pepe" Mujica, en la ONU Septiembre 2013
Señor Presidente,
Soy del SUR, vengo del SUR. Esquina del Atlántico y el Plata. Mi país es una penillanura suave, templada y pecuaria. Su historia es de puertos, cueros, tasajo, lanas y carne. Tuvo décadas púrpuras de lanzas y caballos hasta que por fin, al arrancar el siglo 20 se puso a ser vanguardia en lo social, en el Estado y la enseñanza. Diría: la social democracia se inventó en el Uruguay. Por casi 50 años el Mundo nos vio como una Suiza, en realidad fuimos hijuelos bastardos del Imperio Británico, y cuando éste sucumbió “vivimos” las mieles amargas de términos de intercambio funestos y quedamos estancados añorando el pasado. Pasamos 50 años recordando Maracaná casi sin crecer. Hoy hemos resurgido en este Mundo Globalizado, aprendiendo de nuestro dolor. Mi historia personal: la de un muchacho que como otros quiso cambiar su época y su Mundo tras el sueño de una sociedad libertaria y sin clases. Mis errores: son hijos de mi tiempo, los asumo pero hay veces que me grito: “Quién tuviera la fuerza de cuando abrevábamos tanta Utopía!!!!
Soy del SUR, vengo del SUR. Esquina del Atlántico y el Plata. Mi país es una penillanura suave, templada y pecuaria. Su historia es de puertos, cueros, tasajo, lanas y carne. Tuvo décadas púrpuras de lanzas y caballos hasta que por fin, al arrancar el siglo 20 se puso a ser vanguardia en lo social, en el Estado y la enseñanza. Diría: la social democracia se inventó en el Uruguay. Por casi 50 años el Mundo nos vio como una Suiza, en realidad fuimos hijuelos bastardos del Imperio Británico, y cuando éste sucumbió “vivimos” las mieles amargas de términos de intercambio funestos y quedamos estancados añorando el pasado. Pasamos 50 años recordando Maracaná casi sin crecer. Hoy hemos resurgido en este Mundo Globalizado, aprendiendo de nuestro dolor. Mi historia personal: la de un muchacho que como otros quiso cambiar su época y su Mundo tras el sueño de una sociedad libertaria y sin clases. Mis errores: son hijos de mi tiempo, los asumo pero hay veces que me grito: “Quién tuviera la fuerza de cuando abrevábamos tanta Utopía!!!!
viernes, 13 de septiembre de 2013
Caracas, más que un nombre
Una nota que escribí hace rato para una Exposición en el Centro de Caracas:
En 2010 una noticia recorría las llamadas redes informativas: Caracas invade a EE.UU. y resiste a Monsanto. Hace quinientos años debió ocurrir lo mismo, pero con otro nombre: los indígenas Caribes, los Caracas resistían a los españoles. Sólo que éste último antecedente no es ninguna metáfora.
Los caballos y
perros amaestrados, arcabuces, los españoles ataviados y curtidos en
el arte de la guerra no ahogaron el grito de libertad que retumbaba
de las montañas del arco y la flecha. Estas tierras fueron
convertidas -a sangre y fuego- en la capital de la Venezuela mestiza
por ser su naturaleza una muralla para los corsarios. La naturaleza
de Caracas, siempre guerrera, nunca dejó de dar batallas.
Es en esta ciudad,
hace dos siglos, donde la independencia suramericana se acunó. Y
tanto ayer como hoy, Caracas es símbolo de emancipación, con nombre
indígena.
Caracas,
amaranto, bledo, pira, son las denominaciones de una misma
planta que crece en toda la geografía capitalina venezolana (y
alrededor del mundo) y que se constituye en el topónimo de la tribu
que habitaba el valle de la garganta montañosa, ahora llamada con su
nombre original, Waraira Repano.
Se dice que los
mayas y los aztecas adoraban esta planta, una de las más antiguas
del mundo, y la consideraban sagrada. Asimismo los Caribes y los
Caracas.
A la llegada del
imperio europeo quemaron los sembradíos de bledo por considerarlos
contrarios al catolicismo y un medio de autosuficiencia para las
comunidades indígenas.
El cultivo de la
Caracas fue demonizada como "alimento para salvajes". Ese
desprecio de los españoles hacia la cultura indígena es la raíz de
la muy utilizada frase "me importa un bledo".
La también llamada
pira es nutricionalmente una joya, con alto contenido de proteínas
(incluso más que la soya), vitaminas A y C y sales minerales.
Algunos expertos aseguran que podría palear las vaticinadas
hambrunas que están por plagar el mundo (1).
Con las refinadas
formas del capitalismo, la Caracas resistió y ahora resiste al
colonialismo contemporáneo: el transnacional, que amenaza la propia
existencia del planeta.
Uno de sus
representantes ha sido puesto de rodillas por este monte para
salvajes.
Monsanto, la
compañía de transgénicos más grande del mundo recorre toda la
geografía del orbe con uno de sus productos más tóxicos: el
Roundup ready. Pero en 2004, en el propio territorio de EEUU, Caracas
invadió las plantaciones modificadas genéticamente y la corporación
alimentaria no pudo detener la plaga, ni con el más fuerte de
sus plaguicidas (2).
