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jueves, 5 de mayo de 2011

Bicentenario: corona, sotana, sangre y bum!

Viva Miranda
 
indiracarpio@gmail.com/ @icarpio/ indiracarpio.blogspot.com



Abril de 2011, mes del bicentenario de la independencia venezolana, fue opacado por varias noticias de la mediática nacional e internacional. Volvían como boomerang algunos temas de aquel entonces: la religión, la realeza, las capitulaciones y las guerras contra el terror en el mes de la emancipación del coloniaje ¿Curioso?
El primero fue la boda real inglesa. El ritual de los reyes elegidos de Dios costó aproximadamente 127 millones de dólares al pueblo inglés, que soporta severos ajustes económicos anticrisis impuestos por el gobierno británico.
Mientras eso ocurría, en el rancho venezolano se comentaba sobre el vestido de la joven princesa, harapos que, para el capitalismo cuestan más monedas que la vida de quienes lo conversaban. El cuento de hadas se transmitió en todo el mundo, se calcula que más de 2 mil millones de personas televisaron la ceremonia de la monarquía.
Lo cierto es que hasta Telesur y Venezolana de Televisión hablaron del tema. Hablar de este hecho en nuestros medios combativos es dejar de hablar de otros, como por ejemplo el caso de la deportación de Joaquín Pérez Becerra, deportación que muchos han considerado una traición. Palabra que nos lleva a listar esta noticia como un eclipse al bicentenario.
El Ministerio de Interior y Justicia del Gobierno Bolivariano de Venezuela tildó de terrorista a Joaquín Pérez Becerra en comunicado abierto y procedió a la deportación del periodista y director de la Agencia de Noticias Nueva Colombia, acusado de guerrillero por el buró de José Santos.
El presidente venezolano Hugo Chávez asumió la responsabilidad total por el traslado del ciudadano sueco a suelo colombiano, alegando ser víctima de una trampa tendida para malponerlo ante la opinión pública nacional e internacional. Y vaya que así ha sido. La decisión “majunche” del primer mandatario nacional ha traído cola. Sólo el Dios al que hace tanta referencia el líder venezolano podrá ayudarlo a salirse de este paquetico.
El mismo Dios de Chávez le ha dicho a los semidioses del Vaticano a quién santificar. A la noticia del entreguismo “bolichaviano” le siguió la sombra “apagallamas” de la canonización del macarthista Juan Pablo II -JPII-.
La beatificación del papa polaco constituye otro espectáculo religioso medieval con el cual el estropeado Vaticano pretende sumar adeptos. El rito cristiano católico apostólico y romano ocupó la mirada evangelizadora de nuestra iglesia.
El cardenal escuálido Urosa Savino, a quien por cierto fue este mismo gobierno el que le dio el visto bueno como Arzobispo, aprovechó para decir que él -como el polaco- combatía el comunismo. Dice las aberraciones que le vienen en ganas. Acaso opinará lo mismo que el actual papa sobre la pederastía, o ¿es que acaso en Venezuela no hay frascos por destapar de curas “sobones”?
Benedicto aseguró que en época del beato JPII era normal que los curas sostuvieran relaciones sexuales con los niños. El actual Papa era también seguidor y colaborador de Karol Wojtyla en la exterminación de la Teología de la Liberación en los años 80 en Latinoamérica y de todo aquello que comulgase con el comunismo o con el marxismo.
A mucho de estos seguidores de la Iglesia católica les queda sin responder la pregunta ¿Cuándo beatificarán a José Gregorio Hernández o a Monseñor Arnulfo Romero?
Las preguntas, al parecer tampoco se escucharán en lo que consideramos como nuestros medios. Hasta Walter Martínez, director y conductor del programa Dossier se limitó a decir del líder religioso polaco que: “fustigó la invasión de Estados Unidos y el Reino Unido a Irak y la calificó de Guerra ilegal e inmoral”... ¿Y todo lo demás? O es que acaso ¿eso borra los desmanes de su iglesia?
