(Escritora franco-estadounidense
1903-1977)
Espera que su madre y su padre no
estén.
Los mira partir por la ventana.
Tiene cuatro años y cuatro minutos
para venirse.
Coge una almohada, la coloca bajo su
vientre, se tira contra el sofá, se restriega hasta que la
desesperan “las cosquillas”.
Sonríe y aprieta los ojos.
Se deja ir.
Espera un poco.
Repite.
Ángela Anaïs Juana Antolina Rosa
Edelmira Nin Culmell, la bautizaron. Prefiere que la llamen Anaïs.
Sus padres van a La Habana y vuelven al
apartamento próximo a París. Durante esos minutos, Anaïs reconoce
en sus manos el cuerpo de la mariposa: y escribe en medio de los
labios, su historia.
Por las noches se autoimpone la
penitencia: reza treinta avemaría, o las que puede antes de caer
dormida en un orgasmo.