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domingo, 15 de noviembre de 2015

Poesía o nada 5


 

Sección de literatura en la Revista Épale Caracas, publicada dominicalmente.

Cuento:

Una excursión a Ruanda

Por Clarissa Pinkola Estés (Estados Unidos)

El general Eisenhower tenía que efectuar una visita a sus tropas de Ruanda. [Hubiera podido ser

Borneo. Hubiera podido ser el general MacArthur. Los nombres significaban muy poco para mí

por aquel entonces.] El gobernador quería que todas las nativas se alinearan al borde de la carretera

de tierra y saludaran y vitorearan a Eisenhower cuando éste pasara en su Jeep. El único problema

era que las nativas sólo llevaban encima un collar de cuentas y, a veces, un pequeño cinturón de

cuero.

No, no, eso no podía ser de ninguna manera. El gobernador mandó llamar al jefe de la tribu y le

expuso su apurada situación.

­No se preocupe ­le dijo el jefe de la tribu.

Si el gobernador le pudiera proporcionar varias docenas de faldas y blusas, él se encargaría de que

las mujeres se las pusieran en ocasión de aquel trascendental acontecimiento. El gobernador y los

misioneros de la zona consiguieron proporcionárselas.

Sin embargo, el día del gran desfile, pocos minutos antes del paso de Eisenhower por la carretera a

bordo de su Jeep, descubrieron que las nativas se habían puesto las faldas, pero, como las blusas no

les gustaban, se las habían dejado en casa, por lo cual todas ellas se apretujaban a ambos lados de

la carretera vestidas con las faldas pero con los pechos al aire y sin ninguna otra prenda ni el menor

asomo de ropa interior.

Al gobernador por poco le da un ataque de apoplejía al enterarse, Por lo que mandó llamar al jefe

de la tribu, el cual le aseguró que la jefa de la tribu había hablado con él y le había asegurado a su

vez que las mujeres habían accedido a cubrirse los pechos cuando pasara el general.

­¿Estás seguro? ­rugió el gobernador.

­Estoy seguro. Muy, muy seguro ­contestó el jefe de la tribu.

Bueno pues, ya no quedaba tiempo para discutir y sólo cabe imaginar la reacción del general

Eisenhower cuando su Jeep avanzó traqueteando por la carretera y, una tras otra, las mujeres se

fueron levantando graciosamente la parte delantera de la holgada falda para taparse los pechos con

ella.
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