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domingo, 4 de diciembre de 2016

PON 54


CANTO A FIDEL (frag.)
Por Carilda Oliver (Cuba)

No voy a nombrar a Oriente,
no voy a nombrar la Sierra,
no voy a nombrar la guerra
–penosa luz diferente–,
no voy a nombrar la frente,
la frente sin un cordel,
la frente para el laurel,
la frente de plomo y uva:
voy a nombrar toda Cuba:
voy a nombrar a Fidel.
Ese que para en la tierra
aunque la Luna le hinca,
ese de sangre que brinca
y esperanza que se aferra;
ese clavel en la guerra,
ese que en valor se baña,
ese que allá en la montaña
es un tigre repetido
y dondequiera ha crecido
como si fuese de caña.

FIDEL
Por Juan Gelman (Argentina)
dirán exactamente de fidel
gran conductor el que incendió la historia etcétera
pero el pueblo lo llama el caballo y es cierto
fidel montó sobre fidel un día
se lanzó de cabeza contra el dolor contra la muerte
pero más todavía contra el polvo del alma
la Historia parlará de sus hechos gloriosos
prefiero recordarlo en el rincón del día
en que miró su tierra y dijo soy la tierra
en que miró su pueblo y dijo soy el pueblo
y abolió sus dolores sus sombras sus olvidos
y solo contra el mundo levantó en una estaca
su propio corazón el único que tuvo
lo desplegó en el aire como una gran bandera
como un fuego encendido contra la noche oscura
como un golpe de amor en la cara del miedo
como un hombre que entra temblando en el amor
alzó su corazón lo agitaba en el aire
lo daba de comer de beber de encender
fidel es un país
yo lo vi con oleajes de rostros en su rostro
la Historia arreglará sus cuentas allá ella
pero lo vi cuando subía gente por sus hubiéramos
buenas noches Historia agranda tus portones
entramos con fidel con el caballo


CANTO A FIDEL CASTRO
Por Ernesto Guevara (Cuba)

Vámonos,
ardiente profeta de la aurora,
por recónditos senderos inalámbricos,
a liberar el verde caimán que tanto amas.
Vámonos.
(...)
(No pienses que puedan menguar nuestra entereza
las decoradas pulgas armadas de regalos;
perdimos un fusil, sus balas y una peña.
Nada más).
Y si en nuestro camino se interpone el hierro,
pedimos un sudario de cubanas lágrimas
para que se cubran los guerrilleros huesos
en el tránsito a la historia americana.
Nada más.
---
Lo he oído en sus escasas horas de añoranza a la vida, evocar las cosas que hubiera podido hacer de otro modo para ganarle más tiempo a la vida. Al verlo muy abrumado por el peso de tantos destinos ajenos, le pregunté qué era lo que más quisiera hacer en este mundo, y me contestó de inmediato: pararme en una esquina”.
Gabriel García Márquez (sobre Fidel Castro) (Colombia)


Desde que yo era niño lo vi como a un maestro de humanismo. Todavía lo veo de esa forma”.
Silvio Rodríguez (Cuba)


Porque él nació del pueblo y en medio del pueblo permanece, y por eso su grandeza es la del pueblo cubano. Todo lo que ha hecho, todas sus acciones, son la plasmación de las más altas aspiraciones de la patria de José Martí. La paz en la que yo creo no está ni estará divorciada de la justicia, de la libertad, de la esperanza de un mundo mejor y todo eso lo encarna Fidel.”
Jorge Amado (Brasil)


Las ideas como las que Fidel Castro defiende no envejecen nunca. Sigo reteniendo del líder cubano la imagen de un heroico homérico, tanto por sus incontables combates pletóricos de juventud como por su impresionante personalidad. Fidel es la esperanzada luz de un futuro más solidario y más justo”.
Rafael Alberti (España)


Fidel Castro es un hombre privilegiado por su formación cristiana, su opción marxista y la asimilación de la prédica martiana. Es una persona tímida, que casi pide permiso para ser quien es… A pesar de toda su genialidad, de toda la historia que encarna, consigue hacernos sentir su hermano.
Fidel es un hombre que pone su vida en función de la utopía, es un hombre que jamás en esta vida encontrará su plenitud porque Fidel cree que es posible el cielo en la tierra”.
Frei Betto (Brasil)


