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miércoles, 1 de febrero de 2017

Supuesto Negado: Platón se muere en una Universidad venezolana


Por Indira Carpio Olivo

Estaba un día caminando Aristocles en La Academia, preocupado porque el HCM no le alcazaba para operarse una rodilla. Tropezaba de una columna a otra. La filosofía no se derretía en la arepa, la ética insuficiente, incluso más que la retórica, no abonaba el campo, no hacía madurar el aguacate ¿Para qué servía tanta habladera de güevonadas, si a la hora de la chiquita, se moriría como se muere la carne de todos?
Hubo de levantar la idea, a la que no se la come la tierra y con ella un edificio, la academia como la iglesia, un muro de piedras, un contenedor de lo que no se puede contener, y se transformaría su idea en una para moldear al hombre a imagen y semejanza del estado de las cosas.

¡Menos mal que uno se muere, Platón!
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Son las seis aeme, Valeria duerme en los bancos frente a la Escuela de Comunicación Social. Viene de Barlovento. Da los golpes que Aristocles, pero de bus en bus desde las tres aeme, para llegar a la Universidad Central de Venezuela (UCV). Espera sean las siete y cuarto para desgajar la naranja en el comedor, untar el pan con la mermelada y la lonja de queso. A las ocho menos cuarto tiene clase de Castellano. Cinco años viene y va en los mismos tumbos. Los perros la conocen, los vigilantes la cuidan. Se duerme profundo durante treinta minutos, se incorpora, se alisa las greñas que se le arremolinan sobre las orejas y en el ritual crece, y se transforma en mujer. Valeria sabe cumplir las pautas. Pronto se convirtió en periodista y escribe lo más bien, según el medio que la emplee. En la UCV la domesticaron para ello.

martes, 11 de agosto de 2015

Gastronauta 47: Alma mater

Fragmento del mural Conductores de Venezuela en la UCV

La Universidad es una maestra de casi dos metros de altura, con el culo embojotado en una pantaleta que bien podría ser del tamaño del pabellón que iza el Humboldt, allá arriba en el Ávila. Usa una falda verde bajo las rodillas, de cintura forajida y vientre abultado como caparazón de tortuga. La Universidad. Maestra curtida por el sol, que descascara los mosaicos detrás de los que guarda los libros. Le huyen las guacamayas y hacen fila en sus puertas montones de avestruces, aves grandes incapaces de volar.
La universidad no se peina porque cree en la libertad, pero su esencia le enreda los cabellos. Es un nudo sobre los hombros, cenizo, grasoso, moteado por los piojos de los árboles. Cada hebra es un día en el que ha sido Universidad.