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jueves, 13 de octubre de 2011

“Donde hay violencia que haya política”

Andrés Antillano/ Foto de Jesús Contreras


Entrevista/ Profesor Andrés Antillano (1)/ Parte I
Por Indira Carpio Olivo y Ernesto J. Navarro (*)

**Suponer que los gobiernos son los únicos violadores o garantes de los DDHH es encubrir las relaciones de poder y los nuevos centros de poderes fácticos que no pasan por el Estado**
**La derecha venezolana -que es particularmente delirante- creía que las presiones en Ginebra llevarían a una condena unánime contra Venezuela y se declararía al país como un Estado PARIA/ Fueron neutralizados**
**La ONU se ha convertido en un mecanismo de extorsión que termina legitimando prácticas de aislamiento y de intromisión en la soberanía de los pueblos**
**El Dibise es una reedición de las prácticas históricas de “empoliciamiento” duro contra los sectores populares**
** El discurso represivo y punitivista del Estado contrasta con en el de un gobierno que plantea asumir los intereses de las clases populares y se convierte en un discurso peligroso, porque siempre ha sido enarbolado por la derecha**
**Si la violencia es resultado de antagonismos y negaciones, la respuesta a la violencia no debe ser la represión, no debe ser la negación de esa negación, sino la politización de esa negación**
**La violencia criminal es una respuesta injusta ante una situación injusta que profundiza y acentúa las injusticias contra los pobres**
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A propósito del Examen Periódico Universal -EPU- presentado por Venezuela ante la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas -ONU- opositores nacionales e internacionales aprovecharon la oportunidad para atacar los logros de la Revolución Bolivariana y visibilizar -incluso inventar- ante la opinión pública mundial las patas de las que cojea la mesa del Estado venezolano.
Exámenes realizados a los países desarrollados -que violan sistemáticamente los Derechos Humanos (DDHH) de sus ciudadanos y los derechos de los habitantes de otros países del orbe-, pasaron inadvertidos por las pantallas y las plumas afiladas de la artillería mediática, poniendo nuevamente al descubierto una mezcla que el profesor Andrés Antillano resume como “el delirio apátrida” de la derecha venezolana, que actúa como un simple tentáculo de los poderes mayores.
Como resultado de las recomendaciones hechas a Venezuela, las empresas de información resaltaron la supuesta persecución a los defensores de DDHH en el país y la violación por parte del Estado nacional de los derechos fundamentales como el de la vida -a través de la inseguridad- y el de expresión