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domingo, 17 de julio de 2016

PON 36


LAS PIEDRAS
Por Arturo Gutiérrez Plaza (Venezuela)

De las piedras se habla con envidia,
quizás, porque ellas no hablan.
No fruncen el ceño
y aparentan desatender
lo que a su alrededor acontece.
Obviamente, todo esto es mentira.
No vuelan, pero enseñan a los pájaros a volar.
Se detienen en los abismos, al pie
de los puentes, al margen de los ríos
y desde allí advierten como anónimos vigías
los peligros de sostenerse en el aire.
Cultivan además varias lenguas sin poseer ninguna.
Su arte está en hablar por boca de otros.
El aire las recuerda cada vez
que los páramos silban en el viento.
Y los ríos, cuando nos adormecen
con su insaciable ronquido.
Si se agrupan lo hacen
como gesto fraterno, pues odian la soledad.
De ellas se escribe siempre
para hablar de otra cosa.
Su aparente mudez
es tan solo una licencia que Dios les da,
pues así nos interroga.

sábado, 22 de noviembre de 2014

La existencia, como vida misma


Siempre me cuestiono.

Últimamente me pregunto para qué imitar las formas y el sabor de la carne a través de composiciones vegetales, como el plátano, la lenteja, los garbanzos y etcétera ¿Acaso no se sigue siendo "carnívora" en la idea?
Yo no quiero copiar nada, sólo quiero dejar de pensar y de hacer daño a otro y sobrepasar mis instintos, qué quién dice son carnívoros.

Entiendo que esta forma de acudir al alimento se define como más "sana", desde el punto de vista biológico, para las personas que comen animales, y las que no también.
Yo misma la he probado, pero insisto ¿No es contradictorio ideológicamente?
No es mi intención juzgar, cada cual su circunstancia, sólo me invito al debate.
Aquí, una que amanece con sus contradicciones en lluvia.
Y a la que luego el poeta Pablo Gramajo la sienta de culo: