Los héroes (frag.)
Por Thomas Carlyle (Escocia)
El árbol de
Igdrásil florece y se marchita por sus propias leyes, demasiado profundas para
que las escrutemos. Y, no obstante, florece y se marchita, y cada una de sus
ramas y cada una de sus hojas están allí por leyes fijas y eternas; pero nunca
falta un Thomas Lucy que llegue a la hora señalada y convenida. Cosa curiosa e
insuficientemente considerada: como todas las cosas cooperan con el todo, sin
que ni una hoja desprendida del árbol y pudriéndose por los senderos deje de
formar indisoluble parte de los sistema solar y estelario, no hay tampoco
pensamiento, palabra ni humana acción que no provenga de todos los demás
hombres y que no trabaje influyendo más o menos tarde, de un modo conocido o
desconocidamente, sobre los demás hombres. Podemos comparar la cosa a un árbol:
la circulación de la savia y demás influencias, la mutua combinación de la hoja
más indiferente con la fibra más íntima de una raíz con todas y cada una de las
demás partes grandes y pequeñas del todo. El árbol Igdrásil tiene sus raíces en
lo más profundo de los reinos de Hela y de la Muerte, y extiende sus ramas
levantándolas a lo alto del cielo.