Poema:
INMACULADA
Por Tanya Shirley (Jamaica)
Hubo
muchos días de lluvia. Hubo muchos días que me hallaron desprotegida.
Hubo un día especial en que vestía mi uniforme -blusa blanca, falda
blanca de pliegues sobre refajo blanco, sobre ajustador de algodón
blanco, braga de algodón blanco- y empezó a llover. Caminaba despacio
bajo la lluvia exactamente como me habían dicho que no hiciera. Damas,
caminen con ánimo, muévanse, muévanse. Recuerden que la lluvia es
enemiga de la castidad. Caminen con ánimos, damas.
Pero aquel día
partícular, caminé como yo pensé que debía caminar una dama. Iría
vestida de lluvia. Podía sentirme moviendo en esta lluvia -moviendo en
pautas tan puras. Me tendí en la hierba y le desafié a crecer. La hierba
se abrió como un lecho de mil tijeras y me mantuvo alzada muy
peligrosamente del sitio donde pensé que esta hierba me cortaría una y
otra vez en rebanadas elegantes. Floté fuera de mi ropa, de la blancura,
de la bondad, de cruces y confesiones. Oré por la lluvia y la
expulsión.
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domingo, 1 de mayo de 2016
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