Decir únicamente eso sobre JPII es igual a sólo mencionar que murió Bin Laden sin hablar de todo el terror usamericano que acompaña la guerra contra otras naciones. El deceso del afgano, lo que James Petras considera lamayor operación de relaciones públicas” prácticada por esta nación, le valió la muerte de más de 2 mil de sus ciudadanos en 2001, además de todas las bajas o “daños colaterales” en Afganistán y en Irak, producto de la codicia imperial.
Esa es la otra noticia que nubla el bicentenario. Obama mató a Osama. El súperhéroe negro mató al súper-árabe-asesino. De eso sólo tenemos como prueba la palabra del presidente de la nación que asesinó a sus ciudadanos para justificar la guerra contra el terror y adueñarse de los recursos naturales en el medio oriente. Las otras pruebas son expuestas y desmentidas por la propia Casa Blanca a medida que pasan los días. Seguramente, en unos años, un expediente desclasificado nos dirá la verdad.
¿Qué cómo nubla el bicentenario esta noticia? “La guerra contra el terror continúa”, dijo Bush; y Venezuela y Chávez y por extensión los chavistas (dícese todo aquel que es de izquierda en el país caribeño) están calificando como terroristas por el mayor ejército del mundo. Volvemos a ser el blanco de los blancos.
La idea de ser blanco, de estar en la mira nos traslada 9 años atrás, cuando murieron 19 personas en Puente Llaguno, en los sucesos de abril de 2002. El saldo de la victoria del pueblo sobre los golpistas fue sangre e impunidad. Todavía hoy, personajes fascistas y abiertamente relacionados la usurpación del poder por la fuerza, como Enrique Mendoza tienen la libertad hasta de ser diputados en la asamblea ¿Cómo es eso es posible? Los 9 años sin justicia para las víctimas de Puente Llaguno son una puñalada trapera al abril bicentenario.
Y, es que este mes en Venezuela sigue abandonado y siempre lo estuvo. La llamada “revolución” de aquel 19 de abril de 1811 no fue sino el grito de la oligarquía política y religiosa a favor de los derechos del rey español depuesto por los franceses.
Entonces y ahora se movían sobre el tablero los mismas fichas que intervienen en el juego del poder: la política, la religiosa y la militar, subvalorando a la mayoría, el poder de los pobres del mundo, el poder del pueblo. Hoy, los ostentosos abusan del llamado cuarto poder: el mediático.
Y eso que antes no había TV, porque sino Francisco de Miranda hubiese sido la cara de todos los titulares. Antes y después de ese abril de 1810, Miranda se expresaba subvertiendo el orden establecido, proclamando la emancipación de su pueblo.
A un año de la incipiente “revolución”, la sociedad patriótica encabezada por Miranda e indios cubiertos por cintas multicolores organizaron un desfile por las calles de Caracas ondeando banderas, estandartes y portando brazaletes tricolor para celebrar el primer año de la emancipación.
Durante la marcha se destruyeron retratos de Fernando VII, se cantaban mueras a España y a la tiranía, y vivas a la independencia y la libertad. Francisco ni se imaginaba la sentencia que le aguardaba ¿Capituló el hombre que tanto luchó por la libertad? 200 años después su lucha continúa ¿Cómo hacemos para abrir la boca contra los imperios y sus representantes sin ser tildados de radicales por los nuestros? ¿Ser radical está mal? ¿Cómo hacemos para no terminar tristes, apresados y señalados como Miranda en la Carraca?
En abril todavía se escucha una marcha que susurra: muerte a la tiranía, independencia, independencia, independencia y LIBERTAD.

