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jueves, 22 de octubre de 2015

Mujerícola 23: Argelia



Cuando cayó el penúltimo cacao, Argelia pegó su primer grito.
Se dice que dijo “muuuuuuuuuujer” y del nido revolotearon las aves, en la cueva aulló la ola y la montaña sonrió.
Rosario López y Pedro María Laya la cogieron del árbol y a la mañana siguiente, de ella corrió la leche espesa como sudor de África.
Se enfermaba tanto que creían que se iría. Pero supo resistir los remolinos de viento que jugaban con ella, en el patio. Tarde fue la escuela a su encuentro. Para entonces aprendió a leer sola. Y se perdía en los ojos de su pantano doméstico.
Con Pedro, su hermano mayor, jugó a ser la cacica y para demostrarlo comió ají, se hirió con picos de botella, saltó sobre la candela, se arrojó contra la ola más grande, dejó que la arena le picara el culo.
Su piel fue una cumbe.
De su cabeza se desprendía la voz de los tambores.
De su pecho el río que separó a la mujer libre de la costra.
Su segundo nombre, es el de la patrona de Río Chico, Mercedes, la virgen de la emancipación.
Su madre le enseñó la resistencia, el cimarronaje, la palabra.