La naturaleza
caraqueña invadía a la más grande de las tiranías.
Caracas, un virus
de libertad, un ejemplo de la sabia pachamama también tiene
apellidos originarios de los caciques guerreros Catia, Macarao,
Caricuao, Antímano, Tiuna, Guaicaipuro, Baruta, Chacao, Catuche,
Paramaconi, Tamanaco, quienes legaron sus nombres a la selva de
cemento que cambió los arcos por los carros -la defensa- y las
flechas por las palabras -la ofensa-.
Así las cosas,
Caracas es un nombre de luchas ancestrales, de fuerza aborigen, del
cual deberíamos estar orgullosos. No obstante ¿es esto así?
Ser caraqueños
Para el experto en
comportamiento humano Erick Rodríguez, los caraqueños no estamos
identificados con las raíces indígenas del nombre de nuestra
ciudad. En su mayoría "no tenemos conciencia de ello". Lo
que ocurrió fue una especie de cimarronaje con un nombre que era
largo, Santiago de León de Caracas, y que se acortó hasta quedar
sólo Caracas.
"Los nombres
otorgan identidad, expresa en una relación de identificación con el
espacio donde estás (...) a ello se le une un conjunto de elementos
de símbolos y modos de comportamientos, lo que le otorga a la
persona un sello. La identidad expresa una forma de estima, de cómo
se identifica la relación de la persona con el espacio como una
expresión de valor, de símbolo, de orgullo, de creencia y de modos
de comportamientos, en sí mismo", explica el psicólogo.
¿Se puede sentir
tan caraqueño una persona de clase media alta del este capitalino,
como una de San Agustín? Eso depende de la interacción con los
símbolos de la metrópolis.
El gentilicio
expresa un sentimiento de pertenencia. "Me llamo así y esto es
mío (...) es la visión de igualdad que se tiene con los otros y el
espacio". Es allí cuando te importa el nombre de la ciudad,
sentimiento que se expresa en "el orgullo" de ser de allí,
de acá. Es una construcción "maleable, que no se hereda, sino
que se construye".
La reconstrucción
de los espacios, la reconfiguración de sus nombres, el rescate de
las tradiciones, de las raíces, permiten una identificación
diferente con la urbe. Sin embargo, es la misma diferencia de clases
la que no posibilita la creación de una identidad colectiva, porque
depende del reconocimiento del prójimo y de los espacios que habita,
su creación.
La identificación
con otros y con los espacios expresa un status. "Yo me siento
identificado con aquello, porque representa una estética y yo debo
estar en armonía con el lugar y con los demás, debo sentirme bien y
poderlo expresar. Esto debe estar unido a la estima (...) lo que
llamamos el espíritu de los espacios".
Caracas es
Caracas y los demás es... Hay un prestigio interno. Estar "en
la capital, en la referencia, una idea que denota la forma asimétrica
de cómo se concebía -en la escala- estar ubicado en el espacio
mejor reconocido, con estatus".
Caracas es "la
cuna de un hombre de referencia histórica, Simón Bolívar, el
Libertador, garantía de la independencia no sólo de Venezuela sino
de la mayor parte de la cabeza del Continente Suramericano".
A pesar de la
identidad el nombre Caracas resistió como símbolo, y no así el
impuesto. El indígena se mantuvo. Para Rodríguez se debió a una
"resistencia pasiva en el idiolecto de las personas".
"Los que no
pertenecían a esa clase hacendada que dominaba el Valle, que no
llamaban a la ciudad con el nombre rimbombante (siempre hemos sido
los más), adoptaron esta forma de contraer el topónimo y hacer más
fácil la comunicación: una forma de resistencia pasiva",
concluye el especialista.
Retomar los
espacios
Los espacios del
Centro de la Caracas se visten a la usanza de nuestros guerreros para
revalorar la esencia indígena de la resistencia, a través de su
gente, su gentilicio.
La sala de usos
múltiples de la Casa de Gobierno de Distrito Capital expone hasta
finales de año "Ni sumisión, ni rendición", una muestra
pictórica y fotográfica que honra la histórica rebeldía de los
pueblos originarios en Venezuela, ante las amenazas y acciones de
dominación, desde el 12 de octubre de 1492 hasta nuestros días.
En la exhibición se
relata esta historia en seis tiempos: Símbolos que resisten; Eran
flechas contra balas; Guaicaipuro: guerrero insumiso; ¿Sierra
grande, o tierra de dantas?; En defensa de las tradiciones;
Resignificación de una fecha; y Legado inmortal.
"Todo nos lleva
al origen, donde se podrá admirar diversos símbolos de una lucha
por la dignidad", nos dice el organizador de la exposición
Reinaldo González.
El joven periodista
puntualiza su trabajo como uno dedicado al “mes de la resistencia,
pero una en todos los sentidos, lingüística, de sus tradiciones,
para hablar de la masacre, el genocidio de los españoles en
América".
En muestras
anteriores, Caracas se celebraba con la foto de Diego de Losada, el
escudo de armas de los invasores, la cuadrícula colonial. Pero en
Revolución todo se discute y "es así como enfrentamos estas
dos realidades. Donde estaba el retrato del imperialista, al frente
levantamos a Guaicaipuro; donde estaba el símbolo de la guerra, lo
desafían los petroglifos. No podemos legitimar culturalmente la
imposición, el ultraje", añade González.
Un pedestal especial
en nuestra ciudad se encuentra en plena Plaza Venezuela, en la que
unas bolsas negras visten a dos antiguas acompañantes del Colón en
el Golfo triste. Recuerde, en esta muestra, cómo simbólicamente se
juzgó y bajó de las alturas el representante de uno de los
genocidios más atroces de la historia.
----
Según el
diccionario de la Real Academia de la Lengua (lengua y diccionario
que por cierto nos fueron impuestos) resumen en una frase el objetivo
de la transformación que debemos trocar para poder construir una
identidad colectiva. Cambiar: Modificarse la apariencia, condición o
comportamiento.
Los caraqueños como
las semillas de la pira deben cosecharse y resistir la embestida
propia y ajena para poder dar frutos.
¡Vaya tarea! Y
¡Bienvenida!
Si
me importa un bledo
1. Cereales
sagrados:
http://spcolostrum.blogspot.com/2012/08/quinoa-pira-bledo-caracas-y-amaranto.html
2.
David contra Goliat: el amaranto, pira, bledo, hierba Caracas,
kiwicha, contra Monsanto
http://ethernithas.org.ve/2010/05/17/david-contra-goliat-el-amaranto-pira-bledo-hierba-caracas-kiwicha-contra-monsanto/
jueves, 15 de agosto de 2013
Una de mis experiencias con la lactancia materna
La noche del cuarto día de haber parido a Pola le dio
fiebre. Detectada la infección, recetaron antibióticos y hospitalización… dolor.
Ya tenía los pezones agrietados, sellados como si me hubiese quemado con el encendedor de tabacos de un auto.
Allí estábamos, la madrugada de un lunes bajocero en una clínica cualquiera, con un doctor que me decía que mis tetas podían contribuir a la infección porque podían estar “purulentas”. Eran las doce de la medianoche cuando llamé a la primera de las soldadas de la leche.
A las siete de la mañana llegó una. A las nueve, otra. Más tarde, una fila de tetas de mujeres que ni conocía llovían sobre la boca de mi hija.
La lactancia materna se me transfiguró en un hilo de leche visible entre las mujeres, un lazo primitivo que me recuerda al cooperativismo como forma de (sobre)vivir.
Esa misma tarde, después de “harta agua caliente”, como me decía una madre de leche colombiana, gasa en mano, arranqué mis costras y volví a darle agüita de vida a mi niña.
Ya tenía los pezones agrietados, sellados como si me hubiese quemado con el encendedor de tabacos de un auto.
Allí estábamos, la madrugada de un lunes bajocero en una clínica cualquiera, con un doctor que me decía que mis tetas podían contribuir a la infección porque podían estar “purulentas”. Eran las doce de la medianoche cuando llamé a la primera de las soldadas de la leche.
A las siete de la mañana llegó una. A las nueve, otra. Más tarde, una fila de tetas de mujeres que ni conocía llovían sobre la boca de mi hija.
La lactancia materna se me transfiguró en un hilo de leche visible entre las mujeres, un lazo primitivo que me recuerda al cooperativismo como forma de (sobre)vivir.
Esa misma tarde, después de “harta agua caliente”, como me decía una madre de leche colombiana, gasa en mano, arranqué mis costras y volví a darle agüita de vida a mi niña.
lunes, 12 de agosto de 2013
mapa
Para Ernesto
-Tía, aquí tienes.
Y me da unos garabatos con su color favorito, el rojo.
-¿Y esto qué es, Tini?
-Es un mapa para que vayas a donde quieras.
Ha sido, desde el nacimiento de mi hija, el más bonito de los regalos.
Me fui a la orilla de la playa, aquel día de marea tranquila.
Ése día que bien podría decretarse como de fiesta nacional.
Me fui hasta el borde y me zambullí en tu pecho de sombra, tu pecho azul mar adentro, tu pecho de corales enredados, punzantes, tu pecho barrera, muralla contra el invasor, tu pecho de sólido minotauro es el lugar a donde quiero.
-Tía, aquí tienes.
Y me da unos garabatos con su color favorito, el rojo.
-¿Y esto qué es, Tini?
-Es un mapa para que vayas a donde quieras.
Ha sido, desde el nacimiento de mi hija, el más bonito de los regalos.
Me fui a la orilla de la playa, aquel día de marea tranquila.
Ése día que bien podría decretarse como de fiesta nacional.
Me fui hasta el borde y me zambullí en tu pecho de sombra, tu pecho azul mar adentro, tu pecho de corales enredados, punzantes, tu pecho barrera, muralla contra el invasor, tu pecho de sólido minotauro es el lugar a donde quiero.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
_0021-3.jpg)
