Mi tío Dante recoge la
basura que usted tira. Se monta sobre el lomo las bolsas de desechos
para desaparecerlas de la vista de los que le molesta mirar la mierda
que producen. Trabaja en el aseo.
Nació y vive en
Charallave desde hace cincuenta años. Y no hay charallavense que no
lo conozca. Es de los sobrevivientes del pueblo viejo.
Lo mismo barre una
calle, que canta a todo gañote los poemas de Miguel Hernández,
porque sabe los que Serrat le enseña. O se despepita con Luis
Mariano Rivera, en su casa es ruido común la voz de Gualberto.
Es portavoz del
sindicato de la Alcaldía de Cristóbal Rojas y literalmente se cae a
piñas (de las podridas que se abandonan en los cestos de las
fruterías) con los patrones, por la defensa de los derechos de los
trabajadores.
Él y su esposa Mariví,
levantaron una escuela –Los Palos Grandes II- ubicada en la zona
rural a pocos metros de donde viven, con sus propios recursos. Hoy,
catorce años después, atienden a sesenta niños a diario, bajo el
(vaivén) amparo del Ministerio de Educación.
Acostumbran hacer con
sus propias manos lo que importa: su casa, la pasta, la salsa,
sembrar, la política.
