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domingo, 2 de julio de 2017

PON 78


A los hombres futuros (frag.)
Por Bertolt Brech (Alemania)

Vosotros, que surgiréis del marasmo 
en el que nosotros nos hemos hundido,        
cuando habléis de nuestras debilidades,        
pensad también en los tiempos sombríos      
de los que os habéis escapado.          

Cambiábamos de país como de zapatos        
a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos       
donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella.
Y, sin embargo, sabíamos      
que también el odio contra la bajeza 
desfigura la cara.        
También la ira contra la injusticia      
pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros,       
que queríamos preparar el camino para la amabilidad          
no pudimos ser amables.       
Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos    
en que el hombre sea amigo del hombre,      
pensad en nosotros    
con indulgencia.


La belleza del mundo (frag.)
Por Simone Weil (Francia)

El amor carnal en todas sus formas tiene por objeto la belleza del mundo. Muy a menudo también en la búsqueda del placer carnal los dos movimientos se combinan, el movimiento de correr hacia la belleza pura y el movimiento de huir lejos de ella en una confusión indiscernible. Si el amor carnal en todos los niveles se dirige más o menos a la belleza –y las excepciones no son más que aparentes- es porque la belleza en un ser humano hace de él por la imaginación algo equivalente al orden del mundo. El amor que se dirige al espectáculo de los cielos, las llanuras, el mar, las montañas, el silencio de la naturaleza que se hace sentir en mil leves sonidos, al soplo de los vientos, al calor del sol, ese amor que todo ser humano presiente al menos vagamente en un momento, es un amor incompleto, doloroso, porque se dirige a cosas incapaces de responder a la materia. Los hombres desean trasladar ese mismo amor a un ser que sea su semejante, capaz de responder a su amor, de decir sí, de entregarse. El sentimiento de la belleza que a veces está ligada a un aspecto particular de un ser humano hace posible esa transferencia, al menos de manera ilusoria. Pero la belleza del mundo, la belleza universal, es el objeto de ese deseo.