lunes, 2 de mayo de 2011

EEUU: fábrica de monstruos

Obama killer

Indira Carpio Olivo/ indiracarpio@gmail.com/ @icarpio/ indiracarpio.blogspot.com
Los últimos 9 años electorales de la historia de Estados Unidos se vieron signados por el Frankenstein de los Bush: Osama Bin Laden. El termómetro electoral es el que dicta el uso del terrible “villano”. Los niveles de la fiebre (del voto) ascienden con “casi lo atrapamos”, se entibian cuando “se nos escapó”, se enfrían cuando se “nos volvió a escapar” y enardecen cuando “lo matamos”. Pero a rey muerto, rey puesto.
El “pueblo” y tipos como Alberto Federico Ravell suspiran cuando el premio Nobel de la paz de los sepulcros se rasga la camisa para descubrir la bandera de las barras y las estrellas que decapitaron al “árabe-asesino”. Por cierto, estas dos últimas palabras significan lo mismo para el discurso mediático y político gringo. Así que la muerte de Osama o de Gadafi, da lo mismo.
Hoy, el pueblo (engañado) baila sobre los restos del World Trade Center en New York como lo hacían sus ancestros para matar “el alma de sus enemigos”, como en los filmes de Hollywood. Mañana bailarán sobre el acueducto más grande del mundo hecho por Gadafi, o ¿Qué haran? ¿Entenderán que tienen un gobierno asesino, se deslastrarán del miedo y no le votarán más?
La figura del fundamentalismo vuelve a teñir de amarillo las paǵinas de los principales motores de la opinión: Obama sería el superman y Osama, el Frankenstein. No se inventan nada nuevo: terroristas, injerencistas, asesinos, mentirosos, son medallistas de oro en las olimpiadas de la muerte. Nada nuevo, todo tributa a un mismo objetivo: el trono de la nación que comanda el imperialismo mundial, la presidencia de USA.
Cada vez que hay elecciones, EEUU crea una nueva guerra, una victoria y un súperhéroe. Su carta bajo la manga esta vez es la muerte del supuesto terrorista más buscado y escondido a la opinión pública internacional por sus aliados y formadores de la Agencia Central de Inteligencia, la CIA.
9 años mediante, 9 muertes mediante, el circo que acompaña la muerte del photoshop de Osama Bin Laden sólo está confirmado por Obama, es decir, el único argumento, la única prueba del deceso, la única fuente de información es la palabra del presidente negro más impopular del mundo.
Asimismo, siempre que cae la aceptación pública de los políticos usamericanos, entonces o se le aniquila de un balazo en la sien o asesinan a uno de sus “terroristas” favoritos. Hace 5 años fue a Saddan Hussein. Esta vez le tocó el turno al afgano, amigo de la familia de los presidentes Bush y enemigo público número uno de la nación norteamericana. Mañana ¿será Muamar Al Gadafi?
Muerto 9 veces, más arrecho que un gato, Osamita ¿estará realmente en el más allá? El ahorcamiento de Hussein fue transmitido por los grandes medios. Esta vez ni el cuerpo del hijo de Alá quisieron mostrar. Lo tiraron al mar, “porque los marines gringos son muy respetuosos de las tradiciones árabes”, dijeron.
Algunas teorias afirman que estaba muerto hace rato por padecimientos hepáticos y que los norteamericanos se cogieron ese muerto para obtener laureles y hacer el “mayor acto de relaciones públicas de la historia”, según el sociólogo estadounidense James Petras.
La pregunta de los dólares: ¿Se acaba la guerra contra Afganistán después de lograr la muerte del “terrorista”? La Organización del Tratado del Atlántico Norte -OTAN- dijo que la misión debía continuar. Bin Laden ha sido suplido por el gas y el opio afgano. Y por Gadafi en Libia.
Ronald Reagan calificó a Bin Laden el “luchador por la libertad” en 1979. El ex-agente de la CIA era la cabeza visible de la organización Al-Qaeda. Surgió como figura pública mundial al ser acusado de perpetrar, en nombre de Alá, el atentado a las torres gemelas de Nueva York y al Pentágono, el 11 de septiembre de 2001.
Sin embargo, numerosos estudios han demostrado que el propio aparato gubernamental de la nación estadounidense organizó la muerte de 2.973 ciudadanos, más de 6.000 heridos, 24 desaparecidos y 19 kamikases árabes en el atentado.
Vale destacar que en la guerra contra Libia, la misma Al-Qaeda terrorista y asesina de estadounidenses es ahora aliada de EEUU para asesinar a Gadafi y entrenar la resistencia contra el presidente de la Jamahiriya.
La razón oculta detrás del ataque a su propio pueblo es la económica. 80% de la energía mundial proviene de los hidrocarburos y USA es el mayor consumidor de petróleo per cápita del mundo, lo que se traduce en 20,8 millones de barriles diario, más que la suma total de los 5 mayores consumidores del mundo que le siguen en el ranking.
La justificación de la Guerra contra el terrorismo le costó la vida a más de dos mil de sus ciudadanos. Es así como ocuparon militarmente Afganistán (por Gas, 2001), Irak (por petróleo, 2003) y ahora Libia (por agua y petróleo, 2011) desangrando tanto a los pueblos invadidos como a los invasores.
Sólo en Afganistán, los gloriosos (EEUU) han gastado alrededor de 104.000 millones de dólares al año, unos 2.000 millones de dólares a la semana. A través de una simple ecuación matemática podríamos darnos cuenta de que la cifra resultante podría ayudar a acabar con el hambre en el mundo, por ejemplo.
El 19 de abril reciente, EEUU lanzó 112 misiles Tomahawk contra los libios. Cada uno cuesta medio millón de dólares, la suma: 56 millones de dólares en un sólo ataque. Todavía no matan a Gadaffi, pero ese es el objetivo, otro trofeo para la parca disfrazada de águila.
Este aparato militar es el mismo que critica la “escalada armamentística de Venezuela”, la milicia bolivariana y todo lo que les hieda a la defensa de la soberanía del pueblo con mayores reservas de petróleo en el mundo.
Ese mismo aparato militar suma para el ejercicio fiscal del año 2012 un total de 728.400 millones de dólares, el presupuesto bélico más grande del mundo, de los cuales 118.000 millones son destinados para las invasiones en Afganistán e Iraq.
Mientras gastan el dinero en asesinar, en su país su gente se queda sin casa, hay 40 millones de pobres, les llenan la cabeza de demonios supuestamente capaces de acabar con el mundo, osea con EEUU; pero como en la historia del científico loco, el moderno prometeo hecho pueblo deberá volverse contra su creador, sin tanta ciencia ficción.