Fidel es un hombre que plasma la Revolución en sí misma como tal: como dirección, orientación, fisonomía. Es evidente que para el conjunto del pueblo cubano, al margen de sus cualidades, de su eficacia como dirigente, es ya un símbolo que adquiere un valor fuera de lo humano, fuera de lo cotidiano. Cuando se oye la palabra Fidel en la boca de un niño, de un adulto, además del valor directo, tiene una serie de resonancias como en la música de armónica que toca las fibras de la sensibilidad, de la conciencia. Fidel es el escultor de la Revolución Cubana”.
Julio Cortázar (Argentina)




martes, 29 de noviembre de 2016

Gastronauta 100: Fidel es el lugar


No me gustan los gusanos. Pero son necesarios. Más bien, alguna clase de gusanos. Están los que descomponen de la muerte la materia viva. Los que se comen los cadáveres para que de su mierda se alimente el mundo. Hay los que no terminan por ser serpientes y algunos son más bien oxiuros, les encanta lamer el culo. No me gustan esos gusanos.
Aunque muchos se transformen en mariposa. No me gustan en su estado larvario, cuando su risa no rompe la crisálida, cuando miran desde su orilla la isla y escupen el mar, envenenan la luna, se burlan de la marea. No me gustan esos gusanos que se prometen alas para derribar aviones, que a cambio maldicen el sol y se cagan en el nido que les dio la carne de donde nace el viento.
No me gusta ese gusano que lo mismo sabe de la lotería que no sabe de historia, que prefiere vender su lengua a lamer de los labios internos de la flor. No me gustan los gusanos. Los que se burlan de la muerte sin haberla procurado, los gusanos, una masa de miedo sin ojos.

Pero, los gusanos son necesarios porque sino el fondo carecería de forma y no sería idea, porque es bello el caos que antecede el rayo ¿cuántas veces puede nacer un gusano? ¿cómo barrer la cresa que forma la nata, que oxida la palabra país? ¿cómo no convertirse en gusano? ¿por qué tenemos que arrastrarnos antes de ser mariposa?
El hambre hizo que una clase de gusanos nadaran, se hicieron de balsas y llegaron al otro lado de su cuerpo sobre un plástico marchito de libertad y de la libertad se comieron sus cuerpos y los vomitaron para nacer una y otra vez, la ola que los visita y los devuelve sobre la arena, sobre la idea de que pudieron abandonar el pedazo de tierra que se pelean como perros con sangre entre los dientes.
“El dolor necesita un lugar”, diría Duras. El lugar es el cuerpo, el cuerpo es una playa, la playa una boca, la boca del dolor que gime y da forma a las manos, los gusanos que se creen con manos, que agitan la voz y celebran victorias ajenas, las noticias falsas, el reposo de las almas.
Los gusanos, el enjambre, las preguntas que no hacen, la voz, el grito.
Hay una cría de gusanos en las fauces de las presas. Son el volumen de la nada, la certeza de estar en medio de fuerzas extranjeras, la carne del cañón, el lugar del dolor.
Gusano lo bautizó el gusano que ancló en su boca el imperio de la moneda, el deseo de tener que no muere y se transfigura en máscara diaria sin despintar, con todos los faroles en su sitio, rica y dolorosa como un ancla en el barro.
Sin Fidel los gusanos corren el riesgo de comerse a sí mismos.

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Fidel ha muerto, en su casa, con noventa años, tras seiscientos intentos de asesinato, después de atestiguar y ser parte importante de la historia del siglo XX.
En su estela un legado de solidaridad con los pueblos, el trabajo de los cubanos a cambio de la dignidad, un país sin desnutrición infantil, con casi cien por ciento de sus niños escolarizados, con más médicos por habitantes que cualquier país del mundo. Si acaso lo más importante, con la resistencia en popa al más fuerte bloqueo económico conocido ¿Quién puede señalar a su pueblo de débil?
Fidel, sin justificativos, ha sido un hombre de sus tiempos, que ha sabido cambiar de piel de acuerdo a las circunstancias, que se ha equivocado y ha reconocido sus errores para transformar su destino, el destino de su pueblo, porque -al decir de la poeta Carilda Oliver- nombrar a toda Cuba es nombrar a Fidel.

Con mis hijas fuimos a dejarle flores allí donde se mantiene con la frente en alto, en las puertas del Centro de Diagnóstico Integral, lugar en el que nos hemos encontrado con el contingente de médicos cubanos dispuestos a la sanación.
“¡Qué barbaridad!” escuchamos de la boca de una de las venezolanas beneficiadas durante esa mañana. Qué barbaridad. No pude decirle nada. La busqué como se busca a un gusano, aguzando los ojos para determinar su presencia, pero fue imposible dar con su tamaño, su voz era el lugar del dolor y nosotros caminábamos por el lugar del agradecimiento.